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El PP busca una "número dos" en Madrid para frenar el "efecto Arrimadas"

Génova busca una «número dos» potente para frenar el efecto de la líder de Cs.

  • El líder del PP, Pablo Casado, participó ayer en un acto en Toledo / Efe
    El líder del PP, Pablo Casado, participó ayer en un acto en Toledo / Efe

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25 de febrero de 2019. 12:58h

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Carmen Morodo 25/2/2019

La irrupción de Inés Arrimadas como «número uno» al Congreso por Barcelona en la lista de Ciudadanos (Cs) supone un movimiento que afecta a todo el tablero político del centroderecha, aunque no haya seguridad ni sobre los efectos ni sobre la estrategia para combatir la jugada de Albert Rivera. En las filas populares, Arrimadas se ha convertido en una preocupación añadida con la perspectiva de las elecciones generales y de las autonómicas que se celebrarán un mes después. Por supuesto, ni niegan el «tirón» de Arrimadas ni tampoco niegan que que su nombre en la lista es una amenaza porque «nos puede meter un diferencial en Cataluña muy amplio». Hasta ahora el PP se ha movido siempre en dos realidades en Cataluña: la autonómica, donde han salido peor parados; y las generales, en las que hasta las últimas elecciones habían sido capaces de actuar como voto útil y que sus siglas capitalizasen el sentimiento del centroderecha.

Cataluña y Andalucía, por la fuerza que tienen sus escaños en el Congreso de los Diputados, son dos comunidades decisivas en el reparto de fuerzas en unas generales, y de estos dos territorios depende en buena medida el éxito o el fracaso en la contienda. En la actualidad, el Grupo Popular tiene seis diputados catalanes, y Cs, cinco. Cs ganó las últimas elecciones autonómicas en Cataluña. Estas variables cambian la perspectiva con la que se presentan estos dos partidos a los comicios del 28 de abril.

En estas generales, Arrimadas puede ser decisiva en Cataluña, y muy importante en la batalla nacional. Mientras que el PP tiene poco margen de maniobra en Cataluña después del cambio en el liderazgo para traspasárselo a Alejandro Fernández. Su banquillo es el que es, y su marca no solo no rentabilizó las decisiones de Mariano Rajoy en el Gobierno sino que tiene que competir por el voto «español» con Cs y también con Vox. En el PP tienen claro que Rivera está en una operación en la que ha puesto todos sus recursos en competir por el liderazgo del centroderecha. Las últimas encuestas apuntaban a la caída de Cs, pero hay otras que indican lo contrario. El gesto de Rivera de marcar oficialmente que no pactará con el PSOE entra dentro de esta competición por el «sorpasso» al PP o, al menos, por reducir la diferencia al mínimo. Su única alternativa para ello es ganar en votos o desentenderse, llegado el momento, del acuerdo de su Ejecutiva de que no pactará con Sánchez, una maniobra con un claro sentido coyuntural preelectoral. El mensaje de Génova es menos alarmante. Sostienen que «no cambia nada» que Arrimadas vaya en la lista, y que incluso puede ser un «error» porque «cabrea» en Cataluña, ya que la sensación es que «les abandona» para cuidar «su carrera política y sus intereses personales». El argumento para sostener que «no cambia nada» es que Arrimadas ya es la «número dos» de Cs de facto, vaya o no en la lista. Y que su tirón electoral es el mismo se incluya o no su nombre en la candidatura. También recuerdan que la campaña andaluza ya la protagonizó, y sin ir en la lista aparecía en los carteles electorales.

Ni en Génova ni en el PP niegan, en todo caso, que Arrimadas es el principal activo de Cs, y que esto aumenta la presión sobre quién será el «número dos» de Pablo Casado en su lista por Madrid. Es decir, el ticket electoral con el que se presentará a las generales. En 2008 Rajoy dio el golpe de efecto de presentarse con el economista Manuel Pizarro, y aquello «pinchó» antes de que terminase incluso la campaña por la manera en la que se comportó el líder popular. El debate de Pizarro con Pedro Solbes lo ganó Pizarro, como los hechos demostraron con el tiempo, pero en el momento se impuso mediáticamente el mantra de que la victoria era de Solbes. Rajoy, en vez de cerrar filas con su «dos», se desentendió de él explícitamente. El tándem no funcionó de partida. Sobre quién será el «número dos» de Casado no hay ni siquiera quinielas firmes. Dentro de Génova no suena mal el nombre de Suárez Illana. Su cercanía a Casado y su perfil le colocan siempre en todos los puestos de salida, pero la norma imperante también dice que lo lógico es que Casado busque un «dos» potente con nombre de mujer. Esto obliga a mirar al banquillo de ex ministras. En el «núcleo duro» del que se rodeó en la batalla por la sucesión, no hay ninguna dirigente mujer significativa, y tampoco hay líderes territoriales mujeres de peso orgánico.

Como es habitual, en la lista de Madrid Casado retratará a los principales referentes que pretende que le acompañen al Gobierno si gana las generales. En Génova, no obstante, insisten en que esto no va de nombres sino de trabajo en equipo, y de liderazgo renovador.

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