MENÚ
martes 18 junio 2019
18:58
Actualizado

Don Juan Carlos, dolido: «Han ido hasta las nietas de la Pasionaria»

Aunque se siente «molesto», Don Juan Carlos exculpa a su hijo y no señala a los responsables

  • El Rey Felipe VI y la Reina Letizia inauguran la exposición de los 40 años de las primeras elecciones
    El Rey Felipe VI y la Reina Letizia inauguran la exposición de los 40 años de las primeras elecciones

Tiempo de lectura 4 min.

29 de junio de 2017. 13:57h

Comentada
Fernando Rayón 29/6/2017

Hay cosas que no tienen sentido y que, por mucho que se intenten explicar, aún se entienden menos. Que Don Juan Carlos no fuera ayer invitado al acto en el Congreso que conmemoraba los 40 años de la constitución de las primeras Cortes de la democracia no es sólo un error de protocolo –que también– sino una falta de justicia con el artífice e impulsor de aquellas elecciones y de todo el cambio que vivió nuestro país.

El acto en cuestión vino a ser un reconocimiento –en los discursos de Felipe VI y Ana Pastor y en el recuerdo de los presentes– a la figura de Juan Carlos I, por lo que aún se entiende mucho menos su ausencia y la de su consorte Doña Sofía.

Políticos de su generación, muchos de los cuales tuvieron un papel relevante en aquel momento, se dieron cita en el palacio de la Carrera de San Jerónimo para hacer justicia con los esfuerzos que se hicieron en aquella etapa, desde la legalización del Partido Comunista a las discusiones parlamentarias de las que surgió la nueva Constitución. Por no faltar, no ha faltado ni siquiera Pedro Sánchez que, a falta de escaño, sabe que su cargo de secretario general del PSOE debe mucho a lo que fue su partido entonces. Pero no. Los Reyes eméritos ni siquiera fueron invitados. Y lo peor es el argumento que se ha dado desde la Casa: motivos de protocolo.

Ya he criticado en otras ocasiones el despiste que hay en La Zarzuela con las personas de la Familia Real que deben asistir a tal o cual evento. Se achacan a problemas de agenda o de disponibilidad de las distintas personas. Pero esta vez ni eso. Esta vez el despiste se ha tornado en dislate con el peregrino argumento de que hubiera sido una anomalía que, en un acto de este calado institucional, coincidieran el Rey Soberano y el Rey Emérito. Y, para reforzar esta explicación recuerdan la ausencia de Don Juan Carlos en la proclamación de su hijo. Pues bien, ya me pareció mal que Don Juan Carlos no asistiera a aquella ceremonia y sí lo hicieran la Reina Doña Sofía y la Infanta Elena. Por cierto, que lo hicieron desde la tribuna de honor, desde el mismo lugar que muy bien hubiera podido ocupar Don Juan Carlos sin hacer sombra a su hijo. Pero si un error de protocolo se arregla repitiéndolo tres años después es que ese protocolo ni siquiera es tal. Hemos visto a Don Juan Carlos compartir actos con Felipe VI, tanto privados como públicos y, lejos de parecer una afrenta a las normas protocolarias, esa doble presencia ha resultado razonable y hasta lógica. Pero, al margen de esta cuestión, hay un hecho que agrava aún más la ausencia del anterior soberano en este acto. Las palabras de queja del propio Don Juan Carlos.

No es frecuente que el Rey Emérito transmita su enfado a los medios de comunicación. Cuando quiere hablar busca la ocasión de hacerlo. Siempre ha sido así. Pero esta vez –quizá para no hacer más daño tras el desplante– ha querido hacer llegar su malestar a través de fuentes seguras. Y hay frases en su enfado que prometen quedar para la historia: «Hasta han invitado a las nietas de “La Pasionaria”». También ha hecho llegar que se siente «dolido» y que aunque exculpa a su hijo de no haber sido invitado, tampoco quiere señalar a los responsables –entiendo que sabe quiénes son– y que «asume con profundo malestar no haber estado presente». Las mismas fuentes se han encargado de hacer llegar que incluso el propio Don Juan Carlos habría conversado con la propia presidenta del Congreso, Ana Pastor, para intentar buscar un sitio adecuado a su presencia en el acto. Nada formal, pero en aras a no querer faltar a la conmemoración. El colmo de todo este dislate es que, además de crear mal ambiente entre Don Juan Carlos y la Casa del Rey, margina al artífice de aquella etapa de un acto que hoy no hubiera podido celebrarse si él no hubiera estado allí. Un inmenso error.

El protocolo existe para que las personas sujetas a él se sientan cómodas allí donde estén. Aquí las cosas se han hecho mal. Alguien debería explicar por qué.

Últimas noticias