Rajoy sacude al frente de la oposición y reta a otra moción

Advierte de que no asumirá responsabilidades por un «juicio político» y recuerda sus victorias en las tres últimas generales Apoyará la propuesta de Cs de limitación de mandatos en el Congreso, pero insiste en que no se puede hacer sin reforma constitucional

El presidente del Gobierno Mariano Rajoy en el Congreso
El presidente del Gobierno Mariano Rajoy en el Congreso

Advierte de que no asumirá responsabilidades por un «juicio político» y recuerda sus victorias en las tres últimas generales Apoyará la propuesta de Cs de limitación de mandatos en el Congreso, pero insiste en que no se puede hacer sin reforma constitucional.

Mariano Rajoy cargó ayer contra la oposición por actuar de manera «inquisitorial» en la batalla contra su partido por los casos de corrupción que les afectan y por desviarse también, en esa estrategia, de las prioridades de España, entre ellas la de hacer frente a la ofensiva independentista. Con este argumento como uno de los ejes de su discurso, resolvió la comparecencia en Pleno forzada por la mayoría de la Cámara para que hablase una vez más de «Gürtel» y de la presunta financiación irregular de su partido, después de su declaración como testigo en el juicio sobre la primera etapa de esta trama. La oposición se aferró a su duro discurso contra el PP, sin más novedad que la de reiterarse en los argumentos ya conocidos. Y el presidente esquivó sus acusaciones y preguntas para reivindicar su obligación de seguir gobernando después de ganar las tres últimas elecciones y al no haber una mayoría alternativa a la que su Ejecutivo representa. Incluso se detuvo a hablar de la marcha de la economía.

Rajoy se ajustó a su «libro». A las prioridades y urgencias que deben marcar la agenda política. Afeó a la oposición que desatienda esas cuestiones e incluso la retó a presentarle una nueva moción de censura, porque es en ese terreno, o en las urnas, como se dirimen las responsabilidades políticas que le exigen que asuma. No mencionó ni a «Gürtel» ni a Luis Bárcenas, y el debate quedó convertido en una especie de doble pulso. Por un lado, el que se libra en la izquierda por ver quién lleva las riendas y quién se cuelga más medallas en golpear al PP. Y en el otro, el que mantienen los populares con Ciudadanos (Cs).

Pablo Iglesias intentó usar a su favor la ausencia de Pedro Sánchez, pero tanto la portavoz socialista, Margarita Robles, como Iglesias no se movieron del argumentario tantas veces expuesto contra la corrupción del PP. Sin datos nuevos, esos golpes perdieron contundencia, incluso a pesar de que el presidente optase por esquivar el debate sobre la corrupción. Albert Rivera, por su parte, buscó su espacio con su programa de regeneración democrática con el objetivo de utilizar el debate para insistir en presentarse como la alternativa reformista y no dejar de enarbolar la bandera en la que se sostiene buena parte de la cosecha electoral que ha logrado hasta ahora. Rivera jugó la baza de anunciar que el lunes presentará en el Congreso su propuesta para la limitación de mandatos, uno de los puntos que formaba parte del acuerdo que firmaron con el PP para la investidura de Rajoy. En ese pacto también estaba la supresión de los aforamientos, por ejemplo. Dos cuestiones sobre las que PP y Cs empezaron a negociar antes del verano sin ponerse de acuerdo sobre la fórmula técnica para concretar estas modificaciones. El PP se inclina por apoyar esa proposición de ley anunciada por Rivera «ya que no tiene efectos retroactivos ni afectaría a Rajoy», precisan. Aunque para ponerla en marcha siguen considerando que exige una reforma constitucional, igual que los aforamientos, una diferencia de criterio con respecto a Cs que aleja la posibilidad de que estas reformas se hagan efectivas en esta Legislatura.

Rajoy se defendió repartiendo entre los portavoces. Contra Margarita Robles, a la que recordó su testificación en el caso Lasa-Zabala y exigió que respete a los tribunales, después de que ella le hubiera acusado de ser un presidente «bajo sospecha». Se mostró especialmente incisivo contra ella, a quien echó en cara que manipule el papel que ha tenido en el «caso Gürtel» y no respete su presunción de inocencia. Fue a hacer sangre con Robles mientras que el principal impulsor del Pleno, Pedro Sánchez, sin escaño, estaba ausente. El núcleo del debate fue sin duda el cuerpo a cuerpo con Robles.

Al secretario general de Podemos le recordó sus conexiones con Irán y Venezuela y le aireó las divisiones internas. Después de que Iglesias le dejara seis preguntas concretas sobre su responsabilidad en la corrupción del PP, que Rajoy no respondió, aunque sí aludió a la cena de Iglesias con Oriol Junqueras y sus derivas en la política catalana.

El debate se quedó en un vuelo de zascas entre unos y otros, fuera de contexto, como ya habían anticipado que sucedería desde Cs, y Rajoy se marchó igual que entró, dejando entre su bancada la sensación de que se había dado un cómodo paseo y que la oposición había quedado en evidencia. El portavoz de ERC, Joan Tardá, lo expresó muy gráficamente: «Salimos todos cabreados y Rajoy fumándose un puro». En el PP sacaban pecho porque el presidente volvía a salir «más que vivo de otra encerrona», y no ocultan que confían plenamente en que el desafío soberanista consolide aún más a su líder, con el apoyo obligado, «porque no le queda otra», de Sánchez.

Sobre la exigencia de que asuma responsabilidades políticas, se sacudió la presión echándoles en cara su victoria en las tres últimas generales y que no tengan alternativa para retirarle la confianza de la Cámara. «Contra la corrupción son más efectivas las reformas que los reproches», defendió en un Pleno en el que usó como escudo el dato de que ha comparecido más de 50 veces para hablar de corrupción y las reformas aprobadas por su Gobierno en esta materia.