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"En Navarra, te levantas con la ETB, te cuesta ver banderas españolas y hasta olvidas el uniforme de la Guardia Civil"

La anexión de Navarra al País Vasco se hará sin referéndum. No es que vengan los malos, es que ya están aquí.

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Tiempo de lectura 4 min.

23 de junio de 2019. 03:28h

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Iñaki Arteta.  23/6/2019

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Fue como en el año 82 que empleé unas vacaciones de tienda de campaña viajando por el norte de Navarra. Me encontré con bosques, panorámicas y montañas espectaculares, carreteras que terminaban en pueblos tranquilos cuyas construcciones, típicamente vascas, se encontraban perfectamente atrezzadas para la fotografía turística. Oí hablar euskera más que en toda mi vida anterior en Bizkaia, aunque podías pasar días sin encontrarte nada más que con un par de montañeros o con tres aldeanos. En aquellos años en los que el turismo era básicamente provincial y escaso, dormir sin compañía en medio de un bosque, estar solo en la cumbre de una montaña, junto a un río o nadar en un lago (todo esto permitido entonces) fue una experiencia viajera que aún catalogo como de las más especiales que he vivido. Sentí esa Navarra rural tan mía como mi Bizkaia.

Los vizcaínos tenemos otra de esas maravillas que disfrutamos desde muy pequeños por el hecho accidental de tenerlo tan cerca: el mar. La costa, los acantilados, los barcos, los pescadores, la cocina del pescado, suman nuevos elementos a esa mitología que tanto ha gustado y gusta por aquí.

No tardé en comprobar que también la costa cantábrica era orográficamente idéntica, esos acantilados en el mismo mar, y que también podría ser Euskadi. También Asturias, el Pirineo en Huesca o el norte de Burgos compartían montañas y bosques maravillosos. Dios no nos había dado ese tipo de lujos solo a los vascos. De la misma manera, gran parte de Navarra comparte paisaje con Aragón, el sur de Álava con Castilla y el oeste de Bizkaia con Cantabria. Navarra es tan Euskadi como Álava es Castilla.

El viaje, aunque sea corto, te ofrece la posibilidad de abrir tu mente para recolocarte en un lugar del mundo en el que no solo existe tu ombligo. El nacionalismo es todo ombligo. El nacionalismo puede parecer la filosofía del ombligo pero también, por una gran lista de razones, la del bolsillo. Bien pensado son lugares muy cercanos en la geografía humana.

Una antigua conexión idiomática, unas raíces folclóricas comunes, un entorno geográfico compartido más la mentira acerca de un pasado político común, son para el nacionalismo vasco los argumentos suficientes para sostener ese imperialismo obsesivo con respecto a Navarra. «Zaspiak bat» (las siete provincias en una): la Gran Euskal Herria.

Los nacionalistas miran hacia el pasado solo para cambiarlo, pero miran más al futuro, aunque nos creamos que es al revés.

«Avui paciencia, demá independencia» («Hoy paciencia, mañana independencia»), coreaban hace 40 años los seguidores del honorable Pujol. No hay más que mirar como la vecina Euskadi ha quedado hecha a su imagen y semejanza: un oasis de paz no se construye en cuatro días.

El proyecto Nafarroa Euskadi da (Navarra es Euskadi) viene de lejos. Poco después de la transición, en plena moda de las pegatinas reivindicativas, el mapa de las siete provincias junto con ese lema «Nafarroa Euskadi da» lucía en miles de carpetas de incautos estudiantes vascos.

Una voz automática ya contesta en euskera las autopistas navarras cuando abonas el peaje antes de llegar a Pamplona. Da lo mismo que dicha lengua solo la utilicen para comunicarse en la provincia un 6,7 por ciento de sus habitantes (Clúster de Sociolingüística. Evolución del uso del euskera. 2016). No importa, todo se puede ir arreglando con dinerito.

Si tienes hijos, pronto tendrás un nuevo problema: elegir la línea idiomática para su educación. Ojo porque la elección es un detector de disidentes. Y a ti, que hasta ahora te había parecido lo más natural ser español en tu tierra española, te surgirán ocasiones en las que tendrás la tentación de disimular. Puede que te acostumbres al chantaje continuo.

Ya puedes levantarte en Pamplona escuchando las noticias de la ETB y ver el flamante mapa del tiempo con las tres provincias de la Comunidad autónoma vecina más la tuya. Y creías que esto no había hecho más que empezar. Lo novedoso es que tus hijos verán ese dichoso mapita y que junto con un par de sutiles detalles que la andereño (maestra) les contó al respecto un día cualquiera, ya no te preguntarán nada porque lo tendrán muy claro. Más claro que tú y sin que hayas podido advertir cómo la mentira entraba en la cabecita del chiquillo. La clave emocional está en sus manos.

Vete caminando al centro y verás cómo todo tipo de anuncios están rotulados en bilingüe con preferencia en tamaño del euskera, qué te crees. Porque ya hace un año que el ayuntamiento aprobó una ordenanza sobre el euskera «para adaptarse a la actual realidad normativa y social» y definía «el castellano y el euskera como lenguas propias de la ciudad» planteando «que se pueda atender público y tramitar expedientes en ambas lenguas». Da lo mismo que en Pamplona solo un 2,9 por ciento de sus habitantes utilice el euskera para comunicarse (Clúster de Sociolingüística. Evolución del uso del euskera. 2016).

Dominada eficazmente por los mismos controlan la Comunidad Autónoma Vasca, te costará volver a ver banderas españolas, olvidarás el uniforme de la Guardia Civil y si incordias, te señalarán para rápidamente anudarte unos invisibles pero eficaces cordones sanitarios de los que tanto se habla, pero que por aquí son cosa normal. Y no habrá referéndum por el derecho a decidir la anexión ni nada parecido. ¿Para qué? No es que esté diciendo «¡que vienen los malos!», es que ya están.

«Así es como termina el mundo. No con un estallido, sino con un suspiro». T.S. Eliot.

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