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Feijóo: “No seré desleal ni codicioso”

Dirigentes del PP exigieron al político gallego una solución urgente tras el preocupante resultado del 28-A, pero Feijóo les apaciguó: “No es tiempo de puñales sino de costuras”.

  • Alberto Núñez Feijóo
    Alberto Núñez Feijóo

Tiempo de lectura 5 min.

05 de mayo de 2019. 10:05h

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Pilar Ferrer 5/5/2019

El lunes veintinueve de abril los teléfonos del Pazo de Raxoi, sede de la Xunta de Galicia, echaban humo. La resaca electoral era profunda y las heridas en el PP latentes. Todos los dirigentes regionales llamaban a Alberto Núñez Feijóo, de nuevo en la palestra, otra vez el eterno «barón» a caballo entre Galicia y Madrid. Según ha sabido este periódico, muchos de ellos le reclamaron que tomara el mando ante la debacle de los resultados. Pero el presidente gallego reaccionó con calma: «No es momento de puñales, sino de costuras», les dijo a todos, aunque no eludió la crítica. En su opinión, el partido había perdido su identidad en busca del votante más moderado de centro. «Dejamos de ser quiénes somos», repetía el gallego. Varios líderes territoriales, algunos con responsabilidad de gobierno, se mostraban inquietos y requerían una solución urgente porque se la juegan el 26-M. A todos también, Feijóo les trasladó un mensaje, el mismo que a Pablo Casado en su primera conversación tras las elecciones: «No seré desleal ni codicioso».

Pero cuántos han hablado con él en estos días sacaron idéntica impresión: Feijóo está a la espera. Ahora la imagen debe ser de unidad, porque sería suicida descabezar una formación política antes del 26-M, pero los puñales están larvados hasta el resultado de las municipales y autonómicas. Desde Madrid, Andalucía, Castilla-León y Murcia, dónde el PP gobierna, se observa el escenario con gran preocupación y quieren que la dirección nacional ceda el protagonismo a los candidatos. De igual modo piensa Feijóo, aseguran varios líderes territoriales. «Nos dijo que en un momento de extrema gravedad hay que recuperar el partido y que él está dispuesto a colaborar», asegura uno de ellos. Para el presidente gallego el PP es un partido de banda ancha, no de banda estrecha. «Si solo somos de derechas, dejamos de ser de centro», opina Feijóo, para quien ahora el mensaje debe ser más modulado, más centrado en cuestiones económicas y gestión de servicios públicos, y menos en proclamas como sangre en las manos de los socios del PSOE.

Al presidente gallego le ha sentado particularmente muy mal la atribución a Mariano Rajoy del desastre electoral, y así se lo ha dicho a sus interlocutores. Bien al contrario, en su entorno achacan el resultado a una mala estrategia de campaña y a un nefasto equipo de asesores. «Parecen los cuchipandis de Pablo», denuncian con dureza algunos «barones». «Ninguno de ellos ha sacado más votos que los defenestrados», advierten estas fuentes. En esta línea, dirigentes como Juan Vicente Herrera, José Antonio Monago, Fernando López Miras o Mercedes Fernández son muy críticos con las listas elaboradas a dedo desde Génova. Algo que también comparte el presidente gallego, para quien es necesario modular el mensaje, ser didácticos y escuchar más al partido.

En el entorno de Casado y la dirección de Génova rebaten las críticas y recuerdan que Núñez Feijóo tampoco ha sido un claro vencedor en estas elecciones, dado que los socialistas gallegos han sido los más votados y sacaron un escaño al PP. «Es muy fácil hacer leña del árbol caído», comentan enojados. No obstante, aunque conscientes de las movidas internas y las espadas soterradas, la consigna es unidad hasta el 26-M. De hecho, Alberto Núñez Feijóo es el primer presidente regional en ejercer de anfitrión de Pablo Casado en la romería de O Pino, La Coruña, en un intento de autoestima y movilización de las bases.

De manera que, una vez más, el PP mira hacia Galicia. Con tres mayorías absolutas a sus espaldas, Alberto Núñez Feijóo pudo haber jugado en las primarias del partido, aunque no lo hizo. Nadie sabe a ciencia cierta por qué no dio el paso, pero lo cierto es que hoy muchos vuelven a reclamar su liderazgo nacional. Al frente de la Xunta ha logrado una brillante gestión sin precedentes, sin alharacas, sin rodearse de un gran séquito y sin perder el contacto con la gente. Llevó al gobierno gallego un aire de modernidad, un sentido práctico de la política para solucionar los problemas de la gente alejado de pompas y desorden. Su objetivo fue mantener la estabilidad que han hecho de Galicia una de las Comunidades más solventes de España. Hoy por hoy, es el único presidente revalidado por tercera vez en un gobierno autonómico.

Heredero de Fraga, aliento de Rajoy, eterna esperanza blanca en pista para otros puestos. Estas situaciones definen la vida política de Alberto Núñez Feijóo, el líder gallego siempre a caballo entre su tierra y Madrid. Su carrera ha estado marcada por tres paisanos claves: Manuel Fraga, José Manuel Romay Becaría y Mariano Rajoy. Los dos primeros le llevaron a la Xunta de Galicia y, tras la victoria de José María Aznar, el entonces ministro de Sanidad, Becaría, le trajo a Madrid para presidir el Insalud y la entidad pública Correos y Telégrafos. Aquí forjó su fama de excelente gestor hasta las elecciones de 2009 en que logró la presidencia de la Xunta y puso fin al bipartito entre los socialistas y el BNG. Ello supuso también un triunfo para Rajoy, que vivía horas bajas tras haber perdido las generales. La victoria de Feijóo fue una dosis de alivio para Mariano. «Alberto nos dio suerte», comentaba siempre Rajoy.

Sea cual fuere el resultado del 26-M, todos en el PP admiten que Núñez Feijóo jugará un papel prioritario en el futuro. El gallego que ha gobernado con éxito Galicia, una de las pocas Comunidades en cuadrar las cuentas y respetar el déficit público, está de nuevo a examen. Pese a quienes vieron en sus relaciones con Rajoy alguna distancia e intrigas sucesorias, lo cierto es que ambos siempre han mantenido una estrecha amistad y fue Mariano determinante para su decisión de presentarse por tercera vez desoyendo jugosas ofertas de la empresa privada. Ahora está muy molesto por las acusaciones a Rajoy sobre el desastre electoral. «Es algo muy sucio», ha confesado a los suyos. Alberto y Mariano tienen muy buena relación y se ven con frecuencia, dado que el ex presidente del gobierno pasa largas temporadas en su Galicia natal. Ahora, Rajoy no ha querido echar leña al fuego, pero fuentes cercanas aseguran que está indignado y dolido con quienes le achacan la responsabilidad de todos los males.

De momento, Alberto Núñez Feijoó observa y espera. Y lo hace, como buen gallego, con sosiego. Disfruta de una placidez familiar con su compañera Eva Cárdenas y su pequeño hijo, a quien ha enseñado a nadar en las bravas aguas de su tierra. De cómo salga el 26-M, nadie duda en el PP de que volvería a ser el mejor «barón» colocado para el liderazgo nacional. Se define como «galleguista reformista» y le gusta conducir. En estos años ha demostrado ser un presidente de la Xunta arraigado y podría ser el nuevo «delfín». Es el bregado capitán frente a unas mareas turbulentas que amenazan tormenta, aunque de momento lo tiene claro: «Calma frente a la tempestad».

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