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Sánchez fuerza otros comicios y arranca la campaña en Moncloa

En el Ejecutivo ven el 10-N como una «oportunidad» para obtener una mayoría solvente que les libre del yugo de los independentistas y les permita llegar al gobierno con la abstención del PP.

  • Felipe VI recibe a Batet/Efe
    Felipe VI recibe a Batet/Efe

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18 de septiembre de 2019. 03:41h

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Ainhoa Martínez 17/9/2019

Tres llamadas bastaron para constatar lo que Pedro Sánchez quería trasmitirle a Felipe VI: que no tenía los apoyos suficientes para someterse a la investidura y que, en este contexto, no estaba en disposición de aceptar el encargo de formar gobierno. El bloqueo que aboca a España a las cuartas elecciones en cuatro años se mantuvo hasta el «minuto final», ese en el que el PSOE aspiraba a marcar un triple sobre la bocina que revalidara su mandato. Sánchez ha acabado forzando la prórroga con otras elecciones, tras las que espera contar con un escenario más propicio para ganar el partido y ser presidente.

Sin hacer un ápice de autocrítica y sin dejar ya margen para sortear las urnas, Sánchez compareció en Moncloa al filo de las nueve de la noche para repartir culpas: «Ha sido imposible cumplir el mandato electoral del 28 de abril. Lo hemos intentado por todos los medios, pero ha sido imposible», destacó. En concreto, Sánchez concentró la responsabilidad sobre Podemos, que «por cuarta vez en cinco años ha impedido un gobierno progresista», y en PP y Ciudadanos y su «contradicción» de empujarle a la dependencia de los independentistas. Para superar este «bloqueo» y en un claro tono electoralista, llamó a los españoles a «hablar mucho más claro» en las urnas el 10-N para darle al PSOE «una mayoría» suficiente para lograr el gobierno.

En Moncloa se habían preparado para este escenario y –como en Ferraz– consideran que es el más beneficioso para sus intereses. «El mal menor». Aunque en momentos decisivos se llegó a ofrecer a Unidas Podemos desde una coalición –en la investidura fallida de julio– hasta aceptar sus votos «gratis» ahora –tal como adelantó este diario–, lo cierto es que ninguna de las dos opciones satisfacía a Sánchez. Se antojaban dos fórmulas para no afrontar «en funciones» el contexto de inestabilidad que acontecerá con la sentencia del «procés», un Brexit sin acuerdo o el ciclo de desaceleración económica que ya despunta. Sin embargo, tampoco eran escenarios que garantizaran la gobernabilidad ni otorgaran la certeza que no hubiera que recurrir a las urnas en el corto plazo. Esto, unido a la dependencia que, con los actuales resultados, se sigue manteniendo de los independentistas, ha hecho que en el Gobierno se perciban los comicios como un riesgo que entraña, a su vez, una «oportunidad».

Giro al centro

Las perspectivas que manejan, además, son beneficiosas. En Moncloa creen que la desmovilización de la izquierda no será tanta y que Sánchez podrá ampliar su espacio electoral. «Pedro va a arrasar», define un cargo territorial. Los socialistas consideran que podrán mantener el grueso de su nicho electoral del 28-A, librarse del yugo de los soberanistas y crecer por el centro, robándole a Rivera parte de los electores que están descontentos con su giro a la derecha.

Sánchez ha ido poco a poco hilvanando su relato. Su rechazo a la inestabilidad que generaría un gobierno de coalición con Podemos le servirá para atraer al votante de centro y el «no» expreso que se certificó al referéndum de autodeterminación en su propuesta programática a Iglesias, también se enfoca en este sentido. Los socialistas buscarán una campaña de perfil bajo, en la que exhibirán el rechazo de los morados a un Ejecutivo de coalición en julio. «No engañamos a nadie cuando dijimos que no habría septiembre». Esto por la izquierda, pero también habrá mensajes contra la derecha, poniéndoles frente al espejo de su inmovilismo para acabar con el bloqueo.

Ahora que noviembre ya es un escenario cierto, y no un riesgo como el propio Sánchez advirtió, los socialistas abonarán la base para una futura abstención del PP. En Ferraz consideran que Casado tendrá que favorecer la gobernabilidad ante la expectativa de una tercera cita con las urnas en 2020, si no hay mayoría suficiente.

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