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Fundación (sin) Franco

Juan Chicharro, presidente de la FNFF, culpa al PP, a la Iglesia y al Poder Judicial del desenlace del 24-O. «Vamos a defendernos, porque van a intentar callarnos», asegura

  • El general de División de Infantería Juan Chicharro Ortega, en su despacho de la sede madrileña de la Fundación Nacional Francisco Franco / Foto: Alberto R. Roldán
    El general de División de Infantería Juan Chicharro Ortega, en su despacho de la sede madrileña de la Fundación Nacional Francisco Franco / Foto: Alberto R. Roldán

Tiempo de lectura 8 min.

27 de octubre de 2019. 09:46h

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Andrés Bartolomé 27/10/2019

«Nada cambia con la exhumación». Para la Fundación Nacional Francisco Franco (FNFF), que ha actuado en sintonía con la familia en la batalla legal para evitar la inhumación en Mingorrubio, todo sigue igual, salvo el hecho de que el «Caudillo» está ahora más cerca, en El Pardo.

Al frente de este organismo creado en 1976 para velar «por la memoria y el legado» de Francisco Franco está Juan Chicharro (Madrid, 1950), general de División de Infantería de Marina. «Esté donde esté su cuerpo seguiremos con la misma labor, bien con actividades culturales o de investigación o acudiendo a los tribunales de justicia si es necesario», asegura.

Para este militar templado que se inició como buceador de la Armada y ha cumplido misiones en Sáhara (1975), Nicaragua (1980) y Bosnia y Kosovo (1999), la labor que le encomendó la familia Franco en enero de 2018 se ha convertido en un empeño que le mantiene activo desde primera hora hasta casi iniciada la madrugada, si es necesario. Aunque sea vía WhatsApp, que maneja con asiduidad.

Uno de sus destinos más llamativos fue como ayudante del Rey Juan Carlos, etapa de la que guarda «buen recuerdo» y en la que llevó a cabo «muchas actividades distintas a las habituales y siempre desde la perspectiva de que estaba sirviendo a España».

Un mazazo ha sido para la Fundación el varapalo con respecto a la batalla judicial para decidir el destino de los restos de Franco. No tanto por la salida del Valle de los Caídos como por la imposibilidad de la familia de elegir finalmente el lugar para enterrarle, según marcaban los términos de la sentencia del Tribunal Supremo.

Juan Chicharro apunta a tres responsables directos del desenlace culminado el 24 de octubre. En primer lugar, la «traición pura y directa de los dirigentes del Partido Popular; el señor [Pablo] Casado dijo que iba a recurrir la inconstitucionalidad del real decreto ley [que permitía la reforma de la Ley de Memoria Histórica para dar vía libre a la exhumación] y no lo hizo».

La segunda «decepción es la de la jerarquía de la Iglesia, que ha traicionado a quien fue su benefactor. Probablemente sin él no existiría en España». Y la tercera es la actitud del Poder Judicial, «dócil, siervo del Ejecutivo de Sánchez, que se ha plegado a todo».

El balance de pleitos en los tribunales son 49 demandas, alegaciones, recursos y recusaciones en total. «No hemos ganado ni una. Solo la de hoy, y había trampa», apunta con sorna el presidente de la FNFF en referencia al recurso a su favor que finalmente les permitió reunirse en Mingorrubio una vez que todo había terminado y no, como deseaban, la mañana en que El Pardo iba a recibir el helicóptero con el ataúd de Franco desde Cuelgamuros.

Sobre el futuro que se avecina a partir de ahora, Chicharro hace una declaración de intenciones: «Vamos a defendernos, porque van a intentar callarnos. Este es un Gobierno liberticida. Vendrá la defensa del Valle de los Caídos y la lucha contra la Ley de Memoria Histórica, pero siempre dentro de la legalidad».

En su opinión, la de la Fundación es «una labor con vocación histórica muy necesaria cuando la izquierda lleva años utilizando la mentira como herramienta política tergiversando todo».

«En el inmediato y mediato futuro», apunta el presidente ejecutivo de la FNFF, «vamos a asistir –salvo que el resultado de las elecciones sea otro al supuesto– a la continuación de esta guerra siquiera sea ideológica».

Chicharro considera que son «paladines» en la lucha contra la Ley de Memoria Histórica con una fundación «pequeña» pero que «hasta el momento es la única organización que lidera esta batalla contra el Gobierno socialista y todo su entorno».

Como ejemplo de este reconocimiento a su labor, el militar recuerda la atención que han recibido de «todos los medios de comunicación, tanto nacionales como internacionales» en las últimas semanas. La BBC, la TF1, el Financial Times, el Bild Zeitung o televisiones rusas, entre otras, han acudido a la Fundación para «conocer nuestras intenciones».

La sensación de bregar en solitario viene paliada, según Chicharro, por la irrupción del partido de Santiago Abascal en el mapa político. «Afortunadamente ha aparecido Vox, que se une a la lucha, y su fuerza y presencia en el Parlamento van a ser importantes. Ya no vamos a estar tan solos».

Su simpatía por la formación de Abascal tiene además raíces familiares. Porque Chicharro es primo del ex boina verde Jaime Ortega Smith, secretario general de Vox. Y, como curiosidad, la primera mujer ascendida a general el pasado mes de julio, Patricia Ortega, es prima hermana de Chicharro y prima segunda de Smith.

Considera el militar retirado del servicio activo en 2010 que ese empeño por una defensa «jurídica y mediática» en el que vive inmersa la Fundación, será más fácil si acaban contando con el apoyo decidido de Vox «por su potencial».

Después de la «victoria parcial» del Gobierno que para ellos ha supuesto la exhumación, la amenaza a la que se enfrenta la Fundación Franco son la Ley de Memoria Histórica y su «implantación absoluta en la sociedad». A continuación, la desacralización del Valle de los Caídos –«si pudieran, la demolición de la Cruz, y veremos qué pasa con los benedictinos», aventura–, el intento de ilegalización de la FNFF, y «desde luego, arramplar contra todo lo que significó Franco y su régimen llevándose por delante, en cuanto se den las circunstancias, la propia Monarquía» que él instauró.

En relación con Franco, afirma Chicharro, «estamos dispuestos a ir a Estrasburgo e incluso al Comité de Derechos Humanos de Naciones Unidas. El objetivo estará supeditado al deseo de la familia y quizás sea el trasladar los restos de Francisco Franco y de su mujer a la Almudena, y ahí vemos muchas posibilidades de victoria más tarde o más temprano».

«Hasta que me muera no creo que vuelva a poner la “X” en la Iglesia»

La familia y la Fundación Franco han trabajado unidas en el casi año y medio que ha transcurrido desde que el Gobierno de Pedro Sánchez se fijara como objetivo irrenunciable la exhumación en el Valle de los Caídos. Hay un punto común de indignación y es hacia el papel que ha jugado la Iglesia, tanto la Conferencia Episcopal en España como el Vaticano. «La última palabra la tiene el Papa», señaló al respecto Luis Felipe Utrera-Molina, abogado de los Martínez-Bordiú Franco. La postura de Roma fue alinearse con lo que decidieran los tribunales en lo que restringía a una cuestión interna de España, y solo Santiago Cantera, prior de la Abadía benedictina de Cuelgamuros, llegó hasta donde pudo en la defensa de la inviolabilidad de su templo para impedir lo que a todas luces era ya inevitable.

En una entrevista con este periódico, Francis Franco dejó claro hasta dónde ha llegado su ruptura con el clero: «A partir de ahora y hasta que me muera no creo que vuelva a poner la “X” en la Iglesia. A mi abuelo el Papa le concedió la Orden de Cristo, que tienen doce personas en la historia, y los jesuitas le dieron carta de hermandad, que significa que tiene que ser tratado como cualquier jesuita y no se concede normalmente a un laico, y este año, por primera vez, los jesuitas de Serrano, en nuestra parroquia, no nos dejan oficiar la misa por el 20-N. Hay una gran cobardía por parte de la Iglesia. El padre Cantera por lo menos ha actuado en conciencia, ha sido honesto consigo mismo y con sus principios».

Sus críticas alcanzan, junto a la Iglesia, al Partido Popular: «Se han tenido que retratar y el retrato no ha sido bueno ni para uno ni para el otro».

El nieto favorito de Franco es especialmente crítico con Alberto Núñez Feijóo –al que se refiere como «Verstrynge 2»–, por el contencioso que la familia tiene abierto con el Pazo de Meirás. «El señor Feijóo, con mayoría absoluta en el Parlamento gallego, aprueba esta iniciativa [para expropiarles] y encima le pide al Gobierno español que actúe contra el Pazo», se queja.

Mejor opinión tiene de Pablo Casado, de quien dice le parece «una persona razonable y moderna. En el PP hay de todo como en botica, pero lo de Galicia ha sido...».

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