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«Grappa», los ojos del Mediterráneo contra las mafias de la inmigración

Tan sólo cinco aviones vigilan esta ruta, entre ellos uno español: «Es raro el día que no vemos alguna barcaza». Los buques militares no patrullan desde marzo por la falta de consenso.

  • Desde el avión, las imágenes e información de las barcazas se envían en tiempo real al Cuartel General de la Operación
    Desde el avión, las imágenes e información de las barcazas se envían en tiempo real al Cuartel General de la Operación

Tiempo de lectura 4 min.

20 de septiembre de 2019. 20:40h

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Fernando Cancio 21/9/2019

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En su escudo hay un buque militar, porque cuando nació la operación «Sophia» contra las mafias de la inmigración en el Mediterráneo, en 2015, los barcos de diferentes ejércitos europeos patrullaban este mar para buscar embarcaciones cargadas de inmigrantes que luchaban por alcanzar Europa. Y les rescataban, porque aunque esa no era la misión principal, el derecho marítimo obliga a auxiliarles. De hecho, su nombre, «Sophia», es el de una niña nacida en uno de esos barcos tras ser rescatada su madre. Más de 45.000 tuvieron la suerte de ser salvados, aunque desde principios de este año las imágenes de buques de guerra rescatándoles no se repitieron más. La negativa de Italia a seguir recibiendo a los migrantes y las batallas políticas sobre dónde desembarcarlos aceleró el inicio del fin de esta misión, en la que desde marzo sólo hay medios aéreos de vigilancia, entre los cuales está el Destacamento español «Grappa», que en principio seguirá hasta marzo, cuando se ha fijado el nuevo fin de la misión. Desde la base italiana de Sigonella, 39 efectivos controlan esta ruta de la inmigración, cuyos casos más mediáticos han sido los recientes del «Open Arms» o el «Ocean Viking».

Ahora, cuando sólo hay aviones y ninguna fragata, su labor se limita a transmitir en tiempo real la información que recopilan en forma de datos e imágenes. El último contingente ha estado allí seis meses, hasta el jueves, bajo las órdenes del teniente coronel Jesús Rodríguez de Castro, quien hace unos días contaba a LA RAZÓN que «tenemos ojos en el aire para avisar de manera temprana de cualquier avistamiento». En este tiempo han volado 400 horas en las que han visto de todo: «Embarcaciones neumáticas, de madera, a punto de hundirse... incluso alguna que sorprende por sus buenas condiciones». Pero, sobre todo, recalca que «con el buen tiempo es raro el día que no vemos alguna».

Si bien es cierto que el número de personas que alcanzaron las costas de Europa ha descendido año tras año (de 700.000 en 2016 a unas 49.000 en lo que va de 2019), muchas siguen falleciendo: 909 desde enero. Un descenso que se debe, entre otros, a que la UE ha llevado a cabo (y ha potenciado), labores de apoyo a la Guardia Costera y la Armada de Libia, a quienes supervisan y adiestran para que puedan luchar contra las mafias.

Así que a falta de barcos, los aviones son la única herramienta para localizar las pateras y dar la voz de alerta. Actualmente patrullan el Mediterráneo cinco aviones de diferentes países y un dron italiano, entre ellos el «D4» del Ejército del Aire. Su área de operaciones es de 1,8 millones de km2 y cada día es el Cuartel General el que les dice qué hacer. «Es nuestro mando superior inmediato, el que asigna cometidos y áreas a todos los medios», explica el teniente coronel.

Vuelan, de media, unas seis horas (aunque podrían aguantar hasta nueve) y en el momento en el que vean una patera a la deriva comienza la parte más importante: recabar la mayor cantidad de información de la embarcación o de cualquier actividad sospechosa. Y fotos, muchas fotos: «Unas 300 al día de todo tipo de buques», señala. Porque no sólo buscan pequeñas barcazas, sino también barcos nodriza de mafias que, a mitad de camino, trasladan a los migrantes a embarcaciones pequeñas. La información «se reporta al Cuartel General de la Fuerza, que remite lo relevante al Centro de Coordinación de Rescate Marítimo, única autoridad reconocida para coordinar rescates en su área de responsabilidad», apunta. Serán ellos los que soliciten ayuda a algún barco cercano o a la Guardia Costera.

En este punto, el teniente coronel recuerda que, «aunque la búsqueda y rescate no es parte del mandato de la misión, prestar asistencia a las personas en peligro en el mar es una obligación recogida en el derecho internacional y una responsabilidad moral». Por ello, hace hincapié en que son esos centros de coordinación los que «han de hacerlo por humanidad». Con cierto tono de frustración añade que, cuando los buques patrullaban el Mediterráneo, «había más posibilidades de rescate».

Ya sea una salida programada o una alerta, en cuanto encuentran una embarcación se quedarán en la zona ofreciendo «información sobre su estado, los barcos que hay en la zona y si el rescate se hace adecuadamente», comenta.

Futuro incierto

Es lo que seguirá haciendo el contingente que les ha sustituido los próximos seis meses, después de que la UE decidiera hace pocos días prolongar otra vez la misión, que concluía el 30 de septiembre. Habrá que esperar a 2020 para confirmar si «Sophia» desaparece o sí únicamente se quedan los aviones. Los miembros del «Grappa» no saben qué pasará: «Es la pregunta del millón. Nosotros estamos dispuestos a continuar y a hacer lo que nos ordenen». Y a tenor de las recientes palabras de la ministra de Defensa en funciones, Margarita Robles, nuestro país está dispuesto a continuar participando con aviones y buques. «Vamos a seguir intentando que “Sophia” se mantenga», dijo tras culpar al ya ex ministro italiano Matteo Salvini del fracaso de la misión.

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