Hay vida después de Irene Lozano

Rosa Díez evita nombrar a la que fuera su mano derecha pero se remite a los hechos: «Una diputada que negocia con el secretario general socialista su incorporación desde el despacho de UPyD...»

Rosa Díez tomando un té con limón en un bar cercano al Congreso de los Diputados
Rosa Díez tomando un té con limón en un bar cercano al Congreso de los Diputados

Rosa Díez evita nombrar a la que fuera su mano derecha pero se remite a los hechos: «Una diputada que negocia con el secretario general socialista su incorporación desde el despacho de UPyD...»

«Yo querría un té con limón, si es posible». Rosa Díez pronuncia esta frase con un hilito de voz inofensivo, casi infantil. Una voz que contrasta con la firmeza insolente con la que, apenas una hora antes, ha llamado mentiroso a Rajoy desde su escaño en el Congreso. Ha sido su última pregunta de control al Gobierno. La fundadora de UPyD no se presenta a las elecciones de diciembre.

«Zapatero también era desabrido conmigo pero nunca llegó al nivel de Rajoy. A Rajoy no sé qué le ha pasado conmigo desde el primer momento». A lo largo de la conversación, su voz fluctúa de la anécdota ligera a la denuncia airada, de la ironía acerada hasta -casi- las lágrimas. Pasa de un registro a otro rápida y sin esfuerzo: son muchos años de vida política –36, para ser exactos–. Muchos mitínes, discursos, intervenciones, ruedas de prensa y entrevistas. Algunos dan por concluida su carrera. Tras un par de minutos de conversación, en una cafetería frente al Congreso, queda claro que Rosa Díez no es de este parecer. «Estaré siempre en primera línea de compromiso político y no desconectaré hasta que me desconecten porque me muera».

Luego sonríe al recordar su primera intervención en el Congreso, hace ya siete años. «Fue en el debate de investidura de Zapatero y le hice unas recomendaciones que no le sentaron bien. Recuerdo las escaleras largas y que yo pensaba: «A ver si me voy a enredar con la alfombra y me voy a pegar un trompazo». Esa era la preocupación tonta, la otra era: «Tengo que hacerlo bien».

Los compases finales de su legislatura particular, y el último capítulo de la deconstrucción interna de su partido han estado marcados por la defección de Irene Lozano y su cambio de chaqueta. Pero, ¿no tiene la sensación Rosa Díez de que hay algún paralelismo entre la traición de Lozano y su salida del PSOE allá por 2007? No hay comparación posible: «Habiendo hechos, para qué explicar sensaciones. Yo era una diputada europea del PSOE. Dejé mi acta, mi escaño y mi carné cuando me quedaban dos años de diputada. Y me fui a mi casa y fundé un partido político. No tiene nada que ver con la situación que usted... que tú me has referido». Durante el resto de la contestación se niega a pronunciar su nombre. Ni siquiera dice «ella». «Por la mañana es diputada de UPyD y a media mañana está en las listas del PSOE. No tiene nada que ver. Una diputada que negocia con el secretario general socialista su incorporación a las listas desde el despacho de UPyD...». Deja sin finalizar la frase y cambia de tema como apartando un molesto pensamiento de la cabeza.

Pregunto qué ha salido mal en UPyD. «Igual para que nos votaran tendríamos que haber hecho otra cosa», responde. «Ponernos más de perfil, no meternos con los poderosos, nos dicen que hagamos esta autocrítica: ‘‘¿Por qué habéis hecho esas cosas?’’. Pues no. Hemos hecho eso porque había que hacerlo. ¿No nos ha dado votos? Es verdad. Pero había que hacerlo».

Velada alusión a Ciudadanos. Recuerdo la presencia de Albert Rivera entre el público en el acto fundacional de UpyD en la Casa de Campo de Madrid en 2007. Ella mira el fondo de su taza de té y remueve su contenido con la cucharilla. «Sí. Estaba entre el público, sí».

-¿Cómo les ha salido tan bien la jugada a Ciudadanos?

-Ellos llevan nueve años en el parlamento de Cataluña y, por lo visto, el no decir nada sobre las cosas verdaderamente importantes les ha venido bien electoralmente. Pero nosotros hemos prestado un gran servicio a España... y queremos seguir prestándolo (añade inmediatamente).

-¿Y Rivera?

-Ya le juzgarán sus votantes.

-¿Qué es lo que ha hecho bien?

-Estar.

-...

-Date por contestado. Estar.

Díez explica por qué se negó a la fusión con C’s con una anécdota: «El director de un gran periódico, en el sentido de que vende muchos periódicos, me dijo en su despacho: ‘‘si quieres una portada, únete con Ciudadanos’’. Pero eso no es ser autónomo y todo lo que hemos hecho lo hemos podido hacer porque somos autónomos, libres, no tenemos hipotecas políticas. Para comerciar ya están otros».

Sobre Sánchez habla midiendo las palabras, sinceramente preocupada. «Le veo tan desnortado que supera mis peores expectativas. Dice que va a regenerar la democracia y fomenta el transfuguismo. Se envuelve en una bandera enorme que han tenida que pagar muchísimo por ella y va a cambiar la Constitución para quitar referencias a la unidad de España. Habla de federalismo asimétrico, que es garantía de desigualdad entre los españoles. Pero bueno... es su problema. Como siga así va a convertir a Zapatero en un gran estadista».

No parece triste de decir adiós al Congreso y a encabezar la lista de UPyD. «Es una etapa extraordinaria. Tengo la satisfacción de irme con esa mochila del trabajo bien hecho. Nunca he estado más de dos legislaturas en ninguna de las instituciones donde he estado: ni en las juntas generales, en el parlamento vasco, en el parlamento europeo, ahora en el Congreso... nunca he llegado a las dos legislaturas. Siempre me he ido yo. Eso me parece que es muy sano, ¿no? Yo siempre me lo tomo muy así, muy positivo».

En septiembre un diputado de Amaiur hizo su numerito en el Congreso y mutiló un ejemplar de la Constitución. La de Rosa Díez fue la única voz que denunció el asunto incluso meses después. Y ahora esa voz ya no se va a escuchar.

-Sí se va a oír. Menuda voz que tiene Andrés Herzog. Y además es campeón de España de judo.

-Pero no va a ser lo mismo.

-No, claro. Va a ser distinto. Él es mucho más joven.

-¿Y por lo tanto mejor?

-No, no -contesta deprisa-. Más joven. Tiene más tiempo por delante.

Le pregunto cuál ha sido el peor momento de estos 7 años, si alguna vez ha llorado de desesperación. Inmediatamente se echa a reír y admite: «Yo soy muy llorona. Pero nunca me desespero. Yo he enterrado a muchos amigos. Las cosas que me han pasado aquí (señala a los leones del Congreso con la barbilla)... Yo he vivido en Euskadi. Y eso significa vivir con escoltas, e ir a funerales. Todos eran de los nuestros salvo los que nos mataban. Esas líneas divisorias que tienen aquí (señala otra vez al Congreso con cierto desdén) yo no las tengo en la cabeza. Y claro... pffff.... lo que nos ha pasado aquí es una tontería en comparación con lo que hemos sufrido». Se le han humedecido los ojos al recordar. Pero no ha dejado de sonreír.