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"He casado a 200 gays. Hay que abrir el mundo rural"

Francisco Maroto, alcalde de Campillo de Ranas

Foto cedida
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Campillo de Ranas (Guadalajara) es el pueblo por excelencia que puede presumir de ser el escenario natural elegido por parejas homosexuales para darse el «sí quiero». Si este pueblo es conocido por ello, más lo es su alcalde, Francisco Maroto. Pues este regidor socialista ha casado hasta cerca de 200 parejas en las cuatro legislaturas completas –y con mayoría absoluta– que lleva al frente del ayuntamiento, al cual vuelve presentarse para su reelección este 26-M, según confirma a este periódico. Este pueblo de Castilla-La Mancha ostenta el título de ser el que más bodas homosexuales oficia desde que en el año 2005 el Congreso de los Diputados aprobara la reforma del Código Civil que permitió contraer matrimonio a parejas del mismo sexo, una ley que les concedió los mismo derechos que a las uniones heterosexuales. Podría decirse que el Congreso fue el que situó a Campillo de Ranas como enclave rural de referencia en el que semana sí y semana también se celebran bodas. Así, desde que la ley avalara los matrimonios gays, Francisco Maroto –que vive en el municipio desde el año 1998– no se lo pensó y comenzó a casar a aquellas personas que se lo reclamaban. Y lo hace «gustosamente» y con todo el apoyo de los vecinos del pueblo, que según describe lo aceptan con naturalidad. Nadie presentó ningún tipo de objeción al respecto desde que comenzara con esta trayectoria. De hecho, él mismo dio el «sí quiero» en este pueblo en el año 2008, delante del juez de paz.

El objetivo es a partir de entonces que las bodas que oficia «sean días muy felices» para los contrayentes y por ello cuida cada detalle. «No es lo mismo ir a un juzgado en el que no sabes quién te va a casar, que alguien que te entienda», asegura. El pueblo, dice, está «perfectamente preparado», cuenta con servicios de hostelería y «con la gran acogida del ayuntamiento». «Tenemos enlaces entre diario y también los fines de semana», indica. Según confiesa, la mayoría de las bodas que oficia son entre varones. A pesar del gran número de bodas que se celebran, sí reconoce que ahora han bajado a en torno el 10%, mientras que tras la instauración de la ley de José Luis Rodríguez Zapatero el porcentaje se situó en torno al 40%. «En su momento, al aprobarse la norma, había mucha gente esperando a casarse, pero ahora se hace con más tranquilidad, pues la gente no se casa más porque haya una ley». En el pueblo de la «arquitectura negra» residen 148 personas, pero es un pueblo de «nuevos pobladores» y en él no hay ningún tipo de reticencia a la ya tradición de casar a parejas homosexuales. Lo que sí queda pendiente es la visibilidad gay en el mundo rural. «Cueste lo que cueste, lo más importante va en esta dirección. Cuando eres visible, el daño que sufres es menor», recalca este alcalde que pronto volverá a situar frente al altar a otra pareja.