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José Rosiñol: «La burbuja independentista nos va a llevar a cronificar la fractura»

Presidente de Sociedad Civil Catalana.

  • Foto: Miquel González /Shooting
    Foto: Miquel González /Shooting
Barcelona.

Tiempo de lectura 4 min.

16 de septiembre de 2018. 01:18h

Comentada
Cristina Rubio.  Barcelona. 16/9/2018

Presidente de Societat Civil Catalana, José Rosiñol atiende a este diario después de la Diada. Su último gesto: mandar una carta a la ANC para «rebajar la tensión» social.

Pese a que el independentismo lleva semanas anunciando un «otoño caliente», lo cierto es que el conflicto por los símbolos independentistas ha estallado este verano.

Son dinámicas perversas que esconden asuntos mucho más preocupantes. La realidad no es sólo que haya lazos o que se conculquen los principios de neutralidad del espacio público, el problema es que detrás hay una política antidemocrática. Lo que buscan los independentistas es convertir el espacio público de convivencia en un lugar de confrontación. La utilización de un cuerpo policial para perseguir a algunos ciudadanos que simplemente están quitando lazos y que por tanto tienen otra ideología es muy preocupante. Habría que exigir al señor Torra que deje de utilizar las instituciones públicas con objetivos partidistas e ideológicos como lo hace.

¿Qué proponen?

Vamos a intentar romper esta espiral de acción-reacción con una nueva campaña para evitar la polarización del tema. También vamos a conmemorar la manifestación del 8 de octubre, queremos que sea un aniversario ya recurrente para el futuro, lo llamaremos el día de la libertad y de la convivencia.

Después del conflicto con los lazos, la siguiente parada ha sido la Diada.

Detectamos un cierto cansancio en el independentismo y en la sociedad catalana en general. Hay hartazgo por esta especie de bucle en el que estamos. Llevamos un ciclo de unos seis años en el que sólo se habla de un proyecto político, no se gobierna y no hay preocupación por los recortes. Desde el 2014, la afluencia a la manifestación independentista de la Diada ha ido bajando paulatinamente
–790.000 personas entonces, ahora 200.000–. La Guàrdia Urbana de Colau cifró los asistentes en un millón, nosotros hicimos el cálculo a partir de los metros cuadrados ocupados y serían necesarias hasta 10 personas por metro cuadrado. Lógicamente es imposible. Todo forma parte de la propaganda que vivimos de forma constante.

¿Cómo encara «el otoño caliente»? ¿Puede aumentar la tensión en la calle?

Dependerá de los intereses políticos de Torra y del independentismo, que son capaces de tensionar más o menos la sociedad en función de su interés particular y no por el bien común, por conseguir una fórmula que nos una a todos. Lamentablemente, podría haber un aumento de la tensión social en las calles catalanas pero esperemos que no ocurra, por eso nos hemos dirigido por carta a la ANC.

¿Han obtenido ya una respuesta?

Òmnium nos ha contestado y nos pide que para reunirnos vaya yo a la cárcel de Lledoners para entrevistarme con Jordi Cuixart. Una de las cosas que tengo más clara a nivel ético y personal es que no pienso hacer espectáculo con el sufrimiento de una persona. No voy a hablar con nadie a ninguna prisión porque son cosas absolutamente distintas. Aún así queremos seguir hablando para rebajar la tensión social.

Justo ahora se ha cumplido un año de las convulsas sesiones en el Parlament del 6 y 7 de septiembre.

De aquellos sucesos ahora nos encontramos el fracaso absoluto del procés y ellos no son valientes para reconocerlo, para decir «oye, somos minoría social, esto no sólo es ilegal sino que también es innecesario». Es una huida hacia adelante constante y mientras tanto la economía catalana se va resintiendo. Nadie se atreve a pinchar la burbuja independentista.

¿Por qué? Rufián (ERC) ha pronunciado algo similar.

Sin desvelar nombres, he tenido contactos con algunos políticos nacionalistas (no independentistas) que están deseando pinchar la burbuja porque saben que es una auténtica locura política que nos va a llevar a cronificar la fractura social en Cataluña. Nadie se atreve a pagar el coste electoral de pinchar la burbuja. A nivel personal, Rufián ha probado su propia medicina: le han silbado en un acto independentista. En el círculo de economía de Sitges, diputados del Pdcat y de ERC negaban la fractura social, decían que no existe. Que silben al señor Rufián es un reflejo y un síntoma de lo que nos ocurre a los no independentistas. El peaje personal de cualquiera que esté en contra del «mainstream» secesionista es realmente complicado. Ahora, los independentistas que ven que esto no va a ningún lado [sin referirse a Rufián] no quieren pagarlo.

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