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La consigna del PP: «Somos un equipo limpio»

  • Pablo Casado, ayer en Lisboa junto al líder portugués del PSD, Rui Rio, con motivo de su encuentro con los líderes conservadores
    Pablo Casado, ayer en Lisboa junto al líder portugués del PSD, Rui Rio, con motivo de su encuentro con los líderes conservadores
Madrid.

Tiempo de lectura 4 min.

16 de septiembre de 2018. 02:46h

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Carmen Morodo.  Madrid. 16/9/2018

El nuevo PP está en una carrera de fondo para recuperar el espacio que ha ocupado Ciudadanos (Cs) durante los últimos años de Gobierno de Rajoy. Y sabe que no puede ganarla si no consigue sentenciar a su favor su lucha para que el partido de Rivera no siga apropiándose de la bandera de la regeneración democrática. La misma que en su día ayudó a José María Aznar a llegar a La Moncloa frente a Felipe González. Justo cuando el Tribunal Supremo ha abierto el procedimiento para decidir si investiga a Pablo Casado por su máster en la Universidad Rey Juan Carlos, la nueva dirección del PP dice que «fuera los complejos», que en el caso del máster «no hay corrupción» y que tampoco condiciona su legitimidad para reivindicarse como «un equipo limpio» y «sin ninguna responsabilidad ni atadura» con los escándalos que tanto daño electoral han hecho al PP en las últimas citas electorales. Éste es el discurso, aunque esta semana ha sido evidente su incomodidad para resituarse ante la decisión de Rivera de jugar sin reglas para recuperar un hueco de protagonismo en la oposición agitando las sospechas sobre la tesis del presidente del Gobierno.

El «caso del máster» complica el camino, al menos es un obstáculo claro y reconocido incluso dentro del PP, porque el equipo que ahora dirige Génova pretende reivindicar para sí la bandera de la regeneración y de la ejemplaridad. De hecho, sostienen que ésta será una de las señas de identidad de su estrategia para responder a los casos de corrupción que vienen «del pasado» y que están pendientes de juicio. «El máster no nos inhabilita para presentarnos como una nueva dirección que rompe radicalmente con la anterior». Génova dice que es cuestión de tiempo. De resistir y esperar a que pase el bache, con una confianza ciega en la información que manejan y que apunta en la dirección de que la polémica sobre los estudios de su presidente nacional tendrá un recorrido «muy corto» en el Supremo aunque decida abrir una investigación.

Mientras esperan a que ese escenario previsto se confirme, el PP tiene que prepararse para las novedades que el otoño traerá en relación a los «papeles de Bárcenas», pendiente de juicio, y de otros capítulos de ese «pasado» del que hablan y que colean todavía en los tribunales. Para las expectativas electorales del PP es decisivo que ese ruido quede bien circunscrito a la etapa previa al Congreso de julio. Y la nueva cúpula popular exhibe su convencimiento en que el cambio en el liderazgo y en el equipo que dirige Génova marcan «un antes y un después» dentro del PP y también ante la opinión pública. Con Rajoy como «número uno» los dirigentes de la primera línea que ahora representa al PP –Casado, Javier Maroto o Andrea Levy– contuvieron la verbalización de su rechazo a todo lo que significaban dentro del partido los Bárcenas, Correa, «El Bigotes» y demás personajes que han protagonizado la política y la vida judicial en los últimos años. Tras las elecciones municipales de 2015, y a cuestas con los malos resultados de aquellos comicios, la cúpula que entonces presidía Rajoy los fichó como escudo para vender la imagen de que todo cambiaba sin que ellos dieran un paso atrás. A ellos les tocó dar la cara por el PP en los momentos más críticos por la corrupción y en los contextos también más complicados. Detrás estaban las instrucciones de Génova y también del entonces jefe de Gabinete de Rajoy, Jorge Moragas. Y ahora que contra pronóstico les ha llegado el momento de dirigir la estrategia sin someterse a las limitaciones del anterior equipo, su futuro pasa porque superen con éxito la prueba del máster. Trasladan no ser conscientes del problema, pero que le dan una importancia relativa. «No somos lo mismo de antes y esto es evidente. Y el tema del máster no tiene nada que ver con los problemas con la corrupción que han dado aire a Rivera hasta ahora». Cuando vuelvan a la primera línea los «papeles de Bárcenas», por ejemplo, su desvinculación con esa etapa será total. Luego la teoría se medirá en sus resultados y en la capacidad de imponerse a la agenda, incluso aunque vaya en contra, con la bandera del voto útil que será el eje de su campaña electoral. Fuera de Génova sí hay más temor reconocido a que los plazos de la decisión del TS sobre el «caso del máster» les perjudiquen electoralmente.

La corrupción será un tema principal en la competencia con Cs, como también Cataluña. Hay debate sobre hacia dónde dirigir la acción política, pero la tesis mayoritaria se inclina por no entrar a buscar el cuerpo a cuerpo con Rivera. La implicación de la dirección popular en la movilización social estará ligada a los actos de Sociedad Civil Catalana. «La diferencia entre un partido de Gobierno y un partido oportunista se tiene que marcar en estos ámbitos», se justifican.

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