La criptomoneda que quiere la Generalitat

Pretende crear una economía paralela en la nube muy difícil de llevar a la práctica.

Una imagen del bitcoin, la moneda digital por excelencia
Una imagen del bitcoin, la moneda digital por excelencia

Pretende crear una economía paralela en la nube muy difícil de llevar a la práctica.

El miércoles pasado, en una noticia publicada por la web de TV3, se afirmaba que la Consejería de Economía quería llevar a cabo un programa similar al de residencia digital y criptomoneda, de Estonia. El objetivo es crear una economía independiente de cualquier banco y que resida en la nube. ¿Es posible esto? ¿Cómo funcionaría?

Desde 2005 en Estonia, un tercio de los votantes envían sus papeletas por medios electrónicos, desde su hogar. Durante más de una década el sistema ha demostrado ser fiable y brinda confianza a los ciudadanos de esta nación báltica. Probablemente porque el sistema se basa en la tecnología blockchain. La misma en la que se sostiene la famosa criptomoneda bitcoin.

Crear certificados de residencia electrónicos utilizando esta tecnología no es complejo, Estonia ya lo está haciendo para estimular la economía local y facilitar las inversiones de extranjeros que, desde 2014, suman más de 20.000 empresarios de 143 países.

Blockchain es, básicamente, una base de datos donde la información se distribuye entre los participantes. Toda la información. Así, cuando dos personas o entidades, quieren firmar un contrato, pueden prescindir de un organismo regulador o un ente estatal que sea el elemento neutral. En pocas palabras, se trata de una máquina de generar confianza: allí está todo escrito y no se puede modificar excepto cuando haya acuerdo mutuo. Se supone que los intentos por vulnerar esta tecnología no darían fruto ya que los códigos viejos, que comparten todos los usuarios, no coincidirían con los nuevos que pueda introducir un hacker.

Todo esto indica que, para crear certificados de residencia electrónicos, sería preciso publicar toda la información personal en una red protegida pero accesible y concensuada y de la cual el Govern no debería tener el control, ya que en la tecnología blockchain no hay un miembro más importante que otro. Lo bueno de este modelo es que es independiente, lo negativo es que los datos personales de millones de personas formarían parte del «contrato» en la nube.

Ahora, hacerlo con una moneda es algo más complejo. Si bien la tecnología blockchain aplicada a criptomonedas sigue el rastro de todas las transacciones y sabe exactamente quién, cuándo y dónde gasta su dinero, fue necesario bastante tiempo para que pudiera tener un valor real de cara a la gente, es decir que confiaran en él como inversión. Igual que ocurre con el yen, el euro o el dólar. El problema es que la confianza en la tecnología no es lo mismo que fiarse de una moneda. En otras palabras: podemos sentirnos seguros ante los sistemas de impresión de la corona islandesa, el franco suizo o el rublo ruso...pero eso no quiere decir que confiemos en el valor de esa divisa en el mercado.

Para lanzar su propia moneda y crear una economía independiente, quien quiera que lo haga, debe garantizar que la tecnología sea fiable y debería ser aceptada ampliamente, de lo contrario más que una economía en la nube sería una en el aire. Una medida de este calibre requiere tiempo para diseñar el sistema blockchain que soporte la moneda, lanzar una oferta pública, determinar su valor en el mercado, analizar cómo se implementará a nivel oficial y si será posible su cambios a otras monedas y con qué parámetros, pues lo que interesa es que sea una divisa tentadora para las exportaciones. Lo dicho, es un tema muy complejo.

Eso sí, de llevarse a cabo y al quedar registrada todas las transacciones, no hay espacio para el lavado de dinero o la corrupción.