La decadencia de la «flecha negra»

La Razón
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Artur Mas que por su velocidad como delantero cuando jugaba fútbol le llamaban «la flecha negra» vive sus horas más difíciles como político. Igual que Ronaldinho después de ganar la Champions, que en la temporada 2007-2008 apenas marcó siete goles, todos excepto uno a balón parado, el president de la Generalitat ya no ríe. Hace poco más de un año, firmaba orgulloso el decreto de convocatoria de la consulta para el 9 de noviembre. Se hacía un hueco en los libros de Historia donde quería ser recordado como el primer president de la Generalitat en convocar una consulta soberanista. Pero un año después escribe otra efeméride, la del hombre que dinamitó CiU, el partido que durante décadas ha representado a la mayoría del pueblo catalán. En 2002, cuando Jordi Pujol le señaló como heredero Mas decía sobre la independencia que era «un proyecto político para el 15 o el 20 por ciento de nuestra sociedad» y que por lo tanto no le convenía defender a CiU. Entre otras cosas porque «yo me quiero dirigir a la mayoría del país y esta mayoría no está por la independencia», decía Mas, y porque «un político que se dedica a hacer un discurso muy excitante dirigido a una parte minoritaria de la población (...) creo que es un político que lleva el país hacia un escenario de frustración». Mas se convirtió en president en 2010 con un discurso en el que estaba vetado la palabra independencia. Sedujo a socialistas y ecosocialistas desencantados con el tripartito con una propuesta a favor de la España plurinacional y, eso sí, que defendía un pacto fiscal para Cataluña. Pero dos años después CDC cambió de guión. Se abrazó a la «estelada» en el congreso que celebró en marzo y tras el 11 de septiembre y la famosa multitudinaria manifestación por la independencia de Cataluña que organizaron la ANC y Òmnium Cultural, enterró el pacto fiscal para apostar por un «Estado propio». Pese a perder doce diputados en las elecciones de 2012 en las que ya abogó por la independencia, siguió adelante con su idea de pasar a la historia como el hombre que intentó construir un estado catalán, sin importarle que se llevaba por delante. Rompió CiU, su nombre despierta cada día más recelos y ya no ríe. CDC asediada por la corrupción, se presenta a una elecciones sin sus siglas ni ilusión. Mas se arrastra por el terreno de juego, como Ronaldinho antes de que Guardiola lo echara. La flecha negra es leyenda.