La desobediencia de la ANC empieza en la calle

La ANC presionará mañana en las calles para exigir «unidad» a la CUP y a Juntos por el Sí en su acción política.

La Asamblea Nacional Catalana (ANC) siempre ha despertado suspicacias en el mundo soberanista por el sesgo de su acción. Aunque la ANC ha querido proyectarse siempre como una entidad transversal, su afinidad con Convergència ha quedado varias veces al descubierto, particularmente cuando se alineó con su idea de una lista unitaria de cara a las pasadas elecciones catalanas. Mañana su proximidad a CDC volverá a quedar en evidencia, ya que saldrá a las calles a exigir «unidad, Govern e independencia», un eslogan que podría haber escrito el propio Artur Mas.

La iniciativa de la Asamblea no ha sido bien recibida por ERC y por la CUP. Por los primeros, porque entienden que puede ser contraproducente introducir más presión sobre los anticipitalistas para llegar a un acuerdo, y por los segundos, porque se trata de una manifestación que en ningún momento ha querido consensuarse con su partido.

El número uno de la CUP, Antonio Baños, admitió que «no le gusta» esta concentración en el paseo dels Til·lers del parque de la Ciutadella porque «no es todo, ancha que debería ser, porque no cuenta con el acuerdo de otras entidades que no estarán y porque no se ha consultado a todos».

El presidente de ERC, Oriol Junqueras, dio cobertura a la manifestación pero envió una advertencia muy clara a sus organizadores para no pasar de rosca los mensajes dirigidos a la CUP. «Si la ANC convoca para presionar la CUP, es un error muy grave», alertó el líder de Esquerra, que añadió: «La ANC no puede presionar un partido, perdería la condición de transversal».

Lo cierto es que la manifestación puede introducir elementos de mayor estrés en las conversaciones que mantienen Junts pel Sí y la CUP para sellar un acuerdo de gobernabilidad. Los dirigentes de Junts pel Sí confían en llegar a un acuerdo pese al doble rechazo que ha sufrido Mas en la sesión de investidura, y la CUP asegura que «no dejará escapar esta oportunidad».

Existen mimbres, nadie los niega, para alcanzar un acuerdo pero persisten algunas diferencias en cuanto al Govern. La CUP asegura ante los medios que mantiene su veto a Mas, pero en Junts pel Sí están convencidos de que éste es el mecanismo que los anticapitalistas están empleando para obtener un pacto a su medida.

A la vista de que la figura de Mas se está zarandeando, el presidente de la Generalitat en funciones tuvo ayer un ataque de dignidad. «El movimiento que teníamos que hacer para llegar a un acuerdo ya lo hemos hecho», dijo con el propósito de enviar un mensaje de firmeza tras haberse rebajado a someterse a una cuestión de confianza en un plazo de diez meses para que la CUP pueda sacrificarlo si es necesario.

Por su parte, el número uno de la CUP, Antonio Baños, introdujo un matiz inédito hasta la fecha consistente en no descartar que su formación pueda entrar a formar parte del nuevo Govern, siempre y cuando se llegue a un acuerdo con Junts pel Sí para descabalgar a Mas. «Ahora mismo no veo las circunstancias para entrar en el Govern pero las circunstancias son absolutamente mutables y pueden cambiar», aseguró Baños.

En paralelo, el grupo parlamentario de Junts pel Sí acordó, en una reunión extraordinaria en Poblet, ratificar a Mas como su único candidato a la investidura como presidente de la Generalitat. «Por unanimidad, nuestra propuesta es Artur Mas», explicó la portavoz parlamentaria de Junts pel Sí, Marta Rovira, al acabar el encuentro, al que no acudieron ni Mas, ni el líder de ERC, Oriol Junqueras, ni la vicepresidenta y portavoz del Govern en funciones, Neus Munté. También acordaron «por unanimidad» seguir adelante con las conversaciones con la CUP, porque este «mandato democrático» para poner rumbo a la independencia «no lo habíamos tenido nunca y la gente no nos perdonaría» un fracaso negociador, añadió.

Tanta es la confianza que existe en un acuerdo que todas las partes implicadas han coincidido en ahuyentar el escenario de unas nuevas elecciones en marzo. Todos temen que un desacuerdo les pase factura en las urnas y que los 72 diputados que ahora suman entre Junts pel Sí y la CUP queden por debajo de 68, lo cual acabaría con el proceso estrellado. «Esos 72 diputados son un tesoro», expresó Baños gráficamente.

Aunque el desenlace va a tardar todavía varios días y que la CUP insiste en los «nombres de consenso», todos se preguntan cuánto tiempo resistirá la presión de Convergència.