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Doña Cristina: «No fui un escudo fiscal en Aizoon»

La Infanta defiende ante el tribunal la confianza en su marido y el convencimiento de su inocencia.

  • La Infanta Cristina durante su comparecencia ante el tribunal
    La Infanta Cristina durante su comparecencia ante el tribunal

Tiempo de lectura 4 min.

04 de marzo de 2016. 02:56h

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3/3/2016

La Infanta Cristina defendió ayer su inocencia ante el tribunal del «caso Nóos», se desvinculó completamente del día a día de Aizóon, al insistir en que no participó «en la administración y en la gestión» de la sociedad que compartía con su marido, y defendió a Iñaki Urdangarín. «Confío plenamente en mi marido y estoy convencida de su inocencia», dijo al tribunal.

Tras catorce días de juicio, la hermana del Rey se sentó frente al tribunal para, dos años después de comparecer ante el juez José Castro, volverse a defender de la acusación de Manos Limpias –que no secundan ni la Fiscalía ni la Abogacía del Estado–, que pide para ella ocho años de prisión al considerarla cooperadora necesaria de los 182.005 y 155.138 euros que su marido defraudó a Hacienda en el IRPF de 2007 y 2008 por tributar a través de Aizoon, la empresa que compartían al 50%, sus ingresos por labores de asesoría a diversas empresas, consiguiendo un tratamiento fiscal más favorable.

Nada más comenzar su declaración de apenas veinte minutos –pues sólo contestó a las preguntas de su defensa– explicó a la Sala que no tiene conocimientos tributarios y que era Urdangarín quien «se encargaba de las gestiones económicas de la familia».

Secundando la versión del ex duque de Palma, recordó que Aizoon se creó en febrero de 2003 «para canalizar los ingresos profesionales de mi marido». Él le pidió que figurara como socia, dijo, y lo aceptó por una cuestión de «confianza». «No teníamos ninguna prohibición de la Casa Real para constituir una sociedad y por supuesto que me asesoré con Carlos García Revenga (ex secretario de las Infantas)», dejó claro. Su papel se limitó, añadió, a firmar ante notario las escrituras de constitución de la empresa, confiando en su marido y en sus asesores. Pero ella no participaba en la gestión: «Mi marido era el administrador y quien tomaba las decisiones, siempre asesorado por su asesor fiscal». También negó de forma enérgica que su presencia en la empresa se limitase a utilizarla como «escudo fiscal» frente a Hacienda. «Si me lo hubiesen propuesto, no lo hubiera aceptado nunca», convencida de que, en ese caso, la supervisión tributaria «hubiese sido aún mayor». «Todo lo que hacíamos estaba controlado», insistió.

«Nunca asistí a ninguna junta, ni para la aprobación de las cuentas anuales ni para ningún otro asunto. Me pasaban las actas a la firma y por la confianza que tenía en mi marido y en sus asesores, las firmaba», relató.

«¿En cuántas personas confiaba usted en esa epoca?», le preguntó su abogado. «Por supuesto, en mi marido, en García Revenga, en el asesor de la Casa Real, en esa época en mis compañeros de trabajo y en temas jurídicos, en José Manuel Romero». «¿Y en el que era asesor fiscal de su marido?», quiso saber su defensa. «Ahora no», contestó lacónica a la vista de la situación procesal del ex duque de Palma.

La Infanta también se desvinculó de la contratación de empleados en Aizoon: «Yo no sé si tenía trabajadores, sé que mi marido trabajaba con personas, aunque no sabía con qué relación laboral». Y aunque el despacho de la sociedad se encontraba en la misma vivienda familiar, añadió que «no veía quién entraba y quién salía. Me iba temprano».

Las cuentas de Aizoon también las desconocía. «Nunca he sabido los ingresos y los gastos. Sólo sé que mi marido canalizaba sus ingresos de consultoría y asesoramiento, y de consejero de varias empresas, a través de Aizoon», recalcó.

Ni tenía firma autorizada en la empresa ni poderes. Y tampoco podía acceder al saldo de las cuentas bancarias. Aunque admitió que firmar como arrendadora y arrendataria fue «una equivocación porque yo no podía firmar en representación de Aizoon», algo de lo que se ha dado cuenta «en este procedimiento».

Como explicó Urdangarín al tribunal, ratificó que su tarjeta de Aizoon (con la que según su defensa se hicieron nueve gastos en seis años) la custodiaba su marido. «No recuerdo haber hecho ningún pago», añadió. «No disponía ni de la clave de acceso», subrayó. En esa misma línea, aseguró que no recibía ni los extractos bancarios de la empresa ni tenía constancia de que se cargaran gastos personales. «Nunca he dado instrucciones a nadie ni he entregado facturas a la secretaria de mi marido», hizo hincapié. Tampoco recibió ningún dividendo de esa empresa.

Respecto a la contratación del servicio doméstico, dado de alta como empleados de Aizoon, explicó que era el matrimonio quien seleccionaba el personal, «y, a partir de ahí, era mi marido con sus asesores quienes decidían cómo se hacía la contratación. Desconozco cómo se les dio de alta en la Seguridad Social». Sí quiso dejar claro, sin embargo, que en ningún caso se les pagó con dinero negro. «Rotundamente no», se defendió.

Igualmente, rechazó que pagara viajes familiares con la tarjeta de Aizoon. «No pagué esos viajes. Los gestionó mi marido. Desconozco cómo se hizo. Teníamos divididas las funciones y era él quien se encargaba de las gestiones familiares. He averiguado después, en esta causa, que se pagaron a cargo de Aizoon». Porque entre ellos, añadió, no hablaban de esos temas. «Mi marido no me informaba de la marcha de la sociedad. No le preguntaba, porque no eran temas que me interesase hablar con él. En esos años nuestros hijos eran muy pequeños y estábamos muy ocupados», recordó.

Confirmó, como ya había apuntado su marido, que sus declaraciones de la renta las hacía un asesor fiscal de la Casa Real, Federico Rubio, y recordó que en diciembre de 2014 consignó en la Agencia Tributaria una cantidad para hacer frente a las posibles responsabilidades civiles.

Por último, negó haber tenido cuentas en paraísos fiscales. «Ahora sí tengo una cuenta en Suiza, porque resido allí, pero está declarada», matizó a instancias de su abogado.

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