Política

La sonrisa de Franco

El 20 de noviembre de 1975, el general Francisco Franco fallecía de muerte natural en la residencia sanitaria madrileña de La Paz. El entonces presidente del Gobierno, Arias Navarro, comunicó, muy emocionado, a los españoles el fallecimiento del hombre que había dirigido los destinos de España entre abril 1939 y noviembre de 1975. Terminaba una época que no podía volver.

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A su muerte el propio Franco ya había dejado esbozado que iba a pasar en España a su desaparición. En 1971 el presidente Nixon envió a España al general Vernon Walters a entrevistarse con Franco. En Washington estaba preocupados, en plena Guerra Fría, por el futuro de una España sin Franco. Desde comienzo de los 50´ los estadounidenses habían apostado por la amistad y continuidad del régimen franquista. Walter pregunto al propio Franco que iba a pasar a su muerte y este respondió: «Se lo voy a decir. Yo he creado ciertas instituciones, nadie piensa que funcionarán. Están equivocados. El Príncipe será Rey, porque no hay alternativa. España irá lejos en el camino que desean ustedes, los ingleses y los franceses: democracia, pornografía, droga y qué sé yo. Habrá grandes locuras pero ninguna de ellas será fatal para España». Walters volvió a preguntas: «Pero mi general, ¿cómo puede usted estar seguro?». Franco respondió, «porque yo voy a dejar algo que no encontré al asumir el gobierno de este país hace cuarenta años, la clase media española. Diga a su presidente que confíe en el buen sentido del pueblo español, no habrá otra guerra civil». Franco estaba razonablemente acertado, aunque no fue capaz de imaginar que, casi treinta años después de su muerte, el rumbo que había trazado se iba a torcer.

El hasta entonces príncipe Juan Carlos de Borbón subió al trono como Juan Carlos I en virtud de la Ley de Sucesión a la Jefatura del Estado promulgada a instancias de Franco y aprobada por la Cortes orgánicas en 1947: “El VII de los Principios del Movimiento Nacional establece que la forma política del Estado español es, dentro de los Principios inmutables del Movimiento Nacional y de cuanto determinan la Ley de Sucesión en la Jefatura del Estado y demás Leyes Fundamentales, la Monarquía tradicional, católica, social y representativa”. Un ley que vio culminado su desarrollo por la ley 62/1969, de 22 de julio, en la que se decía: “(...) estimo llegado el momento de proponer a las Cortes Españolas como persona llamada en su día o sucederme, a título de Rey, al príncipe Don Juan Carlos de Borbón y Borbón, quien, tras haber recibido la adecuada formación para su alta misión y formar parte de los tres Ejércitos, ha dado pruebas fehacientes de su acendrado patriotismo y de su total identificación con los Principios del Movimiento y Leyes Fundamentales del Reino, y en el que concurren las demás condiciones establecidas en el artículo noveno de la Ley de Sucesión”.

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A lo largo de cinco años el futuro rey de España vivió bajo la sombra de Franco a la espera de hacerse cargo de los destinos de España. Cuando Franco murió, se diga lo que se diga en la actualidad, entre el dolor y aprecio de una gran parte de los españoles, el ya rey Juan Carlos I decidió que su antecesor fuera enterrado en la Basílica del Valle de los Caídos, al tiempo que concedía el título del señorío de Meirás el 26 de noviembre de 1975 , con carácter personal y con Grandeza de España, a Carmen Polo de Franco. Simultáneamente el nuevo rey concedió el ducado de Franco, con grandeza de España, a Carmen Franco y Polo, por entonces marquesa consorte de Villaverde, «en atención a las excepcionales circunstancias y merecimientos que en ella concurren».

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Durante los gobiernos de Adolfo Suárez, Leopoldo Calvo Sotelo, del socialista Felipe González y José María Aznar España dio un cambio que, como dijo Alfonso Guerra, <no la va a conocer ni su padre>. En estos años Franco, o mejor del lugar de enterramiento del anterior jefe del estado, solo era recordado por los franquistas el 20 de noviembre de cada año, ante la indiferencia de los distintos gobernantes, incluido el PSOE de Felipe González.

Todo cambio cuando subió a la jefatura del gobierno español el socialista José Luis Rodríguez Zapatero, un vallisoletano, nacido en 1960, que sólo tenía 15 años cuando murió Franco y que había vivido precisamente los años del desarrollismo franquista. Licenciado en Derecho desde 1982, tuvo un abreve carrera como profesor colaborado de Derecho Constitucional para, en 1986, dedicarse profesionalmente a la política dentro del PSOE.

Su acceso a la presidencia del Gobierno en el 2004 llevó a la actualidad la Guerra Civil española, convirtiéndose la Ley de Memoria Histórica (52/2007, de 26 de diciembre) en el principal objetivo político de <zapaterismo> en sus cuatro años de mandato. Una ley claramente ideológica, promulgada a los 68 años del final de la guerra y, que se diga lo que se diga, ha provocado una fractura, aún abierta, en la sociedad española del siglo XXI. Su promulgación fue fruto del vació ideológicos del socialismo español tras la caída del muro de Berlín en 1989 y la perdida de interés de los españoles en el viejo caballo de batalla del socialismo de la lucha de clases.

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El gobierno Rajoy no quiso cerrar la herida abierta por la Ley de Memoria Histórica, alentado la existencia de las dos España, seguramente por ser estas muchos menos belicosas que las que se enfrentaron en 1936. La llegada de otro profesor universitario, es un decir, al gobierno sirvió para que la Ley de Memoria Histórica fue relanzada con más fuerza en forma de Ley de Memoria Democrática. Con ella, junto a un gobierno sin presupuestos y acosado en su caladero de votos, a izquierda y derecha, la lanzada a moro muerto de la exhumación de Franco del Valle de los Caídos ha supuesto una complicada jugada de ajedrez qué, por fin, ha salido bien a Sánchez y que ante unas nuevas elecciones puede servirle para ganar algunos votos.

Seguramente Franco salga del Valle. ¿Lo hará con los honores de jefe de estado que le corresponde? ¿Será enterrado en la catedral de la Almudena como quiere y tiene derecho su familia? Pero por mucho que le duela al presidente en funciones Sánchez el general Franco, el Generalísimo, fue el vencedor indiscutible de nuestra trágica guerra civil, gobernó casi cuarenta años y gracias a Zapatero y a Sánchez una juventud española que no sabe quiénes son el Cid, Isabel la Católica y mucho menos Azaña o Espartero sabe quién es el general Franco. No sé cómo acabará la cuestión, pero si tengo claro que, a estas alturas, al general Franco todas estas cosas le dan igual y seguro que, si desde el cielo se puede ver lo que ocurre en la tierra, estará esbozando una sonrisa, la misma que ponía cuando el marido de su hija le contaba los chiste sobre Franco que tanto le gustaban.