Los barones del PP calibran ya el coste del «caso Cifuentes»

Génova participó en el debate de la renuncia del máster y se refugia en aguantar bajo el ventilador.

Génova participó en el debate de la renuncia del máster y se refugia en aguantar bajo el ventilador.

La dirección nacional del PP, con Mariano Rajoy a la cabeza, está en campaña interna para calmar la preocupación por el «caso Cifuentes. Los «mandos» territoriales no temen ya sólo por el coste de este escándalo en el PP de Madrid, sino también por su sangría a nivel general para la marca del partido. De aquellas primeras declaraciones de cierre total de filas se ha pasado a una inquietud muy perceptible por los daños colaterales de una crisis que territorialmente temen que «puede acabar mal o muy mal». La renuncia del máster por parte de la presidenta de la Comunidad de Madrid, Cristina Cifuentes, no apagó ayer estas alarmas. Al contrario, dentro del PP creen que llega tarde. Ven en ella intencionalidad judicial, para poner muros de contención a la posibilidad de que el nombre de Cifuentes se vea implicado en la investigación de la Fiscalía para detectar posibles ilícitos penales. Y creen, además, que no resuelve el problema medular de la presidenta, el de «la pérdida total de su credibilidad por las mentiras» detectadas en las distintas versiones que ha ido ofreciendo. Ayer ya no corroboró su explicación inicial de que había defendido su trabajo de fin de máster ante un tribunal académico, después de que la universidad haya negado que hubiera tribunal o defensa del trabajo.

La cúpula popular, sin embargo, insiste oficialmente en minimizar el alcance de esta crisis, y como antídoto para la caída del ánimo de sus bases sostiene que maneja datos que confirman que el partido aguanta bien fuera de Madrid a pesar de la presión de Ciudadanos. Pero este argumentario no apaga los temores dentro del PP por las consecuencias del serial madrileño que lleva ya casi un mes como protagonista de la actualidad política. Es un hecho que los «barones» calibran el coste para los intereses electorales del partido. Y es otro hecho que la renuncia al máster sólo se interpreta como una maniobra para ganar tiempo en un escenario en el que dentro del PP están ya convencidos de que Albert Rivera no va de farol con sus guiños a la moción de censura que convertiría al socialista Ángel Gabilondo en presidente de la Comunidad de Madrid.

Aquí hay varias partidas jugándose a la vez. Por un lado, la de Génova, que ha participado en el debate sobre la decisión de que Cifuentes formalizase su renuncia al máster, a pesar de que desde el PP de Madrid airearan la semana pasada que sólo negociarían con Rajoy. Otra partida es la que sigue jugando el PP regional, en su huida hacia adelante para no aceptar el fin de la carrera política de Cifuentes. Y otro plano es el pulso de Génova con Rivera. Ayer no sorprendió a nadie que la primera en pronunciarse sin matices a favor de Cifuentes, tras su renuncia al máster de la Universidad Rey Juan Carlos, fuera la secretaria general, y ministra de Defensa, María Dolores de Cospedal. Amigas, Cifuentes y Cospedal están unidas por razones que trascienden la polémica del máster y que tienen que ver también con el futuro en el liderazgo del PP.

El pasado lunes, el Comité de Dirección del PP abordó en su reunión la crisis de Madrid. No para valorar los daños, sino para explorar estrategias para resistir hasta el último momento antes de verse obligados a actuar para no perder el Gobierno regional. De lo hablado, el acuerdo fue insistir en «la política del ventilador», es decir, en responder dando aire a los nombres de otros políticos que han inflado sus currículums. Contestar con los casos de los otros partidos, como hizo ayer el portavoz del PP en el Congreso, Rafael Hernando, cuando se le preguntó por Cifuentes y recordó el caso de Toni Cantó, de Ciudadanos, y su falsa titulación como pedagogo. «Lo de Cantó es muchísimo más grave porque lo que puso en su currículum habilita para ejercer una profesión», incidió. El caso de Cifuentes es el de «un título que le han dado y por el que ha pagado», y otra cosa son «las condiciones por las que se lo dieron». De esto último, apuntó que «quien tiene que dar explicaciones es la universidad», sobre la que Cifuentes cargó todas las culpas para eximirse ella de cualquier responsabilidad.