Los disidentes de ETA se llevaron las armas de dos zulos del falso desarme

La banda entregó la semana pasada un lanzagranadas Jotake, una vez «limpio» de huellas

Pagazaurtundua exige una condena «sin cesiones»
Pagazaurtundua exige una condena «sin cesiones»

La banda entregó la semana pasada un lanzagranadas Jotake, una vez «limpio» de huellas.

Un número indeterminado de armas, largas y cortas; bombas lapa; explosivos y otros elementos con los que se pueden cometer atentados, estaban fuera del control de ETA cuando se escenificó la «entrega final» en la localidad francesa de Bayona, en abril del año pasado. Asi lo ha reconocido el sector «oficial» de la banda (gobernado desde España) en privado y trata de resolver el entuerto con entregas parciales de lo que se quedó para «limpiar». La semana pasada realizó una de estas entregas, una granada Jotake y su tubo lanzador.

Fuentes antiterroristas, consultadas por LA RAZÓN, trabajan con la hipótesis de que las armas y explosivos que faltan estaban en dos o cuatro zulos que ETA controlaba en su momento, pero que misteriosamente fueron vaciados semanas antes de la entrega. Las sospechas recaen en Ibil y sus organizaciones para presos (ATA) y política (Herritarrren Batasuna).

Al menos, es una de las líneas de investigación que se siguen ya que, de confirmarse, nos hallaríamos ante un grupo separatista vasco con armas (lo que no quiere decir que las vayan a empezar a utilizar de forma inminente) pero que ya tiene capacidad de cometer atentados.

El asunto es grave. En cualquier caso, se trata de armas que, en el mejor de los casos, estarían sin control por no haber ubicado ETA bien los zulos, lo que parece poco posible ya que los tenían señalados a través de GPS; y, en el peor y que se considera el más factible, en manos de disidentes.

Tal y como adelantó LA RAZÓN el 2 de mayo del año pasado, faltaban en los recuentos que se hicieron en el famoso «desarme» 40 bombas-lapa, de las que se colocan en los bajos de los coches y que se accionan con el movimiento. La ETA «oficial» facilitó ese día una serie de actas, con sellos de la banda y códigos alfanuméricos, correspondían a los artilugios que quería entregar en el supuesto «desarme total». Pero las cuentas oficiales que realizaron las Fuerzas de Seguridad francesas no se corresponden con dichas actas: de las 23 armas largas que debían haber sido entregadas, sólo había 13; de las 87 cortas, sólo 58; de las 60 bombas-lapa, sólo 20; de los 2.000 kilos de nitrometano, sólo 900; y faltaban 2.000 kilos de explosivos.

Lo cierto es que ETA habló en un principio de 12 zulos y, al final, sólo fueron levantados ocho, por lo que no tuvieron más remedio que tratar de ocultar lo que había ocurrido y que, según las fuentes que han informado a este periódico, no es más ni menos que un «robo» de los disidentes.

El asunto preocupa por el ambiente de «buenismo» que han pretendido crear. ETA ha optado por ir entregando, en pequeñas cantidades, una vez «limpiadas» con el fin de que no se puedan utilizar para identificar a los autores de atentados, las armas y otros artefactos que habían sido utilizados en acciones criminales. El encargado, tal y como publicó LA RAZÓN, es David Urdín Pérez y una decena de individuos que controla, la mayoría de ellos navarros.

El día 9 de este mes, los llamados «artesanos por la paz», que protagonizaron la pantomima de abril del año pasado en Bayona, se pusieron en contacto con la Policía Judicial de esta ciudad y le entregaron la geolocalización de una bolsa con armamento. Se trataba de una calle, Pierre George Latecoere de la misma Bayona, en la que los agentes encontraron una bolsa deportiva y en su interior una granada Jotake con su correspondiente tubo lanzador. Eran las que se utilizaban para atacar dependencias de las Fuerzas de Seguridad en las que vivían mujeres y niños junto a los agentes.

Este hecho, que tendrá su continuidad en el tiempo, conforme vaya avanzando la «limpieza», culminará con una entrega significativa el Aberri Eguna (Día de la Patria Vasca), el próximo 1 de abril. Para mayo está previsto, en principio, un anuncio de disolución de la organización criminal, pero con el precedente de que se han dejado «birlar» por los disidentes una importante cantidad de armas y explosivos, el futuro de la «paz» que siempre ofrecen (y que no es más que un final que termine en empate entre malos y buenos) se torna más que preocupante.

Las disidencias en ETA son un hecho y las ha reconocido hasta el propio secretario general de Sortu, Arnaldo Otegi.