Los talibán mataron al sargento Ureña con 35 kilos de explosivos

Morenés confirma que la mina tenía un segundo circuito de activación

El sargento David Fernández Ureña, de 35 años, era un experto artificiero que llegó a Afganistán en noviembre, con el último relevo
El sargento David Fernández Ureña, de 35 años, era un experto artificiero que llegó a Afganistán en noviembre, con el último relevo

Un minuto de silencio abrió la comparecencia del ministro de Defensa, Pedro Morenés, en el Congreso para informar sobre la muerte del sargento David Fernández Ureña en Afganistán el día 11. Y una frase sirvió para contextualizar la situación que se vive en ese país: «Estamos en zona de guerra y en las guerras se producen bajas». Morenés desveló que el artefacto explosivo improvisado (IED) que acabó con la vida del sargento estaba cargado con el equivalente a «35 kilos de dinamita» y que «había sido «manipulado».

El titular de Defensa relató lo ocurrido ese día, desde que a las 10:00 el Ejército afgano solicitó ayuda a las tropas españolas por un ataque de la insurgencia, hasta que a las 13:45 se produjo la explosión. Explicó que las tropas españolas del puesto de combate avanzado «Ricketts» de Moqur fueron las que recibieron la solicitud de ayuda y que a las 11:02 horas salieron en su apoyo. Durante el trayecto se alertó a los militares de que en el camino que debían seguir se había encontrado un artefacto explosivo, por lo que nada más llegar a ese punto, sobre las 12:10, iniciaron el protocolo de desactivación. El sargento Fernández Ureña era el jefe del equipo de desactivación de explosivos.

El primer paso incluye la aproximación mediante un robot, con el que se aisló la carga explosiva del dispositivo de activación. Tras esto, el sargento se acercó al artefacto para neutralizarlo, pero no contaba con que había sido modificado y explotó. Tal y como explicó Morenés, no se sabe con exactitud qué ocurrió entre la desactivación y la explosión, pero lo que es seguro es que el IED no era como los tradicionales, pues contaba con un segundo circuito de activación. La magnitud de la explosión provocó la muerte en el acto del que es ya el caído número 100 en Afganistán.

Una guerra en la que estos artefactos han acabado con la vida de 11 militares españoles y un intérprete desde 2002, el 78% de las bajas en combate (de los 100 caídos, 81 murieron en accidentes, 5 por causas naturales y 14 por disparos o explosivos).

Pero a España le queda cada vez menos tiempo en esta guerra, pues el ministro recordó las intenciones del Gobierno de aumentar lo máximo posible el porcentaje de militares que se replegarán este año. Pero para el tiempo en el que las tropas españolas sigan allí y, sobre todo, para garantizar su seguridad en la peligrosa tarea de la salida, hizo hincapié en que se deplegarán los vehículos «Husky» de detección de minas (a finales de febrero) y los helicópteros «Tigre» (operativos en los próximos meses).

La misión de entrenamiento en Mali costará 3,8 millones

Con 302 votos a favor, 18 en contra y dos abstenciones, el Congreso ratificó la participación de España en la operación militar en Mali. Los ministros de Defensa y Exteriores, Pedro Morenés y José Manuel García-Margallo, respectivamente, acudieron para pedir la autorización de las aportaciones españolas a la misión, aprobadas en el Consejo de Ministros el día 18. Unas aportaciones que consisten, por un lado, en el envío de un avión de transporte con 50 efectivos como apoyo a Francia (además del uso del espacio aéreo y las bases) y, por otro, el despliegue de unos 50 instructores en la misión de entrenamiento de la UE (EUTM-Mali). Una misión esta última que supondrá un gasto para España de 3,8 millones durante los 15 meses que está previsto dure.