Política

Guardia Civil

Mucho ruido y pocas balas

La Razón
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Todos sabíamos lo que iba a ocurrir nada más ver la cara desencajada de los supuestos «mediadores» o «verificadores» extranjeros, que poco o nada conocen de España, del País Vasco y del dolor, sufrimiento y terror que ha generado durante décadas ETA y quienes les han apoyado, simplemente porque no lo han vivido y no han estado aquí antes, ni siquiera de visita, y sólo han venido cuando por medio han tenido 300.000 suculentos euros, sin que además esté clara la procedencia de tan pingües beneficios. Y es que no es para menos estar avergonzados del resultado, que no es otro más que una inmensa burla de la banda terrorista hacia todos los demócratas, con esos 300 cartuchos entregados por ETA a 1.000 euros por bala, como si fuesen balas de oro, cuando son balas manchadas con la sangre de inocentes. Pero es que, además, por mucho que intenten disimularlo, lo único que ha quedado «verificado» es que ETA sigue armada hasta los dientes, sigue teniendo pistoleros y sigue sin disolverse, que es lo único que esperamos todos los demócratas. Por ello, la única respuesta que cabe desde el Estado de Derecho es que ETA pierda toda esperanza de impunidad persiguiéndoles nuestros Cuerpos y Fuerzas de Seguridad del Estado por tierra, mar y aire sin que exista refugio seguro en ningún lugar del mundo para ellos porque el Estado de Derecho no va a ser un colador lleno de agujeros, sino un embudo cuya única vía de escape es el camino a la cárcel y que tengan claro que cuanto antes se entreguen, antes cumplirán sus condenas.

Incluso en Euskadi, la ciudadanía está hastiada de sus teatros y de sus macabras marionetas. Como muestra de ello, el viernes en Elorrio, en un bar, mientras emitían en ETB en directo la vergonzante rueda de prensa de los «verificadores», anunciado por algunos como un acontecimiento importante, en una mesa continuaban jugando a las cartas, y en la barra otros seguían charlando, absolutamente nadie miraba a la televisión ni hacía caso a la pantomima de ETA. Y es que la paciencia de todos hace ya mucho tiempo que se agotó.