Política

Londres

No nos abronquemos, que es peor

La Razón
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Las Naciones Unidas aprobarán dentro de unos días una resolución rutinaria sobre Gibraltar que una vez más establece, reafirmando otras del organismo, que estamos ante un caso de descolonización y que los gobiernos, España y Reino Unido, deben seguir negociando. Que esto se reitere no es nada malo para nosotros pero la resolución, el resumen que nos llega, no es tampoco algo frescamente regocijante. Las dos partes que cuentan, Londres y Madrid, pueden hacer la lectura que les conviene para venderla a su clientela. Es lo que acontece con muchas resoluciones de la ONU, recordemos la 1441, que para los americanos, británicos, etc. era suficiente para iniciar el conflicto de Irak y para los alemanes y franceses no bastaba. Incluso la aún más antigua y famosa 242, que hablaba de la retirada de Israel de los territorios ocupados tenía una diferente interpretación según la versión idiomática en que fue vertida. En una lengua se decía de «los territorios ocupados», en otra de «territorios ocupados», es decir, no de todos según esta última.

En la resolución de Gibraltar de marras, que ya ha pasado el trámite de la Comisión correspondiente, la IV, se repite que habrá que respetar los intereses y las aspiraciones de los gibraltareños, fórmula que se empleó el año pasado y que España ya aceptaba en el «reinado» de Matutes, Piqué y los que siguieron, «los intereses», no «los derechos», matiz importante. La novedad de este año es que se añade algo así como «siempre que esas aspiraciones o intereses sean coherentes con el Derecho Internacional». La adición nos resulta útil porque siempre hemos sostenido, y es sustancialmente la doctrina de la ONU, que en Derecho Internacional la autodeterminación no puede primar sobre la integridad territorial de un país. En otras palabras, la voluntad de los gibraltareños no puede pasar por delante de la integridad de la nación España.

Es pertinente haber metido ese añadido, punto para el negociador, pero no bebamos con cava. ¿Cómo interpretan los británicos, ¿cómo venden esa coherencia con el Derecho Internacional? Pues desde hace años nos dicen una y otra vez que en este caso lo interpretan como que no nos pueden dar Gibraltar hasta que los habitantes del Peñón estén de acuerdo. Es decir, para ellos, la voluntad de 38.000 personas prima sobre dejar a España amputada del territorio que nos quitaron en la guerra de sucesión, que no de secesión. Con la voluntad de los seis millones de chinos de Hong Kong, sin embargo, se fumaron un puro bien grande hace pocos años.

Resumiendo, podemos concluir que Madrid y Londres, sin cambios sustanciales, ¿ hemos ganado cinco pulgadas con la frase?, han decidido archivar las broncas, las recriminaciones y, esto es bueno, seguir hablando. ¿Por cuánto tiempo?