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Nuevos candidatos y dudas sobre si Feijóo dará el paso

Si el gallego renuncia se abre la expectativa de un duro duelo entre Santamaría y Cospedal

  • El ex presidente del Gobierno, en una sesión de control al Ejecutivo en el mes de marzo / Jesús G. Feria
    El ex presidente del Gobierno, en una sesión de control al Ejecutivo en el mes de marzo / Jesús G. Feria

Tiempo de lectura 4 min.

16 de junio de 2018. 05:57h

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Carmen Morodo.  16/6/2018

El ex ministro de Asuntos Exteriores José Manuel García Margallo ha sido el primero en levantar la mano ante el Congreso del PP de julio en el que se decidirá la sucesión de Rajoy, pero no va a ser el único. En las próximas horas se formalizará otra candidatura ajena a los nombres de los supuestos favoritos en la carrera sucesoria. Todo está abierto. Los principales señalados han seguido guardando silencio, midiendo sus fuerzas y sus posibilidades en un escenario político complicado para el partido, mientras la ausencia de noticias infla la desesperación interna. El PP es un partido en estado de nervios y crujido por la incertidumbre sobre cuál va a ser su futuro líder y las consecuencias del cambio en el «aparato» de Génova. A la traumática salida del poder, con sus efectos dolorosos para todos los cargos del Gobierno que han perdido sus despachos, se une la expectación del «aparato» marianista por conocer en qué lugar van a quedar cuando llegue el nuevo equipo que ocupará Génova después del Congreso de finales de julio.

En esta última ansiedad también se enmarcan algunos de los movimientos que ya han empezado a producirse para tomar posiciones antes las candidaturas que se puedan formalizar en los próximos días. El cambio en la Presidencia del PP implicará por de pronto un cambio en los equilibrios de poder, al tiempo que desde algunos ámbitos del partido empieza a agitarse la demanda de que también se produzca un debate sobre «los errores» en las políticas aplicadas en los últimos años y respecto al proyecto de futuro en cuestiones clave como Cataluña, la reforma de la Constitución que la izquierda vuelve a poner sobre la mesa o en relación al Estado del Bienestar.

Hoy se confirmará que la idea de la dirección nacional de una lista unitaria tendrá que trabajarse intensamente en las próximas semanas para que se haga realidad porque de partida habrá más de dos aspirantes, y eso sin contar con ninguno de los nombres más señalados hasta ahora en las quinielas populares: el del presidente de la Xunta, Alberto Núñez Feijóo; el de la secretaria general, María Dolores de Cospedal; y el de la ex vicepresidenta Soraya Sáenz de Santamaría.

En el caso del dirigente gallego, el PP está desconcertado por las vueltas que está dando a una decisión que internamente se daba por hecho que se produciría antes de que la moción de censura precipitara el proceso sucesorio. Dicen quienes aseguran que están presuntamente al tanto de sus reflexiones que su situación familiar pesa en sus dudas.

Incluso desde su entorno han alentado en los últimos días la sensación de que podría inclinarse por no presentar su candidatura a pesar de que la presión hace que una decisión en ese sentido sería difícilmente entendible dentro del PP. Y eso que Feijóo ya amagó antes de las anteriores elecciones autonómicas con abandonar la política para dedicarse al ámbito privado. Entonces le convencieron para que aguantase y ganó contra pronóstico por mayoría absoluta. Su silencio alienta hasta que haya novedades las expectativas sobre un duelo entre Cospedal y Sáenz de Santamaría.

En este manejo de los tiempos por parte de los potenciales candidatos influye que antes de dar un paso adelante tantean aunque sea de manera informal los posibles apoyos y consensos que generan a su alrededor. El PP mantiene las formas y la disciplina de unidad, pero hay tensiones internas que pueden convertirse en un problema si la sucesión de Rajoy se cierra en falso y el nuevo liderazgo no consigue buenos resultados en las próximas elecciones. Las autonómicas y municipales están a menos de un año, y antes es posible que haya elecciones en Andalucía, por lo que el PP tiene poco margen para reajustarse y para que el Gobierno se equivoque.

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