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«Parece que ha venido Pablo Escobar»

  • «Parece que ha venido Pablo Escobar»

Tiempo de lectura 4 min.

21 de mayo de 2019. 03:43h

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Pablo Gómez 21/5/2019

Aunque en un principio eran los cuatro diputados en prisión provisional los que tenían, por orden del Supremo, limitados sus movimientos en el Congreso, fueron finalmente los periodistas los que siguieron la acreditación de Junqueras, Rull, Turull y Sánchez detrás de un cordón de seguridad. Sin capacidad para apenas moverse ni más posibilidad de seguir lo que ocurría en el interior de la sala en la que cumplían con los trámites pertinentes –la grabación de los vídeos propagandísticos, las buenas formas de los ujieres y de los trabajadores del Congreso con los presos, el encuentro inesperado con el ex ministro Catalá...– que la que permitía la puerta entreabierta que dejaban actores secundarios como Alberto Garzón y Joan Baldoví.

Llegaron procedentes de Soto del Real pocos minutos después de las diez de la mañana. El trayecto no fue en furgones –como a diario en su camino al Supremo– sino en coches y los diputados lo agradecieron. «Estaban contentos porque han visto el paisaje» aseguraban en el entorno de Junqueras.

Accedieron directamente al aparcamiento del edificio y allí su custodia pasó a manos de la Policía del Congreso, de paisano, con un seguimiento poco invasivo. «Fue respetuoso», aseguraban desde Esquerra: «Hubo normalidad dentro de la anormalidad». Ya en el hall, frente a los ascensores, se encontraron con sus compañeros de bancada. Fueron recibidos entre tímidos aplausos del resto de diputados de ERC y de JxCat. También de algunos parlamentarios de Bildu. Rufián y Borrás ejercieron de anfitriones y grabaron los vídeos de la polémica. El de ERC mimó a Junqueras durante el trance de la entrega de las credenciales, abrazo incluido.

Ya puestos a la faena, entregaron sus declaraciones de bienes y actividades, se hicieron la foto para la web de la cámara y recibieron la cartera oficial de diputado, que, sin embargo, tuvieron que dejar en consigna al no poder llevarla hasta la celda de Soto. De lo que no disfrutaron, ni fugazmente, fue del móvil y del ordenador que ya tienen en posesión los otros 346 diputados.

Fue Rufián el que en nombre de todos leyó un escrito: «Mañana volveremos a estar aquí y tendremos la oportunidad de mirar a la cara a los que nos quieren encerrados en la cárcel y nos quieren callados y sometidos y silenciados, y lo haremos con la sonrisa de la victoria». No dio, sin embargo, pistas sobre lo que harán Junqueras y el resto de diputados presos en el caso de que sean suspendidos aunque sí avanzó la intención de su líder de estrechar hoy la mano del presidente del Gobierno: «Es normal que una persona que representa tantas cosas y a tanta gente como Junqueras pueda saludar y hablar a otros representantes políticos. Sería bastante normal que fuera Pedro Sánchez quien le saludara».

Ciento siete minutos después de su llegada, los cuatro coches abandonaron el Congreso –previa despedida entre besos y abrazos en los ascensores– rumbo, otra vez, a Soto del Real. Hoy regresan a la Carrera de San Jerónimo y volverán a protagonizar una fotografía sin precedentes. «Se volverá a ver un dispositivo policial como si viniera Pablo Escobar o Bárcenas», auguró Rufián.

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