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Penélope Batet

  • La duodécima presidenta del Congreso de los Diputados, Meritxell Batet, durante la sesión constitutiva de las nuevas Cortes Generales
    La duodécima presidenta del Congreso de los Diputados, Meritxell Batet, durante la sesión constitutiva de las nuevas Cortes Generales /

    EFE

Tiempo de lectura 2 min.

23 de mayo de 2019. 17:56h

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Ely del Valle 23/5/2019

Anda la mesa del Congreso como una Penélope tejiendo y destejiendo argumentos que no son más que palos en las ruedas de un Parlamento que se rige por unas normas que son las que son. Vivimos momentos insólitos en los que el poder legislativo, lejos de defender su independencia, intenta que el judicial le saque las castañas del fuego a base de convertir el camino recto en una circunvalación capaz de marear a cualquier perdiz. Mal empieza la señora Batet. Si el objetivo de esta dilación en la aplicación de las reglas del juego a los diputados presos es de carácter electoral, el asunto es serio; si lo que se esconde en el fondo del remoloneo es ideología pura y dura, la cosa es aún peor, y si lo que está intentado la presidenta del Congreso es justificarse frente al independentismo con un “yo no quería pero ellos me han obligado”, su grado de debilidad y sumisión le retrata. Es evidente que Batet no está actuando a espaldas de Pedro Sánchez, y es llamativo que el presidente en funciones haya enmudecido ante esta anomalía por la que la mesa de la Cámara Baja se pone a sí misma en solfa pretendiendo que los jueces le interpreten su propio reglamento. Quedan menos de cuarenta y ocho horas para que pasemos por las urnas, y todo este asunto solo sirve para enfangar lo que los cursis denominan la fiesta de la democracia, porque una cosa es la estrategia electoral y otra utilizar los instrumentos del Estado para crear confusión sobre lo que pueden o no hacer los distintos poderes del Estado. Batet no es una entrenadora de baloncesto o un torero recién llegado a la política. Hablamos de una experta en Derecho Constitucional que viene ocupando escaño desde hace quince años, así que sabe lo que hace y por qué lo hace. Ahora solo falta que nos enteremos los demás.

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