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PSC: La tercera vía entre «patricios» y «obreros»

Los socialistas catalanes se han debatido históricamente entre el catalanismo y la socialdemocracia. Ahora exploran un «mix».

  • PSC: La tercera vía entre «patricios» y «obreros»

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12 de diciembre de 2017. 04:30h

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11/12/2017

Una palabra mágica se repite con insistencia en sus filas: reconciliación. El partido de los socialistas de Cataluña, creado en 1978 mediante la fusión de las tres formaciones socialistas existentes al inicio de la transición, siempre tuvo dos almas a caballo entre el catalanismo y el socialismo. Sus históricos líderes, unos partidarios de la identidad singular para Cataluña con tentaciones soberanistas, y otros de ideología socialdemócrata, corresponden también a este perfil entre los llamados «patricios» y los «obreristas». Los primeros, como Joan Raventós, Pasqual Maragall, Narcís Serra o Raimón Obiols, de auténtico «pedigrí» y linaje familiar catalán, frente a los «charnegos», con antepasados inmigrantes procedentes de una región de habla no catalana, tales como José Montilla, Celestino Corbacho, Pere Navarro o la fallecida Carme Chacón. Un partido asociado al PSOE, pero con autonomía propia, que Alfonso Guerra definió un día como «un eterno dolor de cabeza».

El PSC ha estado desde sus albores fragmentado en esas dos almas, una más proclive a los nacionalistas, llegando a formar gobierno en un tripartido con Esquerra Republicana e Iniciativa per Cataluña-Verds, y el clan de los «capitanes» del Baix Llobregat con un enorme poder municipal y el área metropolitana de Barcelona. Tradicionalmente, los socialistas catalanes ocuparon la Alcaldía de la Ciudad Condal con los emblemáticos Narcís Serra, Pasqual Maragall y Jordi Hereu, así como los ayuntamientos de Gerona, Joaquín Nadal, en Lérida Ángel Ros, y en Tarragona Josep Félix Ballesteros. Su coqueteo con el nacionalismo, junto con un perfil socialista, forma parte inalterable de su esencia política en los gobiernos de la Generalitat. Uno de sus fundadores, Joan Raventós, fue el primer rival electoral de Jordi Pujol en 1980. En aquel tiempo surgieron los primeros conflictos por haber rechazado Raventós la oferta de formar gobierno con CiU, lo que apoyaban Raimón Obiols y Pasqual Maragall. Tras los casi treinta años de poder de Jordi Pujol y la federación nacionalista de CiU, en diciembre de 2003 Pascual Maragall firmó el Pacto del Tinell que le daría la presidencia de la Generalitat con el apoyo de ERC y los Verdes. El acuerdo duró hasta mayo de 2006, cuando Maragall expulsó a los seis consejeros republicanos. Nieto de Joan Maragall i Gorina, uno de los grandes intelectuales y padre de la poesía modernista, Pasqual fue el alcalde de los Juegos Olímpicos de Barcelona y el hombre que fustigó a Artur Mas: «Ustedes tienen un problema que se llama tres por ciento». Ahí afloró el derribo de CiU y su cascada de escándalos de corrupción. En las siguientes elecciones se reeditó el tripartito con José Montilla de presidente. Aquello no salió bien y los socialistas catalanes empezaron a perder poder bajo la deriva soberanista de Artur Mas que ha llevado al actual desastre. Escaldados por su alianza con Esquerra Republicana, tal vez por ello su actual líder y candidato, Miquel Iceta, no quiere echarse al monte y niega la investidura a un independentista. Tras el fracaso del «procés», el PSC aspira a recuperar la centralidad, los grandes pactos y han puesto sobre la mesa una hacienda federal propia con la quita de la deuda a la Generalitat. La inclusión de veteranos dirigentes de Unió Democrática como Ramón Espadaler busca atraer el catalanismo moderado y la burguesía empresarial. Medidas estrella como la ley de barrios y revertir recortes en sanidad o educación, su política social. Y el viaje de la reconciliación reconstruir la economía y la confianza en las instituciones. Esto es lo que en el PSC denominan «la tercera alma». Una política transversal sin frentes, basada en el consenso para recuperar el tiempo perdido del «procés», con comisiones bilaterales que profundicen en el autogobierno y la reforma constitucional para el encaje de Cataluña en España.Con sondeos favorables, el PSC aparece hoy como la gran incógnita de futuras alianzas tras el 21-D, pero Iceta reitera que sólo pactará con quienes apuesten por una solución acordada y nunca «con quienes nos han llevado al abismo». Miquel Iceta «quiere cazar un mundo que Jordi Pujol siempre dividió». Así definen su estrategia los socialistas al recordar que el ex presidente Pujol fue excluyente y nunca quiso mezclar la socialdemocracia con la burguesía catalana, algunos de cuyos apellidos ilustres han simpatizado con la causa separatista. Ahora las cosas son muy diferentes: «En estas elecciones no se vota ideología, sino estabilidad frente al precipicio». Ello se refleja en el apoyo al PSC de un democristiano como Durán y un comunista, el fiscal Carlos Jiménez Villarejo, que fue en las listas de Podemos. En la receta de Iceta caben quienes cumplan la ley y trabajen por más autogobierno y financiación para Cataluña.

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