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Puigdemont a Mas: «El problema no es la CUP, somos nosotros»

El presidente de la Generalitat y su antecesor tuvieron una fuerte discusión el sábado

  • El presidente de la Generalitat, Carles Puigdemont, junto a su antecesor, Artur Mas, ayer en Barcelona
    El presidente de la Generalitat, Carles Puigdemont, junto a su antecesor, Artur Mas, ayer en Barcelona

Tiempo de lectura 4 min.

07 de junio de 2016. 02:00h

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Pilar Ferrer 7/6/2016

La sangre no llegará al río. Es el mensaje que lanzan desde Esquerra Republicana a escasas horas del debate en el Parlamento de Cataluña sobre los Presupuestos de la comunidad, hasta la fecha vetados por una radical enmienda a la totalidad de los antisistema de la CUP. Según fuentes de ERC, el pasado fin de semana su líder y vicepresidente de la Generalitat, Oriol Junqueras, se ha empleado a fondo en negociar con los dirigentes cuperos Anna Gabriel y Benet Salellas propuestas alternativas que permitan retirar el rechazo a las cuentas públicas catalanas. Mientras, la tensión es enorme dentro de Convergència, donde un sector abanderado por el propio presidente Carles Puigdemont le recriminó a Artur Mas sus concesiones a los extremistas de izquierdas. «El problema no es la CUP, el problema somos nosotros», le espetó Puigdemont a su antecesor durante una acalorada reunión el pasado sábado en la sede barcelonesa del partido.

«Habrá Presupuestos»

En estos momentos, la situación está al límite, pero en ERC confían en un positivo desenlace. «Habrá Presupuestos», vaticinan en el entorno de Junqueras, donde no ocultan su complicada relación con Convergència. Las mismas fuentes indican que la propuesta efectuada por Junqueras a cambio de que la CUP retire su enmienda a la totalidad pasa por otras alternativas de signo radical: derogación del programa de privatizaciones en marcha, municipalización de los servicios, modificar los principales tramos tributarios del proyecto y, sobre todo, una salida digna a los okupas del barrio de Gràcia.

En este sentido, cabe destacar el sigilo con que actúa el conseller de Interior, Jordi Jané, incomprensiblemente callado ante los continuos ataques a los Mossos d’ Esquadra, y las reuniones discretas entre Oriol Junqueras y la alcaldesa de Barcelona, Ada Colau. Las exigencias de la Cup en este tema son irrenunciables.

El total colapso que vive el Gobierno de la Generalitat está provocando una tormenta política en el seno de Convergència. Durante la última reunión celebrada el sábado, la tensión entre Mas y Puigdemont fue en aumento. Según algunos presentes, este último le echó en cara a su antecesor las cesiones a la CUP y esconderse bajo un pacto que, finalmente, le despojó del poder en favor del auténtico triunfador, Oriol Junqueras. Según los críticos convergentes, al líder de ERC no le interesa romper con la CUP, sino tenerlos como aliados en un frente de izquierdas hacia el sillón de la Generalitat, su eterna ambición. Por ello, desgasta cada vez más a Convergència y realiza un juego de equilibrios con los antisistema. «Entre independentista o izquierdista, se queda con esto último», dicen de Junqueras estos sectores de CDC.

El tiempo corre muy deprisa y mañana martes la CUP reúne de forma extraordinaria a su consejo político y al grupo de acción parlamentaria para debatir el futuro de su enmienda a la totalidad. Fuentes del partido cupero admiten dos posturas: una tajante contra los presupuestos liderada por las diputadas radicales Anna Gabriel y Eulalia Reguant, y otras más flexibles que encabeza Benet Salellas, el llamado «terrateniente», una vez sabido que es propietario de varios inmuebles en Cataluña.

Las gestiones sibilinas de Oriol Junqueras, en su calidad de vicepresidente económico del Govern, van encaminadas a lograr el retiro de la enmienda a cambio de otras alternativas que pueden dejar a Puigdemont y Convergència «en barbecho», según fuentes de CDC. Y peor aún, con un programa electoral y unas encuestas muy desfavorables de cara al 26-J. «El paso que Mas dio nos deja ahora en la cuneta», reconocen muchos dirigentes.

El objetivo de Oriol Junqueras y Esquerra es pasar el 26-J por encima de Convergència, ganar tiempo y después articular un frente de izquierdas, en alianza con Ada Colau y otras formaciones, que le permitan sentarse en la Generalitat.

La campaña desplegada por CDC, argumentando que la CUP boicotea el «procés» independentista, ha caído en saco roto. De hecho, así se vio en la reunión del pasado viernes en el Parlament entre el presidente catalán, Junqueras y la diputada Anna Gabriel. «Sois peores que la derecha española», le dijo Puigdemont a la cupera ante el silencio del republicano. La diputada antisistema ni se inmutó y se limitó a mantener la enmienda a la totalidad de los Presupuestos por estar «dentro de un marco autonómico y no de inmediata desconexión».

Así las cosas, y dado el carácter asambleario de la CUP, no todos cantan victoria y tampoco descartan la ruptura. Pero la tesis mayoritaria es que ahora interesa pasar el rubicón del 26-J, atrapar aún más a Carles Puigdemont y su Gobierno, y no convocar nuevos comicios en otoño, que serían ya los cuartos en seis años.

Los cuadros locales convergentes observan alarmados la situación, ante la hipótesis de que la independencia registra un resultado a la baja en todas las encuestas, como la del propio CEO, el llamado CIS catalán, que pronostica pérdida de votos de Junts pel Sí y un avance de ERC con la CUP y la nueva izquierda.

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