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Rivera rentabiliza la «titulitis»

Las últimas encuestas internas auguran un «subidón» para Ciudadanos en los próximos comicios: en Andalucía, donde superarían al PP, y en Madrid, donde Villacís podría ganar.

  • Rivera y Arrimadas, ayer, durante un acto de su partido en Barcelona en defensa de la neutralidad en el espacio público
    Rivera y Arrimadas, ayer, durante un acto de su partido en Barcelona en defensa de la neutralidad en el espacio público

Tiempo de lectura 4 min.

16 de septiembre de 2018. 02:30h

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Pilar Ferrer.  16/9/2018

Quedó totalmente descolocado con la moción de censura. Pero ahora la situación ha cambiado. Albert Rivera vive momentos dulces y quiere a toda costa rentabilizar la «titulitis» que invade el país. Tras su pregunta «a traición», como la definen en Moncloa sobre la tesis doctoral de Pedro Sánchez, el líder de Ciudadanos busca redefinir su espacio político erosionando al presidente del Gobierno y a Pablo Casado. Según fuentes de la formación naranja, las últimas encuestas internas les otorgan «un subidón» por encima del PP y pisando los talones al PSOE. La estrategia de Rivera pasa por recuperar protagonismo, algo que ha logrado con la pregunta de marras sin que le afecten los dardos socialistas contra su propio curriculum. Así se lo escucharon decir destacados empresarios madrileños el pasado viernes, durante el encuentro en un Foro del sector financiero en la capital: «El cesto está captando nuevos votantes», aseguró convencido ante algunos asistentes. Su objetivo es atraer posibles electores del PSOE y el PP, y hacer de Cs un gran partido de centro transversal.

Eufóricos y con posibilidad de escoger «compañeros de viaje». Así definen la actual situación varios dirigentes de Ciudadanos ante los sondeos que obran en su poder. Según ellos, Albert Rivera se erige ahora como esperanza blanca frente a un Pedro Sánchez «acorralado» y un Pablo Casado «acomplejado». La estrategia se perfiló en el último Comité Ejecutivo celebrado en Málaga, dónde los naranjas ejecutaron su primer paso: retirar el apoyo a la presidenta andaluza Susana Díaz para forzar un adelanto electoral. El segundo fue acordar la pregunta en el Congreso sobre la tesis doctoral de Sánchez que ha causado enorme revuelo político. Terminada la reunión, Rivera y su mano derecha parlamentaria, Juan Carlos Girauta, una buena cabeza a quien muchos atribuyen la iniciativa, fueron vistos en un local de moda en la ciudad malagueña. Quienes con ellos hablaron les vieron «bastante crecidos» y seguros de un buen resultado electoral en Andalucía, por delante del PP y muy cerca de los socialistas.

Por el contrario, la estrategia de Rivera provoca un gran rechazo en los dos partidos mayoritarios. Los socialistas se han lanzado en tromba contra su curriculum como supuesto doctorando en Derecho en la Universidad de Barcelona, mientras en el PP le tachan de «oportunista». Ambos partidos coinciden en que Albert Rivera carece de un proyecto político concreto y sólo actúa «al sol que más calienta». Nada de esto hace mella en el líder de Ciudadanos, convencido de su resurgir en las encuestas. Los naranjas denuncian «el matonismo» del Gobierno y el PSOE, e insisten en las amenazas que les profirió Pedro Sánchez en el Congreso. «Hasta Carmen Calvo le tuvo que calmar». En cuanto a Casado, le ven «maniatado» ante la decisión del Supremo sobre su polémico máster, algo que en el PP niegan rotundamente.

La pasada semana, al término del Debate sobre la Región con el presidente de la Comunidad de Madrid, Ángel Garrido, varios dirigentes naranjas almorzaron en un restaurante próximo a la Asamblea y mostraron su satisfacción por las encuestas en Madrid. Según estas fuentes, la candidata al Ayuntamiento, Begoña Villacís, es muy valorada con altas posibilidades de ganar en el consorcio madrileño. El portavoz en la Comunidad, Ignacio Aguado, definió en el debate a Ciudadanos como un partido «liberal progresista», lo que ha generado críticas y chanzas en el PSOE y el PP. «Eso no existe», zanjan socialistas y populares.

Pero lo cierto es que Cs está ya en campaña con candidatos definidos, algo que los otros partidos aún tienen en el aire, con excepción del socialista Ángel Gabilondo para la Comunidad madrileña. El PSOE celebrará primarias en noviembre para elegir aspirante al Ayuntamiento, mientras Pablo Casado deshoja la margarita sobre su doble cartel electoral. Si las cosas no se tuercen, en Ciudadanos están convencidos de su buena estrella. Lo que ellos llaman «el despertar de Rivera». Erigido en ese cambio sensato que tanto invoca, Rivera se ve de nuevo como firme candidato a la presidencia del Gobierno de España. Para el PSOE y PP es un político veleta, sin estrategia definida, con un partido de ideología variopinta. Aunque la mayoría de sus votantes proceden del centro-derecha desencantado, él insiste en ser transversal hasta el final. En su círculo confían en atraer también a votantes moderados del PSOE, muy alejados de Podemos, y otros decepcionados con el PP. Un experto sociólogo que trabajó en las más importantes campañas del PSOE, define la estrategia de Rivera como «a golpe de marketing», con escasa experiencia de gestión, pero que puede funcionar ante el hartazgo por los escándalos de los partidos mayoritarios. Si no se adelantan las generales, a lo que Sánchez no parece dispuesto, la primera prueba de fuego será Andalucía. De momento, tras un auge inusitado ante la avalancha de «titulitis», afirman que las encuestas le sonríen. Está por ver si se cumple lo que advierten en el PSOE y el PP: «Rivera es un experto en ganar encuestas y perder elecciones».

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