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Sánchez enviará a Bruselas un Presupuesto «irreal»

El Gobierno tiene una semana para presentar un plan a Bruselas que no se parecerá a las cuentas que en los próximos días desgranará el presidente según anunció ayer

  • Pedro Sánchez, ayer, en Alcobendas (Madrid), participando en una carrera solidaria con el lema «Yo no renuncio», a favor de la conciliación
    Pedro Sánchez, ayer, en Alcobendas (Madrid), participando en una carrera solidaria con el lema «Yo no renuncio», a favor de la conciliación
Madrid.

Tiempo de lectura 4 min.

08 de octubre de 2018. 04:51h

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Jesús Martín.  Madrid. 7/10/2018

El Gobierno apurará hasta el último momento para presentar ante las autoridades comunitarias el Plan Presupuestario 2019, un documento prospectivo sobre la economía española, que no compromete a nada y que satisface las obligaciones de información que requiere la Comisión Europea. Todo hace prever que el Gobierno de Pedro Sánchez redactará un informe «políticamente correcto» con Bruselas para no elevar el grado de vigilancia de la economía española, pero que será radicalmente contrario a los intereses de sus socios parlamentarios y que «esconderá» los gastos a los que «verbalmente» se ha comprometido su Ejecutivo. Contentar a Bruselas, a Podemos y los partidos nacionalistas es imposible. ¿Y cómo gobernar entonces? Mediante decreto ley. Los nuevos impuestos (la mayoría de los que quiere implantar la coalición) no pueden introducirse vía Presupuestos Generales.

Semana clave

Ayer, el presidente del Gobierno avanzó que esta semana fijará las líneas generales de los Presupuestos, en los que quiere incluir una apuesta clara por la igualdad entre los permisos de maternidad y paternidad y por la universalización de la educación entre los cero y los tres años. El Plan Presupuestario de Sánchez poco o nada tendrá que ver con el proyecto de Presupuestos Generales del Estado para el próximo año que el Gobierno quiere presentar en el mes de noviembre. Las exigencias de gasto que Podemos ha puesto sobre la mesa y ha dado a conocer a los medios de comunicación son imposibles de cuadrar con una senda sostenible de consolidación fiscal. Sánchez está obligado a moverse en un déficit que, en ningún caso sobrepase el 2% del PIB para no despertar más dudas en la Comisión Europea y el FMI. Mucho más después de la experiencia reciente de las intenciones de la coalición que gobierna Italia. Para ello es imprescindible que el gasto no crezca más del 2,7% (lo que exige para el próximo año en función del crecimiento medio de la economía española). El primer techo de gasto del Gobierno, que fijó un incremento del 4,4%, fue tumbado a las primeras de cambio por el Congreso de los Diputados.

Hace justamente un año, el Gobierno de Mariano Rajoy tuvo que presentar un Plan Presupuestario ante la imposibilidad de llegar a tiempo para llevar al Parlamento el proyecto de PGE (la Constitución marca el 30 se septiembre como fecha límite).

El Plan, un documento de apenas 48 páginas, se fundamenta (así reza el anterior) «en un escenario económico sin cambio de políticas públicas. Está realizado con un escenario macroeconómico y fiscal a política constante, sin incorporar nuevas medidas de política económica». Sobre esta misma base, Sánchez presentará sus datos más básicos. El escenario macroeconómico que prevé el Banco de España, el habitual y de mayor fiabilidad en todos los casos, es una primera aproximación de las previsiones de déficit para éste y los próximos dos años. En octubre de 2017, Rajoy envió a Bruselas una estimación de déficit del 2,2% del PIB para este año; del 1,3% para 2019 y del 0,5% para 2020. Gobierno, CE y FMI coinciden en que el déficit público cerrará en el 2,7% del PIB.

Números incompatibles

Esta mayor flexibilidad para el Gobierno español, que Bruselas ha dado por buena, permite a España salir del procedimiento de déficit excesivo. Relaja, en teoría, las exigencias de la Comisión Europea, pero deja a Sánchez una labor difícilmente compatible con el discurso que está lanzando junto a sus socios de Podemos. Para 2019, España tiene que hacer un ajuste de 10.000 millones de euros si fija el 1,8% de déficit sobre el PIB, como ha bendecido el FMI el pasado miércoles al término de su examen semestral. En el hipotético caso de que consiguiera el visto bueno para un déficit del 2,2% del PIB, el ajuste sería de 5.600 millones de euros.

Las pocas cifras que tiene que presentar Sánchez a Bruselas se resumen en unas previsiones de ingresos y gastos cifradas en tanto por ciento del PIB, pero en epígrafes amplísimos: «impuestos sobre la renta y la riqueza, etc.», impuestos sobre la producción e importaciones... En el capítulo de gastos, más de lo mismo. Sólo queda medianamente claro cuánto costará el paro y los intereses de la deuda.

Con estas premisas, Sánchez puede presentar a Bruselas cualquier cifra. Nada que ver, probablemente con las que contengan los PGE que le exigirán sus socios. Como ha señalado a este diario Daniel Lacalle, economista jefe de Tressis, «lo único que podría hacer el PSOE para recibir el aprobado de Bruselas y con nota es presentar los PGE del PP con la senda de reducción del déficit que hay. Las partidas destinadas a prestaciones por desempleo e intereses de deuda le permitiría una senda de reducción incluso mayor».

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