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Sánchez e Iglesias planean listas conjuntas para tener mayoría en el Senado

En otoño podrían incluso sellar un acuerdo que les dote de mayor estabilidad parlamentaria.

  • Sánchez e Iglesias planean listas conjuntas para tener mayoría en el Senado
Madrid.

Tiempo de lectura 4 min.

28 de agosto de 2018. 04:44h

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A. Martín Beaumont.  Madrid. 28/8/2018

«Se puede gobernar con renglones torcidos». La mediática y significativa frase de Pedro Sánchez a sus ministros este pasado fin de semana en la finca toledana de Quintos de Mora resulta altamente preocupante. ¿Todo vale con tal de mantenerse en La Moncloa? ¿El fin justifica los medios? Son preguntas, además de legítimas, oportunas viendo lo que está haciendo por perdurar un Gobierno que no llegó al poder después de ganar unas elecciones, sino tras una moción de censura y que dispone solamente del resguardo de una «minoría absoluta» parlamentaria de 84 diputados socialistas. ¿Puede acabarse con la seguridad jurídica «por decreto», llevándose por delante la senda del déficit de las cuentas públicas, cercenando para ello el valor democrático de los votos del Senado? Según la brutal opinión del dirigente de Podemos Pablo Echenique (ahora uno de los soportes preferidos de Sánchez), suprimir el poder de veto que otorga la Ley de Estabilidad Presupuestaria a la Cámara Alta es prioritario para poner fin a una atribución obtenida «ilegítimamente» y «de manera anómala» por el PP a través de su mayoría absoluta «espuria». Parece que no hayan servido de nada los votos de los españoles que otorgaron esa representación. Para Echenique, al más puro estilo «bolivariano», si el Senado molesta... «exprópiese». Es el virus del populismo suda-mericano, traído a España precisamente por los «exitosos» asesores de Hugo Chávez y Nicolás Maduro.

Sea como fuere, el control del Senado ha venido siendo una obsesión de Iglesias, convertido de nuevo en el socio preferente de Sánchez por esos trámites, reformas o acuerdos en los que su voz impone veredicto. De hecho, ambos líderes guardan un plan diseñado para cimentar una alianza anti-PP. Entre las medidas barajadas está la presentación de listas conjuntas a la Cámara Alta en unas futuras elecciones generales para tratar de derrotar a los populares. El plan, apenas elaborado, quedó en suspenso ante la deriva de Podemos en Cataluña. La aplicación por el Gobierno de Mariano Rajoy del artículo 155 de la Constitución con el respaldo del PSOE finiquitó esa pretensión de desplegar en el futuro una «unidad de acción» de la izquierda.

Pero las aguas entre Sánchez e Iglesias vuelven a su cauce. «Crece la confianza entre ambos», señalan fuentes cercanas al presidente. En el Palacio de La Moncloa es llamativo el entusiasmo por su «socio» de referencia. Y ahora mismo hay quienes apuntan que no es descartable que este otoño sus formaciones sellen un acuerdo de gobernabilidad que dote de mayor estabilidad parlamentaria al Gobierno. Muchos mandamases socialistas de hecho consideran que no podrá en el futuro haber un gobierno de izquierdas sin el concurso de PSOE y Podemos. Así que, de mantenerse en el tiempo esta línea de pensamiento, cosa que habrá que ver dada su permanente rivalidad, se recuperará la idea de ir «codo con codo» a las elecciones a la llamada Cámara de representación territorial.

El Palacio de la Plaza de la Marina Española muchos han llegado a considerarlo como el lugar donde políticos veteranos se retiraban antes de la jubilación. Esa función la ha cumplido, a juzgar por la presencia de algunos históricos tanto del PP como del PSOE; también la de una Cámara con la que ambos partidos han buscado premiar los servicios prestados de ex dirigentes o colaboradores cercanos. No es raro que la reforma del Senado sea una de las cuestiones continuamente solicitada por todas las formaciones políticas o, incluso, que Cs haya pedido su supresión. Resulta evidente, o lo ha sido al menos durante décadas, que se ha descuidado el prestigio de la institución.

Pues bien, esa realidad ha quedado superada ante el intento del líder socialista, de la mano del morado, y junto al resto de sus aliados de la moción de censura, de sortear el paso del techo de gasto por la Cámara Alta, amparándose en la tramitación exprés de una proposición de ley. El Senado, pese a pasar por un actor denostado de la política, integra, junto al Congreso, las Cortes Generales configuradas como un Parlamento bicameral y resulta clave en la reforma constitucional, suspensión de una autonomía a través del artículo 155 o, el veto a la senda de déficit. Así está establecido y los contrapoderes en democracia son esenciales para evitar desmanes indeseables que, una vez perpetrados, tienen malos remedios.

Sin apoyos políticos claros, el presidente del Gobierno ya vio cómo sus socios, a excepción del PNV, renegaban en julio de su senda de estabilidad en el Congreso, ante la previsión de una oposición en la Cámara Alta donde los populares gozan de mayoría absoluta. Que sus muletas volviesen a dejarlo solo representa un riesgo que nada gusta al presidente, empeñado como está en apurar la legislatura. Y ello, a pesar de no tener capacidad alguna para desplegar un programa legislativo que ofrecer a los españoles, más allá de desenterrar a Franco o jugar a explotar los golpes de efecto, confundiendo el interés general con los «trending topic» por cierto mayoritariamente crítico con sus «kennedyanas» ocurrencias.

De momento, Sánchez ha convergido ya con Iglesias en la estrategia de arrojar las urnas contra los votantes al sostener que, la mayoría del PP en el Senado carece de valor si chocan con sus intereses partidistas. Sánchez socava un principio democrático esencial: el dictado indiscutible que expresa la voluntad del pueblo en elecciones. Un peligroso camino donde los haya.

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