Política

Antonio Martín Beaumont

Sánchez, frente al laberinto navarro

Cuesta creer que el secretario de Organización del PSOE se deje enredar para saciar las ansias de poder de María Chivite

Pedro Sánchez, en una imagen de archivo / Efe
Pedro Sánchez, en una imagen de archivo / Efelarazon

Cuesta creer que el secretario de Organización del PSOE se deje enredar para saciar las ansias de poder de María Chivite.

Pedro Sánchez sigue pendiente del peliagudo tablero político. Es consciente de que la configuración de los gobiernos autonómicos y su propia investidura para presidir el Gobierno de España pueden terminar zanjándose en la misma jugada. Para muestra, el botón navarro que amenaza con atragantar al PSOE. El propio Sánchez lo ha advertido y su equipo de confianza empieza a sufrir las consecuencias.

El aviso lanzado por el PNV, condicionando sus votos en Madrid al destino de la comunidad foral, lo ha situado, como suele decirse, entre la espada y la pared: o favorece un acuerdo con los constitucionalistas y apoya a Navarra Suma o se alinea con los nacionalistas y Bildu. Porque –nadie debería engañarse– la realidad es que el concurso de los filoetarras es obligado, aunque sea vía abstención, para que prospere una alternativa distinta a la representada por UPN, PP y Cs. Lógicamente, eso es un problema para Sánchez mismo, por mucho que se ponga el foco sobre el Partido Socialista de Navarra. Ninguna federación puede hacer nada en este sentido sin el consentimiento de la Ejecutiva Federal del PSOE. José Luis Ábalos buscó quitarse la patata caliente con un complicado doble salto. «Vendió» ante Susanna Griso, en Espejo Público de Antena 3, la cuadratura del círculo: renegar de Bildu y a la vez reivindicar la presidencia navarra para sus siglas. Un escenario irreal.

¿Con qué números y compañeros de viaje busca acceder a esa arcadia? Cuesta creer que el secretario de Organización del PSOE, olvidando sus propias convicciones, y contra toda lógica aritmética, pero sobre todo política, se deje enredar para saciar las ansias de poder de su compañera navarra, María Chivite. Más aún cuando el entorno de Ábalos es firme partidario de dejar gobernar a UPN. Y, dicho sea de paso, mantiene bien engrasadas las relaciones tanto con Javier Esparza como con su número dos, Óscar Arizcuren.

La pelota está en el tejado de Sánchez. Y no parece ser buena idea apartarse del lado constitucionalista. Máxime cuando el socialismo desea sellar importantes acuerdos con Albert Rivera en otras comunidades autónomas.