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Sánchez juega la baza de la repetición electoral como presión a Cs

  • Pedro Sánchez invitó ayer a Pablo Iglesias desde Bruselas a que reflexione sobre el lugar en el que le han colocado los españoles en las urnas
    Pedro Sánchez invitó ayer a Pablo Iglesias desde Bruselas a que reflexione sobre el lugar en el que le han colocado los españoles en las urnas

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29 de mayo de 2019. 08:49h

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Ainhoa Martínez Madrid. 29/5/2019

«Uno más, uno más». El grito del equipo de Pedro Sánchez durante la noche electoral del 28-A en Ferraz a medida que avanzaba el escrutinio reflejaba a la perfección el estado de ansiedad de una dirección que, aunque se sabía ganadora de los comicios, necesitaba los votos suficientes para ser autónoma en el Gobierno. «No podemos depender de los independentistas porque no son de fiar». Esta sentencia del candidato en campaña –para marcar distancias y apelar a una mayoría solvente– parecía un mero eslogan que no ha tardado en demostrarse realidad. La «imprevisibilidad» de los soberanistas que vetaron los Presupuestos volvió a golpear al PSOE con el boicot a la candidatura de Miquel Iceta al Senado.

Este gesto que, además del desengaño, constata que los independentistas están dispuestos a violentar hasta la cortesía parlamentaria para mantener su deriva, ha llevado a Moncloa a explorar diferentes escenarios de cara a la investidura. Con la aritmética parlamentaria que arrojaron las urnas el 28-A, Sánchez necesita a los diputados de ERC, aunque en Moncloa ya les han descartado como aliados. «No les tenemos en mente para la gobernabilidad», señalan fuentes socialistas. Tras la experiencia de los últimos meses de Gobierno, Sánchez quiere abrir una nueva etapa en su relación con los soberanistas, manteniendo el diálogo entre instituciones –esto es, Estado-Generalitat–, pero reduciendo al mínimo el vínculo con las formaciones separatistas que lo sustentan. «Esta legislatura no va a tener un esquema en el que el independentismo tenga tanto protagonismo», sentencian.

Este nuevo rumbo ha quedado patente en la estrategia de descentralizando la presión de la abstención de los soberanistas a los partidos constitucionalistas. Esta senda se exploró tímidamente antes del 26 de mayo, pero con la precaución de que «después de los comicios habrá que interpretar los resultados y, en función del mapa territorial, los discursos cambiarán». Ahora este momento ha llegado y se ha vuelto a recuperar la petición de, ante la falta de alternativa a Sánchez, que los partidos mayoritarios le dejen gobernar. La exigencia a PP y Ciudadanos de dar este paso como «un servicio a España» no ha de entenderse en sí misma, de forma individualizada, sino dentro de un plan global que los socialistas ya han comenzado a desplegar. Ante la negativa de Casado y Rivera a permitir que gobierne la fuerza más votada, Sánchez dejará volar la expectativa-amenaza de una repetición electoral. «Nadie quiere ir a unas elecciones y, menos todavía, quiere que le cuelguen la medalla del “bloqueo” como ocurrió en 2016», apuntan las fuentes consultadas.

El mensaje lo lanzó ayer públicamente el ministro de Fomento en funciones y secretario de Organización del PSOE, José Luis Ábalos, que, en una entrevista en los Desayunos de TVE, planteó claramente la disyuntiva: «O apostamos por la estabilidad o apostamos por otras elecciones, no hay más». Desde Ferraz ya se habían hecho alusiones veladas a este escenario, asegurando que «si no logramos restituir y cuidar el respeto mutuo entre los grupos políticos, España tendrá mucho más difícil escapar de la espiral de legislaturas cortas y de repetición de elecciones en la que está envuelta desde 2016. Los españoles se merecen que sus representantes públicos sean útiles para solucionar los problemas, esa utilidad debe ser la prioridad. Garantizar la gobernabilidad es la obligación de los representantes públicos y de las direcciones políticas de todos los partidos».

En Moncloa creen que a formaciones como PP y Ciudadanos no les interesan nuevos comicios, porque aunque Albert Rivera se quedara a escasos metros del «sorpasso» en abril, el 26-M las distancias con Casado se han ampliado considerablemente. Por otro lado, el que consideran su «socio preferente», Unidas Podemos, tampoco está en su mejor momento tras el fuerte varapalo que sufrió en las urnas el pasado domingo. Desde la posición de fortaleza que ha adquirido el PSOE en los comicios, y que la formación está dispuesta a hacer valer, los socialistas amenazan con volver a someter a España y los partidos a un nuevo vía crucis electoral, eso sí, mientras apelan a que se favorezca la gobernabilidad de Sánchez. En cuanto a la conformación del Gobierno, en Moncloa también se hacen fuertes y le niegan el pan a un Iglesias al que el presidente invitó ayer a «reflexionar».

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