Política

El desafío independentista

Sánchez busca el apoyo de los soberanistas para gobernar por decreto

ERC y el PDeCAT sí le permitirían aprobar medidas como la subida del SMI si se desligan de las cuentas

El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, y el de la Generalitat, Quim Torra, durante su reunión en Moncloa el pasado 9 de julio / Efe
El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, y el de la Generalitat, Quim Torra, durante su reunión en Moncloa el pasado 9 de julio / Efelarazon

ERC y el PDeCAT sí le permitirían aprobar medidas como la subida del SMI si se desligan de las cuentas.

El Gobierno consumó el gesto que le pedían desde el independentismo, pero su voracidad no tiene límites. El escrito de la Abogacía del Estado que atenuaba la rebelión para los líderes del «procés» no supuso un acicate para la distensión, sino que ha impulsado el portazo a los Presupuestos. Sin los votos de los soberanistas su aprobación queda seriamente comprometida y por extensión, el mandato de Pedro Sánchez. No obstante, este revés tambalea pero no hará caer al Gobierno. Al menos así lo aseguran desde Moncloa, donde mantienen su inquebrantable vocación de avanzar en la legislatura. Ya no conjugan el verbo «agotar» pero aspiran a resistir al menos hasta que se celebren las elecciones europeas, municipales y autonómicas de 2019. A pesar de la negativa de los secesionistas, la estrategia del Ejecutivo sigue su curso. Mantendrán y avanzarán en las negociaciones con los nacionalistas vascos del PNV y Compromís, con el objetivo de cerrar el mayor número de apoyos posibles para tener la fuerza suficiente para presionar con ellos a ERC y el PDeCAT. A estos partidos se les trasladará la responsabilidad no solo de bloquear la legislatura y a Sánchez, sino de hurtar a los catalanes la inyección de 2.200 millones en inversión prevista en las cuentas para Cataluña. En este flanco ya se está empleando el PSC.

A esto se une el discurso del miedo. En el Ejecutivo son conscientes de que sus potenciales socios, quienes le apoyaron para echar a Mariano Rajoy, todavía mantienen vivo el «espíritu de la moción de censura» por lo que azuzar la expectativa de un futuro gobierno de PP y Cs en caso de que caiga el socialista, obliga al cierre de filas a pesar de las discrepancias. El último giro del independentismo, extremando su negativa a los Presupuestos, rebaja el optimismo que existía en Moncloa sobre la posibilidad de sacarlos adelante pero no les hace desistir. A pesar de las «palabras gruesas» del presidente de la Generalitat, Quim Torra, señalando que «el pueblo de Cataluña le retira el apoyo» a Sánchez y «no votaremos» las cuentas, en el Ejecutivo recuerdan que la negociación bilateral Estado-Generalitat sigue y que los partidos soberanistas están apoyando en el Congreso las iniciativas legislativas de Sánchez. Es la vía alternativa que barajan en Moncloa, lejos del gran paso y el foco mediático que supone la aprobación de las cuentas, ir avanzando en pequeños movimientos que les permitan conseguir igual resultado.

En concreto, ERC y PDeCAT estarían dispuestos a apoyar, por ejemplo, la subida del Salario Mínimo Interprofesional hasta los 900 euros –pactada con Unidos Podemos– si ésta se desliga de los Presupuestos. El Gobierno prevé, ante la dificultad para aprobar las cuentas públicas, ir legislando sus medidas estrella a golpe de decreto, una vía en la que no se enfrentaría al bloqueo de los soberanistas, según ha podido constatar LA RAZÓN. Los números del Gobierno apuntalan esta estrategia. Hasta octubre, el Ejecutivo ha conseguido aprobar en el Congreso dos leyes que ya han salido hacia el Senado, tres proyectos de ley, 11 decretos ley que luego serán tramitados como proyectos de ley y tres proposiciones no de ley. Así, Sánchez iría ganando tiempo hasta alumbrar finalmente unas cuentas, si es que lo consigue, pues los soberanistas –tal como adelantó este diario– tampoco participarán de las enmiendas a la totalidad de PP y Cs a las cuentas, que tumbarían el proceso de tramitación.

La hoja de ruta basada en ir sacando adelante y de forma individualizada políticas que tengan su reflejo en la vida de los españoles es la prioridad que rige los planes de Sánchez, que necesita que los efectos de su gestión se materialicen antes de concurrir a la triple cita electoral de 2019. Esto hace que el presidente no se plantee convocar elecciones antes del 26 de mayo, su objetivo es aguantar al menos hasta otoño del próximo año y, para ello, no tendrá reparos en prorrogar las cuentas de Rajoy. Aunque Sánchez señalara que ésas «no eran sus cuentas», en alusión a que disolvería las Cortes en caso de no poder aprobar unas con sello socialista, estos reparos iniciales se han difuminado y en Hacienda ya lo barajan como una opción viable. «Esas cuentas serían el marco general», dice un cargo socialista que apunta de nuevo a los decretos para ir modulando la inversión a las partidas sociales que defiende el PSOE.