Opinión

Sánchez se lo puede permitir

Lo que hace 15 años era un escándalo ahora es un elemento más del paisaje

LEÓN, 16/10/2025.- El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, durante su intervención en la clausura de la 19º edición del Encuentro Internacional de Seguridad de la Información (ENISE), que organiza el INCIBE en León. EFE/J.Casares
Pedro Sánchez clausura la 19º edición del Encuentro Internacional de Seguridad e Información (ENISE)J. CasaresAgencia EFE

«Le voy a hacer una petición con todo el respeto a usted y a todos mis compañeros: que reciba usted, como me ha recibido a mí, a un querido compañero de la competencia, Iñaki Gabilondo, para que pueda dirigirse a sus oyentes como me estoy dirigiendo ahora a los míos». José María Aznar no se esperaba ese quiebro de Luis del Olmo durante la entrevista que concedió al programa Protagonistas, entonces en Onda Cero, en la mañana del 11 de abril de 2002. Cómo sería la cosa que la propia página web del expresidente recoge la transcripción de esa conversación así: «Presidente.- (Silencio)». El de Ponferrada salió por aquí: «No se ha cortado la emisora. Es un silencio el que se está produciendo en este momento».

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La anécdota nos recuerda que la negativa de Aznar a conceder entrevistas a los medios de comunicación del Grupo PRISA suscitó un rechazo transversal en la esfera político-periodística de la España de hace alrededor de 25 años. En sus cartas dominicales en El Mundo, Pedro J. Ramírez hacía dos recomendaciones: responder a las preguntas de sus competidores y obligarles a cumplir con la sentencia del Tribunal Supremo sobre Antena 3 de Radio.

El otro día, Pedro Sánchez tuvo a bien recibir al programa Hoy por hoy, de la Cadena SER, en el Palacio de la Moncloa. Era su primera entrevista con un medio de comunicación español de titularidad privada en quince meses. La última había sido en ese mismo programa de radio, receptor de cuatro de las cinco charlas radiofónicas mantenidas por el presidente en los dos años que llevamos de legislatura. (La restante tuvo lugar en el espacio matinal de Radio Nacional de España). Esta desproporción pasa hoy totalmente inadvertida. Se ha normalizado que el jefe del Gobierno esté un año sin dar entrevistas dentro del país y que cuando lo haga pivote en torno a una nómina reducidísima de cabeceras. (Salvo cuando está en campaña).

El propio contenido de la entrevista demostró que, si Sánchez actúa como actúa, es porque políticamente puede permitírselo. «¿Nunca felicita el premio Nobel?», inquirió Àngels Barceló después de que su entrevistado saliera por la tangente sobre María Corina Machado. «Los premios Nobel, no», respondió. Era mentira, claro. Una mentira desmontada preventivamente. Ya durante el fin de semana se había hecho la labor de rescate de los mensajes que probaban que Sánchez sí ha comentado galardones de la academia sueca en el pasado. Lo raro es que Barceló no tuviera preparados esos mensajes para desmentirle. En lugar de eso pasó a preguntarle por la justicia del premio.

Puede parecer un embuste menor, si es que cabe hablar de tal categoría cuando estamos hablando de la palabra del presidente del Gobierno. Pero dice muchas cosas de la relación, ciertamente torturada, que mantiene nuestro protagonista con el concepto de la Verdad. Resulta difícil pensar que el ejército de asesores que trabaja para él en Moncloa y en Ferraz no le hubiera avisado de que, desde el día de la concesión del Nobel a la opositora venezolana, circulaban las pruebas de que había felicitado antes otras concesiones. Está mal que la periodista dejara correr el bulo. Pero tampoco podemos cargar toda la culpa sobre sus hombros. Como dice Rafa Latorre, hemos perdido la tensión moral.

Sólo así se explica que la estrategia de defensa sobre las bondades del uso de efectivo, por parte del partido que sostiene a un gobierno que ha presumido de limitar por ley su libre uso, haya colado entre el sesteo de una sociedad que reaccionó entre la suspicacia y el cabreo cuando Cospedal intentó sostener aquel discurso del pago del finiquito en diferido. Otra ocasión de repregunta perdida.

Lo que hace quince años supondría un escándalo ahora es un elemento más del paisaje. Por eso el poder político se puede permitir también el desplazamiento constante de la línea roja. Ya no está tan claro que una investigación judicial sobre la financiación del PSOE vaya a suponer el final de nada. (Más bien empieza a estar claro que no lo será). No por parte de la poderosísima trompetería del PSOE, desde luego. Pero tampoco en lo que respecta a los socios responsables de que este continúe en el poder pese a carecer de mayoría parlamentaria. Ellos verán cómo se presentan a partir de ahora ante sus electores, una vez constatado que su criterio de actuación frente a la corrupción es tan variable en función del partido que se vea implicado.

También se afirmó que se trabaja con intensidad para presentar, fuera de plazo, unos Presupuestos que tampoco pasa nada porque no se aprueben. Ya que nada tiene consecuencias, se pregunta uno por qué no, ya puestos, se convoca el Debate sobre el Estado de la Nación que se nos hurta desde 2022.

Quizá en la próxima entrevista.