Ofensa a la víctimas y prebendas para los verdugos

El acto de propaganda quedó deslucido por las ausencias internacionales y el comunicado previo

En la imagen, los dirigentes de la izquierda abertzale, Arnaldo Otegi (d), y del PNV, Andoni Ortuzar (2i), saludan a Brian Currin (i), antes del inicio de la reunión. EFE/ Juan Herrero

El acto de propaganda quedó deslucido por las ausencias internacionales y el comunicado previo.

Fue un acto a la medida de ETA, un encuentro a gusto de los abertzales y, en definitiva, una justificación de un grupo de mediación internacional que, sin conocimiento de la realidad que se vive en el País Vasco, se aventuraron ayer a proclamar un día histórico en Europa: la disolución de la única banda terrorista del Viejo Continente. O más bien, lo que ninguno se atrevió a pronunciar: la derrota de una pandilla de criminales que durante 60 años implantaron el terror no sólo en el País Vasco sino en toda España, que ha dejado más de 800 muertos y que gracias a la fuerza de las instituciones, la labor de la Policía y la Guardia Civil no ha encontrado otra vía que la rendición.

La denominada Declaración de Arnaga, en honor al lugar elegido para la proclamación –un pretencioso palacete de 1903 ubicado en Cambo Les Bains, al sur de Francia, que fue construido por el escritor Edmon Rostand, autor de Cyrano de Bergerac­– fue una obligada justificación de este «grupo de contacto» que desde la Declaración de Aiete en 2011 ha venido «trabajando» por la paz en el País Vasco. Sin embargo, la intervención de estos mediadores fue de un perfil mucho más bajo que la de hace siete años, con grandes ausencias y con un exceso de retórica pro-ETA que llegó a sonar chirriante. Es más, su intervención llegó un día después de que la propia banda terrorista a través de una carta y la voz del terrorista huido Josu Ternera, informaran de la disolución de la banda y el desmantelamiento de todas sus estructuras. A la cabeza de la organización del evento estaba Brian Currin, líder del Grupo Internacional de Contacto que junto al Foro Social Permanente y Bake Bidea se felicitaron por la labor realizada. Más allá de abrazos y sonrisas y con la prensa alejada de ellos siguiendo su intervención por plasma, Currin –del que dicen cobra 10.000 euros por reunión­ aunque él nunca lo haya confirmado– justificó su existencia por «la ausencia» de un canal de comunicación entre el Gobierno de España y los terroristas.

«Nosotros hemos sido intermediarios, catalizadores para salvar obstáculos y debíamos dar nuestra opinión de manera clara». Y su opinión fue la siguiente: «El País Vasco vuelve a estar unificado», «el proceso de paz, a pesar de todo, no está acabado» y «el gran problema es el de los presos, una situación que tras esta declaración debería abrir la puerta al Estado y al Gobierno para dar la oportunidad de trabajar en soluciones». Frente a la palabra «presos», que se repitió en boca de todos los presentes, exigiendo al Gobierno una política de acercamiento, sonó con menos fuerza la palabra «víctimas» y fue para englobar bajo sus ocho letras a «todas» las víctimas, metiendo en la misma caja a los que fueron asesinados y a los asesinos y exiliados. Con entusiasmo sonreía desde la bancada de invitados Arnaldo Otegi, el cual mostraba su apoyo al grupo de mediadores que han diseñado una estrategia a la carta de los terroristas. Por supuesto no hubo representación en esta declaración ni del Gobierno de España, ni de Francia ni del País Vasco.

Tan sólo miembros de HB Bildu y algunos del PNV como Andoni Ortuzar participaron de este montaje al que ni si quiera acudió el ex secretario general de la ONU, Kofi Annan, que fue clave en la declaración de 2011. Las miradas de este acto descafeinado estaban puestas ayer en Gerry Adams, el presidente del Sinn Fein (brazo político del IRA) y miembro clave de estos autoproclamados mediadores internacionales. «Palestina, Siria, Yemen y Sudán del Sur, entre otros países, miran con optimismo lo que ocurre en el País Vasco. Durante la guerra se mata al enemigo y se le criminaliza, pero la paz es más difícil todavía y el punto de partida debe ser siempre el diálogo», por eso aprovechó el «foro abertzale» de ayer para pedir «al Gobierno español que aproveche esta oportunidad y de señales compresivas a favor de los presos vascos para acercarles a Euskadi. Hay que mirar al futuro porque el enfado no es política y la venganza no es la solución. Espero que nuestros nietos no nos vean como vengadores». En las inmediaciones del espectacular recinto donde se rubricó la declaración, una veintena de familiares de presos esperaban con pancartas. Ninguna víctima de los terroristas estuvo presente en la lectura.

Jonathan Powell, que fue jefe de Gabinete de Tony Blair y también forma parte de los mediadores internacionales, pidió respeto para «todas las víctimas». «ETA abandonó la lucha armada y hoy estamos aquí para redactar la última página de este conflicto», dijo. «Ahora tenemos una Europa sin violencia y con este proceso de paz se pone fin a la último episodio de horror en el Viejo Continente», añadió para concluir su tibia y corta intervención con una apuesta por el «diálogo» y la inspiración de este proceso para otros que todavía siguen abiertos en el mundo. Más sorprendente resultó la intervención del político mexicano Cuauhtemoc Cárdenas que con una formulación dialéctica enrevesada dijo que el próximo reto es la integración de los terroristas en la participación institucional. «Veremos que quienes han participado en ETA estarán sumándose e integrando nuevas organizaciones o buscando una participación individual de muy distintas formas para alcanzar objetivos de unidad y del reconocimiento de sus derechos a través de la vía política y vías institucionales», proclamó. Tras las intervenciones respectivas todos posaron, leyeron la declaración conjunta y pusieron punto y final a una controvertida labor de siete años en la que a todas luces se han olvidado de un aspecto fundamental: honrar la memoria de las víctimas asesinadas por ETA y las de sus familiares así como exigir el perdón público de los terroristas.