Técnicas de «kale borroka» en el «rodea el Congreso»

Varios jóvenes durante los incidentes registrados  tras la concentración "Rodea el Congreso"
Varios jóvenes durante los incidentes registrados tras la concentración "Rodea el Congreso"

Los incidentes que se produjeron en la noche del sábado al domingo en Madrid, tras la manifestación convocada por el fin de «rodear» el Congreso de los Diputados, ponen de manifiesto un incremento en el grado de violencia de los grupos que, una vez finalizada la concentración inicial, se dedicaron, con tácticas de guerrilla urbana, a destrozar mobiliario urbano y atacar a los agentes de las Fuerzas de Seguridad del Estado, 14 de los cuales resultaron heridos durante dichos disturbios. Se practicaron siete arrestos, uno de ellos, que fue puesto a disposición judicial, por ataque directo a agentes de la Policía.

Según han informado a LA RAZÓN fuentes conocedoras de lo ocurrido, la violencia que desarrollaron estos grupos demuestra que el problema, lejos de mantenerse en los niveles conocidos, está creciendo en agresividad y organización. Precisamente, uno de los motivos de la manifestación era protestar contra el anteproyecto de Seguridad Ciudadana que tiene, entre sus fines, atajar estas acciones delictivas que, además de los daños y la alarma social que causan, van en contra del conjunto de la ciudadanía.

El hecho de que los siete detenidos, de edades entre los 18 y los 37 años, carecieran, hasta ahora, de antecedentes penales demuestra que los organizadores de las acciones violentas utilizan a individuos «limpios». Se trata de evitar que se pueda acusar a los responsables de dichos grupos de planear los disturbios, en una estrategia de culpabilizar a la Policía de un uso desmedido de la fuerza ante personas que, al final, se limitan a defenderse.

La realidad es bien distinta y lo ocurrido en la noche del sábado al domingo en Madrid lo demuestra. El Cuerpo Nacional de Policía se había limitado a proteger la zona del Congreso de los Diputados y evitar que los límites de seguridad establecidos fueran superados, hasta que, a las 21:05, varios individuos atacaron, a la altura del número 28 de la calle Atocha, a un coche de la Policía Municipal que se había quedado bloqueado por la acción de los manifestantes, tras el lanzamiento de palos y botellas.

De la violencia de estos individuos, unos 150, da idea el hecho de que arrancaran una señal de tráfico, volcaran contenedores y lanzaran piedras contra los agentes (tras de los cuales resultaron heridos y fueron trasladados a la Clínica Nuestras Señora de América) que, no sin esfuerzo, lograron controlar la situación y evitar males mayores a los miembros de la dotación de la Policía Municipal.

A partir de ese momento, y con una aparente espontaneidad pero que respondía a planes preconcebidos, los incidentes se sucedieron en la zona, con la aparición, incluso, de individuos encapuchados que actuaban con técnicas de «kale borroka» (terrorismo callejero). La sucesión de algunos de los hechos es la que sigue:

21:40: en la plaza Tirso de Molina, esquina con Doctor Cortezo, se produjo un incendio de dos contenedores de reciclado de papel, que hizo necesaria la intervención de los bomberos.

21:50: un grupo de individuos corta el tráfico en Gran vía y se dirige hacia la Plaza de Cibeles. Interviene la Policía, despeja la calzada y recupera el tráfico rodado.

22:00: en la calle Duque de Alba se produce la quema de un cajero automático por desconocidos. En Virgen de los Peligros, esquina con calle Aduana, un grupo de encapuchados realiza una barricada volcando un contenedor y cruzando vallas de obra. El contenedor es quemado.

Los incidentes continuaron hasta bien entrada la madrugada por distintas calles de la zona centro de la capital de España.

Las citadas fuentes subrayan el hecho de que uno de los fines de la concentración fuera el de protestar contra un anteproyecto de ley que, visto lo ocurrido, se hace más que necesario.

Pretender la impunidad cuando lo que se intenta es, en función de las circunstancias, utilizar la violencia, con mayor o menor grado, y que las Fuerzas de Seguridad permanezcan como meros espectadores, la Justicia no intervenga y el conjunto de la ciudadanía tenga que soportar este tipo de desmanes es algo que va, simple y llanamente, contra el Estado de Derecho.

El lema de la pancarta que encabezaba la manifestación –«No pasarán»–, además de las connotaciones históricas de momentos que se creían superados por la vuelta de la democracia a España, demuestra el carácter que se pretendía dar a la convocatoria.