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¿Tendrá que hacer la “mili” la Princesa de Asturias?

No debería preocuparnos hoy el tema de la formación militar de la Princesa de Asturias, constatada la normalidad y tradición de la Corona

  • La Princesa Leonor ofrece este viernes su primer discurso publico.(Foto: Alberto R. Roldan)
    La Princesa Leonor ofrece este viernes su primer discurso publico.(Foto: Alberto R. Roldan)
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Oviedo.

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18 de octubre de 2019. 19:51h

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Luis Alejandre Oviedo. 18/10/2019

En Diciembre de 1959 juraba Bandera mi Promoción, la XVIII, en el patio de la Academia General Militar de Zaragoza, al mismo tiempo que recibía los despachos de Teniente la Promoción XIV de la que formaba parte el entonces Príncipe de Asturias D. Juan Carlos de Borbón. Recuerdo que la excepcionalidad del nombramiento no había roto la normalidad de la vida académica, aunque intuyo que bajo esta apariencia, personas responsables trenzaban con calma el futuro de España, sin poder prever entonces la fecha en que se materializaría. Esta, no llegaría hasta 1975, dieciséis años después.

Años más tarde, seguiría parecidos pasos el actual Rey, con los mismos parámetros, aunque sin la carga histórica de la compleja Sucesión a la Jefatura del Estado, que posteriormente la Constitución que nos dimos en 1978, reguló perfectamente en términos y plazos.

No debería preocuparnos hoy el tema de la formación militar de la Princesa de Asturias, constatada la normalidad y tradición de la Corona. Considero que las dos experiencias anteriores han sido más que positivas. Aparte de los conocimientos adquiridos, el contacto con los alumnos de las Academias de Zaragoza, Marín y San Javier les ha reportado amistades leales, francas. No conozco ningún caso de falta de discreción, disciplina o abuso de confianza, tanto en los Ejércitos de Tierra y Aire como en la Armada. Si tengo constancia de que el concepto de “noble compañerismo, solo supeditado al bien del servicio” (Artº 35) y “pilar donde se asienta la voluntad de asumir solidariamente responsabilidades” (Artº 13) del que nos hablan nuestras Ordenanzas, ha presidido estas relaciones.

Y no hace falta que refiera en 2019 el cambio que se ha producido en nuestra sociedad y en consecuencia en nuestras

Fuerzas Armadas que son un trozo vivo de la misma, con la que tienen contraído un firme compromiso de servicio a España. Entre estos cambios, la integración de la mujer en muchos campos. En el mismo patio de armas de la Academia de Zaragoza –pude constatarlo recientemente- forman hoy un 12% de mujeres. Y lo hacen con la misma normalidad que lo vivido en tiempos anteriores. Y como tal debe afrontarse, en mi opinión, si se decide seguir con la Princesa de Asturias los mismos pasos de su padre o de su abuelo. Por supuesto, matices importantes deben tenerse en cuenta, porque la carrera de las armas es vocacional y la vocación va con el carácter de la persona y su libertad –por supuesto también en su formación- y no puede imponerse. Siempre será positivo el equilibrio entre ambas. Porque formación necesitará tener quien constitucionalmente deba “ejercer el mando supremo de las Fuerzas Armadas” (artº 62 h), o “previa autorización de las Cortes declarar la guerra o hacer la paz” (artº 63.3) como la de “conferir empleos civiles y militares, conceder honores y distinciones con arreglo a la ley” (artº 62.f).

No necesitará nuestra futura Reina sitiar Granada como Isabel la Católica. Ni se verá como Isabel II, porque el marco constitucional es diferente, en la necesidad de nombrar hasta 32 Presidentes de su Consejo de Ministros entre 1843 y 1868, alguno de ellos en siete ocasiones como el general Ramón María Narváez.

Pero necesitará en su formación firmeza y temple y saber distinguir la lealtad de la fidelidad o la nobleza de la mezquindad.

No debe tener la menor duda la Princesa de Asturias, que en las Fuerzas Armadas encontrará unas virtudes básicas como el compañerismo, la disciplina y la lealtad, elementales para ejercer el emocionante-aunque difícil-papel de servicio a España, que la historia le ha reservado.

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