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Mikel Irastorza, jefe de ETA: un fanático que aún creía en la «victoria»

Mikel Irastorza / Jefe de ETA

  • El actual líder de la organización terrorista ETA, Mikel Irastorza, tras su detención por la policía francesa en colaboración con la Guardia Civil, en la localidad francesa de Ascain, en los en los Pirineos Atlánticos, al sur de Francia
    El actual líder de la organización terrorista ETA, Mikel Irastorza, tras su detención por la policía francesa en colaboración con la Guardia Civil, en la localidad francesa de Ascain, en los en los Pirineos Atlánticos, al sur de Francia
Madrid.

Tiempo de lectura 4 min.

06 de noviembre de 2016. 04:33h

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Madrid. 6/11/2016

Mikel Irastorza Artola, nacido en San Sebastián , de 41 años de edad, de no ser una persona del «complejo ETA», en concreto del comisariado Ekin, nunca se habría creído que había llegado a ser jefe de la banda terrorista. Pero su fanatismo, su absoluta fe en la «victoria final», le habían convencido de que era la persona idónea para el puesto.

Carecía de la experiencia necesaria, sobre todo en las normas de clandestinidad para evitar a las unidades antiterroristas.

Seguro que hoy, en el calabozo, se habrá dado cuenta de que no es lo mismo preparar una reunión secreta de Ekin, dejando los teléfonos móviles en casa, que ser el máximo dirigente de una banda criminal en suelo galo. Ya es tarde porque está en manos de la Policía y la justicia francesas.

Lideraba todas las estructuras etarras desde hace más de un año, en concreto, desde la detención por parte también de la DGSI francesa y de la Guardia Civil de David Pla e Iratxe Sorzábal, el 22 de septiembre de 2015, en el marco de la «operación Pardines».

Irastorza fue responsable nacional de Ekin, la estructura de la que ETA se sirvió como instrumento para aplicar la estrategia político-militar y ejercer la dirección política e instrumentalización de su complejo organizativo. Se encontraba en paradero desconocido desde 2008.

Ha ejercido diferentes responsabilidades dentro de la banda antes de asumir la máxima dirección. El arresto, en febrero de 2010, en la Normandía francesa, de Ibon Gogeascoechea, «Emile», jefe del «aparato militar», permitió la incautación del texto que servía de base para los planes. «Txinaurria Gorria» («Hormiga Roja», en euskera), en el que quedaba clara la dependencia de Ekin de la banda y la importancia que daba a su «comisariado político».

«No nos vamos a casa»

De hecho, el día en que esta organización anunció su supuesta disolución en «Gara», en octubre de 2011, dos dirigentes de Ekin aseguraron: «No nos vamos a nuestra casa, sino que continuaremos trabajando en el ámbito de la militancia o la construcción nacional en general, conscientes de que el reto que tiene Euskal Herria en este momento es grande, pero los que van a venir son mayores todavía».

Mikel Irastorza, jefe de ETA: un fanático que aún creía en la «victoria»

Barrios, un «comisario», el sucesor

La única experiencia que «avala» a Mikel Barrios para ser el nuevo jefe de ETA, es su trabajo como «comisario político» en Ekin. Huyó a Francia tras una operación policial contra Segi, las juventudes proetarras. Tras ser detenido en suelo galo, debía comparecer ante el Tribunal de Pau y no lo hizo, ya que se le ordenó desde ETA que pasara a la clandestinidad. En cualquier caso, Barrios no tiene el nivel de Irastorza. Ambos formaban parte del medio centenar de miembros de Ekin, que anunció su supuesta disolución en octubre de 2011 y que aprovecharon la coyuntura para escaparse a territorio galo. Más de la mitad forman parte ahora de la «reserva» que de momento se mantiene inactiva pero que está integrada por individuos profundamente fanatizados, acostumbrados a imponer su decisiones y que cuentan con el factor suplementario de tener el control «político» y sobre las armas y explosivos.

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