Un último servicio a su amada España

La Razón
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No por anunciada deja de ser menos dolorosa la pérdida del presidente Adolfo Suárez. Los que tuvimos el privilegio de conocerle y tratarle en los años de su presidencia del Gobierno no podemos olvidar su humanidad, su encanto personal y su coraje político. No dejo de pensar que con su muerte, quizá sin saberlo él, haya prestado su último servicio a su amada España. Su gran proyecto político y por el que, sin duda, ocupa un lugar de honor en la historia colectiva fue el de la Transición, en definitiva el conseguir que lo que era necesario –pasar del régimen de Franco tras su muerte, a una España libre y democrática– fuera posible. Él, en efecto, con su clarividencia política, su intuicion y su coraje político hizo lo que era necesario.

Ése fue el gran logro de la Transición, que pacíficamente los españoles nos reconciliásemos, olvidáramos viejas trincheras y mirásemos hacia delante, no preguntando de dónde procedían unos y otros, sino a dónde queríamos llegar.

Había un consenso mayoritariamente instalado en la sociedad española, se quería ir hacia una España libre y democrática, homologable con las naciones europeas de nuestro entorno, que nos permitiera incorporarnos al gran proyecto de la Unión Europea y que al mismo tiempo garantizase su unidad, la unidad de España en su diversidad.

En esta hora de España, donde se pone en cuestión el éxito de la Transición, es conveniente volver a poner en valor ese gran proyecto, del que junto con su majestad el Rey, fue artífice Adolfo Suárez.

El éxito o el fracaso se mide en función del objetivo pretendido. Desde esta perspectiva no puede dudarse del éxito de la Transición porque en efecto, pacíficamente, de la ley a la ley, se pasó de la España de Franco a la España plenamente democrática y constitucional actual.

Ello fue posible por personalidades como las señaladas, pero sin duda también porque había una extraordinaria voluntad en el conjunto de la sociedad española para que eso fuera así, y los dirigentes políticos estuvieron a la altura del momento. Los que con el impulso de su majestad el Rey y con el liderazgo político de Adolfo Suárez lo hicieron posible, tuvieron la altura de miras, la responsabilidad, la generosidad y el sentido de Estado necesarios.

Podríamos releer con absoluta coherencia lo que él dijo entonces y lo que dijo hasta los últimos momentos de conciencia plena en su día. Por desgracia otros, que con él protagonizaron aquel proyecto histórico de la Transición, no pueden decir lo mismo. Basta con acudir a las actas de diarios de sesión del Congreso de los Diputados para comprobar lo que decían entonces y lo que, por desgracia, están practicando y diciendo ahora.

Ojalá que este último servicio que puede prestar Adolfo Suárez con su muerte a España, y con el que comenzaba este artículo, sea una realidad.

Que su ejemplo y su memoria muevan los corazones y las voluntades de los diferentes dirigentes políticos para que sean capaces de subordinar sus intereses particulares al interés general y el bien común del conjunto de España y de los españoles.

No puedo dejar de hacer mención a un hecho personal, aunque sólo fuera por motivos de particular agradecimento. A mí me nombró gobernador civil de Asturias con escasamente 30 años, en julio de 1980. Él era entonces presidente de la UCD y presidente del Gobierno. Desde aquella responsabilidad política que él me concedió, viví su dimisión, viví el golpe del 23-F y pude, desde una posición privilegiada, vivir activamente aquellos dramáticos, terribles, pero también apasionantes años y comprobar de manera muy especial y personal su altura de miras y su grandeza.

Hace tiempo ya que Adolfo Suárez había perdido, todos sabemos, la memoria. Hoy, España entera, sin embargo, recupera la memoria colectiva hacia él, para colocarle en el lugar que le corresponde, en el lugar donde deben estar los prohombres de España. Él, sin duda, fue un hombre de bien, un patriota, un hombre generoso, un hombre que en definitiva consiguió reconciliar en aquella hora histórica de la Transicion las dos Españas y hacer posible la Constitución del 78 que a todos nos ampara.

Descanse en paz