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Una Cataluña ingobernable

Tiempo de lectura 4 min.

21 de abril de 2014. 17:09h

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21/4/2014

El estrés al que esta siendo sometida la sociedad catalana por las quimeras independentistas de la actual dirección de Convergència i Unió comienza a pasarle factura y provocaría que CiU dejase de ser la candidatura más votada si hoy se celebrasen unas elecciones autonómicas en Cataluña. Así se desprende de la última encuesta de NC Report para LA RAZÓN, sobre los comicios autonómicos en el territorio catalán, según la cual la formación de Artur Mas perdería entre 15 y 17 escaños respecto a los 50 que obtuvo en las elecciones del 25 de noviembre de 2012. El principal beneficiado por la desventura soberanista de Mas es ERC, que se consolida como el partido más votado en Cataluña, con los apoyos que pierde CiU y sumando el de los electores independentistas rescatados de la abstención, activados por el proceso soberanista tras lustros de hibernación.

La formación que lidera Oriol Junqueras incrementaría su grupo parlamentario en 12 o 13 escaños, alcanzando los 33/34 diputados.

Si en el último barómetro (25 de enero) los convergentes habían frenado su caída al obtener un 22,8 por ciento de los sufragios, ahora pierden un punto (bajando hasta el 21,9%) en favor de Esquerra Republicana de Cataluña, que toma aire y sube desde el 20,8% hasta el 22,3% y ya les aventaja en cuatro décimas en intención de voto. Este decisivo castigo en las urnas se traduce en que Mas habría perdido la confianza de 385.000 votantes y sería, con diferencia, la fuerza política que mayor deterioro padecería en estos quince meses de legislatura.

La estratagema soberanista que se gestó desde la jefatura de CiU tenía, entre otros objetivos, dividir al PSC y eliminarlo como alternativa, dejando a CiU como partido hegemónico. Pero los datos de la encuesta dan testimonio del desastre electoral al que está llevando Mas a CiU: 192.001 de los votantes que apostaron por él en noviembre se pasarían a ERC y otros 191.000 se abstendrían. Sólo estas fugas representan el 34,3% de su electorado. Además, otro 10,6% cambia su voto por otras opciones, básicamente constitucionalistas, concretamente el 9,6%, y tan solo el 1% se marcharía a CUP.

A pesar de los malos datos, CiU aún mantiene un bastión entre los mayores de 44 años de edad, donde se configura como la lista más votada. Eso sí, los menores de 45 años ya apoyan mayoritariamente a ERC.

Por la senda del crecimiento también se encamina Ciudadanos, como la segunda formación –después de ERC– que mayor número de apoyos recaba. Su base electoral aumenta en 145.000 votos, lo que le permite pasar del 7,6% al 12.6% del voto a su candidatura. Si hoy se celebrasen elecciones Albert Rivera vería incrementados sus parlamentarios, que pasarían de 9 a 16/17.

CUP es la tercera en avances. Incrementa su electorado en 50.000 votantes y pasa del 3,5% al 5,3% del voto válido, aumentando su grupo parlamentario en 3 escaños.

Quienes no han variado sus posturas –contrarias a la hoja de ruta soberanista de Mas– son las principales fuerzas constitucionalistas, que mantienen sus datos respecto al barómetro de enero, pero que retroceden ligeramente en base a los resultados obtenidos en los comicios de 2012. El Partido Popular de Alicia Sánchez Camacho cedería 1,8 puntos y los socialistas de Pere Navarro, un 1,7%. Por su parte ICV también pierde 0,3 puntos.

Lo que vuelve a quedar de manifiesto, como ya ocurriera en enero, es que la independencia no acrecienta la participación en las urnas. El desafío de Mas también sufre un desgaste en cuanto a lo que a movilización ciudadana se refiere y se reduce en 5,4 puntos con relación a las anteriores elecciones autonómicas, al bajar del 67,8% al 62,4%.

Consecuencia de esta transformación del mapa político catalán es su manifiesta ingobernabilidad. No existe ninguna mayoría racionalmente posible. Si Mas sigue adelante con su reto soberanista, la noche del próximo 9 de noviembre dejará una Cataluña política y socialmente fragmentada, profundamente dividida y económicamente en la bancarrota. Por lo que será necesario un Gobierno de concentración, sin elementos independentistas, en el que CiU tendrá un papel fundamental. Pero, previamente, debe producirse la capitulación de sus actuales jerarcas.

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