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Y las «miembras» evolucionaron a «portavozas»

Irene Montero queda en evidencia en su intento de feminizar «portavoz». La RAE no duda: el término no es correcto

  • La portavoz parlamentaria Irene Montero, en un acto el pasado mes de octubre
    La portavoz parlamentaria Irene Montero, en un acto el pasado mes de octubre

Tiempo de lectura 4 min.

09 de febrero de 2018. 05:43h

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R. N..  9/2/2018

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«Portavoces y portavozas». Un desdoblamiento gramatical con el que Podemos ha vuelto a poner sobre la mesa el debate sobre el lenguaje sexista. La protagonista de la errónea acepción es la portavoz o «¿portavoza?» de Unidos Podemos, que en su afán por la igualdad recordó al exitoso «miembros y miembras» de la ex ministra socialista Bibiana Aído.

El martes, la portavoz parlamentaria de Unidos Podemos en el Congreso, Irene Montero, anunciaba que el miércoles su formación contaría en un acto con «portavoces y portavozas» del partido. Una error gramatical por parte de la diputada que pretendió usar un lenguaje feminista con una palabra que ya en sí es masculina y femenina, y que retocó su parte final, que también lo es: «La voz».

Sin embargo esta intencionada utilización de la acepción no pasó desapercibida por nadie. En las redes sociales fueron múltiples las críticas, y la propia Real Academia Española (RAE) se pronunció para reafirmar el uso del término portavoz tanto para nombrar a hombres como a mujeres, A través de su perfil de Twitter explicó que «el sustantivo ''portavoz'' es común en cuanto al género, lo que significa que se usa la misma forma para el masculino y para el femenino».

Una respuesta que la dirigente de Podemos tampoco ha querido dejar de comentar: «(La RAE) tiene mucho que hacer para defender la igualdad». Montero se defendió señalando que, «a veces desdoblando el lenguaje, aunque no suene muy correcto, se puede avanzar en la igualdad». La portavoz también rechazó las críticas de ayer del ministro de Educación, Íñigo Méndez de Vigo el cual señaló que en España se va a «mejorar mucho el sistema educativo». Ante esto, la diputada le criticó que «debería tomar ejemplo de Unidos Podemos, del conjunto del movimiento feminista y del conjunto de la ciudadanía y saber que, aunque suene extraño, y a veces, pesado, apuestan por defender la igualdad y no a una sociedad que invisibiliza a las mujeres», reflexionó.

El «gazapo» intencionado o no de Montero recuerda inevitablemente a otros dirigentes [y «¿dirigentas?»] que han tratado de introducir, sin éxito, un lenguaje feminista con el objetivo de dar visibilidad a la mujer. Del «miembros y miembras» de la ex ministra socialista, que pasará ya a la historia, también se asoma el «jóvenes y jóvenas», aún más llamativo de la diputada socialista Carmen Romero en un mitin en el 1997. Este término erróneo lo recuperó más tarde la portavoz de Podemos en la Asamblea de Madrid, Lorena Ruiz -Huerta. El propio secretario general del PSOE, Pedro Sánchez, causó alboroto en 2015 en el Congreso al recuperar el «lapsus» de Bibiana Aído, motivo por el cual tuvo que aclarar después de que se trataba de una broma. Ahora, desde su partido defienden también este lenguaje. Ayer su vicesecretaria general, Adriana Lastra, respaldó a Montero: «Lo que no se nombre no existe. A mí no me parece mal, al igual que no me pareció mal el miembros y miembras. El lenguaje avanza», aseguró.

A propósito de estas declaraciones vertidas en el Congreso, tampoco se puede olvidar cuando Podemos y Compromís registraron en 2016 sendas proposiciones no de ley con el objetivo de cambiar el nombre de la Cámara baja, por considerarlo sexista. Pretendían que pasase a llamarse sólo «Congreso».

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