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...Y Rodiezmo se quedó vacío

  • El campo de la localidad leonesa de Rodiezmo estaba ayer completamente desierto. Ni rastro de los líderes de la izquierda
    El campo de la localidad leonesa de Rodiezmo estaba ayer completamente desierto. Ni rastro de los líderes de la izquierda

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02 de septiembre de 2013. 07:27h

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2/9/2013

El primer domingo de septiembre desde el año 1979 siempre ha sido un día marcado en rojo en las agendas de los sindicalistas españoles y de todos sus afines. Se trata de la fecha de la tradicional fiesta de Rodiezmo, una pequeña localidad leonesa en la que, con el puño en alto y «La Internacional» en la garganta, miles de pesonas se unían a líderes de la izquierda como Alfonso Guerra y Cándido Méndez en una particular catarsis.

Ayer, por primera vez en 34 años, las pancartas comunistas, las banderas republicanas y los pendones estrellados nacionalistas de diversas comunidades autónomas tuvieron que quedarse en un cajón. No hubo fiesta en Rodiezmo.

Las razones oficiales aluden a que la situación económica y la crisis en la industria del carbón no son motivos de celebración. Sin embargo, el año pasado, justo cuando el país estaba al borde del rescate –y de la consiguiente intervención por parte de Europa– y los mineros habían llegado hasta el punto de instalar barricadas en las carreteras y atacar a las Fuerzas de Seguridad del Estado, sí se consideró apropiado el festejo.

Tal vez los auténticos motivos se hallen en el propio seno de UGT. El sindicato padre del evento ya sólo tiene una preocupación: rechazar sistemáticamente cualquier propuesta del Gobierno. Una clara muestra de ello es que prefirieron reservar el día de ayer para atacar la reforma de las pensiones, a pesar de la voluntad de diálogo de la ministra Fátima Báñez.

Además, este año han tenido que lidiar con la dimisión de José Ángel Fernández Villa, el histórico secretario general del Sindicato de Obreros de la Minería de Asturias (SOMA), a quien todavía no han podido encontrar sustituto; así como con los desplantes de los líderes de varias comisiones provinciales que se negaron a ser reelegidos. A todos estos problemas internos se sumó este verano el escándalo que estalló a raíz de las informaciones que apuntan a que, desde UGT-Andalucía, se falsificaron una serie de facturas para pagar actividades sindicales con fondos públicos.

Con la llegada de la recesión económica y la imposibilidad de que desde el Gobierno se pudieran satisfacer las demandas sociales exigidas por los sindicatos, comenzó el declive de Rodiezmo.

Desde la última legislatura de José Luis Rodríguez Zapatero, el acto ha ido perdiendo fuelle hasta el punto de que, si en sus tiempos de esplendor se llegaban a reunir hasta 35.000 personas, en 2012 apenas hubo 4.000, una afluencia casi nueve veces menor.

Así, en 2009, Zapatero inició el curso político ante las masas de izquierdas que viajaron hasta la localidad leonesa (y ante las ex ministras Leire Pajín y Bibiana Aído, que le acompañaron con el puño alzado) prometiendo que subiría las pensiones. Ni cumplió su palabra ni volvió a pisar Rodiezmo. Ni él, ni su sucesor, Alfredo Pérez Rubalcaba, que el año pasado se ausentó alegando un oportuno dolor de espalda.

El cargo de mayor responsabilidad que han enviado los socialistas desde 2009 ha sido Óscar López, el número tres del partido, que acudió a la cita en 2012.

La intención de UGT es recuperar la fiesta de Rodiezmo en 2014. Sin embargo, mientras el sindicato siga sin resolver sus problemas internos y de credibilidad y el principal partido que les apoya, el PSOE, continúe a la deriva, será difícil cumplir el objetivo principal del acto: mostrar la imagen de una izquierda honesta y unida que busca el bien de los trabajadores, y no el suyo propio.

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