Un 64% de los niños con trastorno del espectro autista sufre trastornos del sueño, pero sólo el 30% está diagnosticado

Solo un 8,3% de los niños con trastorno del espectro autista que tienen problemas de sueño en las primeras etapas de la vida mejoran espontáneamente, mientras que la cifra alcanza el 52% en el caso de los niños con desarrollo neurotípico.

Alrededor del 25% de los niños con desarrollo neurotípico presenta algún problema de sueño. Esta cifra, sin embargo, se dispara hasta el 63% en el caso de los menores diagnosticados con Trastorno por Déficit de Atención e Hiperactividad (TDAH) y un punto más, hasta el 64%, en el caso de los niños y niñas que presentan un trastorno del espectro autista. Esta diferencia se mantiene incluso en el caso de gemelos: si uno de los gemelos es diagnosticado de autismo tiene hasta un 47% de probabilidades de tener trastornos del sueño, frente al 16% de posibilidades de su gemelo con desarrollo neurotípico.

“Hoy sabemos que hay tres bases fisiopatológicas que justifican las alternaciones del sueño en los niños con trastornos del neurodesarrollo. Por un lado, un aumento de la actividad del sistema orexígeno; por otro, una disminución de la actividad del sistema serotoninérgico, que indica una caída en la actividad del sistema melatoninégico; y, por último una disminución de la proporción del sueño REM”, ha explicado el doctor Gonzalo Pin Arboledas, jefe del Servicio de Pediatría y la Unidad del Sueño del Hospital Quirón de Valencia.

Durante su ponencia Sueño en el neurodesarrollo, incluida dentro del programa de la XXVIII Reunión Anual de la Sociedad Española de Sueño (SES), que se celebra estos días en formato virtual, Pin Arboledas ha destacado también que, aunque más de seis de cada diez niños con trastorno del espectro autista presenta estos trastornos del sueño, sólo un 30% de los casos está diagnosticado y tratado. Un dato relevante, ya que solo un 8,3% de los niños con trastorno del espectro autista que tienen problemas de sueño en las primeras etapas de la vida mejoran espontáneamente, mientras que la cifra alcanza el 52% en el caso de los niños con desarrollo neurotípico.

"Ni los padres, ni incluso en ocasiones los profesionales de la salud, le dan a estos trastornos la importancia que tienen porque están desbordados por síntomas y situaciones durante la vigilia que son más aparentes y “urgentes”. Sin embargo, el diagnóstico precoz de los trastornos del sueño es muy importante porque sus consecuencias en cuanto a conducta, cognición y salud son dosis-tiempo dependientes. Es decir, dependen de la cantidad de trastorno del sueño, del tiempo que duren esos trastornos y del momento del desarrollo en que se producen", ha argumentado.

En ese sentido, el miembro del grupo de trabajo de Pediatría de la SES ha explicado que llevan cinco años trabajando en un programa para mejorar la calidad del sueño de los niños y niñas con trastornos del neurodesarrollo. Algo que tiene un impacto directo en los padres y madres, ya que hasta un 73% de los padres de niños con trastornos del espectro autista refiere tener una mala calidad de sueño y el 66% asegura dormir menos de seis horas diarias; y, por supuesto, en los niños y niñas: “Mejorar el sueño de estos niños es fundamental para que a la mañana siguiente tengan una mejor capacidad de atención y de aprendizaje. Un buen sueño facilita mucho el trabajo que hacemos por el día con ellos. Es realmente satisfactorio ver cómo mejora su calidad de vida cuando conseguimos mejorar su sueño”.

Importancia del sueño para el desarrollo cerebral y la salud

La neurociencia ha diagnosticado en los últimos años diferentes periodos sensibles durante la infancia, también conocidos como “ventanas de oportunidad”, en el desarrollo del cerebro infantil y en la adquisición y aprendizaje de habilidades y conocimientos. “Hay etapas que son muy importantes en el desarrollo del niño y que en función de lo que hagamos pueden tener consecuencias para su neurodesarrollo”, ha asegurado el doctor Gonzalo Pin, que ha destacado en ese sentido, por ejemplo, la importancia de los 1.000 primeros días de vida del bebé y, más en concreto, de su primer año tras el nacimiento, cuando tiene lugar un desarrollo del 14% de la amígdala cerebral (cerebro afectivo).

“Justo durante esta etapa de su vida el niño debería dedicar al sueño el 50% de su tiempo. Cuando eso no sucede así, ya sea porque el menor duerme menos de lo que corresponda o porque lo hace con horarios irregulares, eso se traduce en unas conductas que llamamos ‘TDAH Light’, por su parecido a las que presentan los menores diagnosticados de Trastorno por Déficit de Atención e Hiperactividad”, ha afirmado el experto.

Además de en esas conductas ‘TDHA Light’, según Pin la falta de sueño se manifiesta a corto plazo en dificultades para el aprendizaje y para la atención, así como en fracaso en el rendimiento escolar: “La memoria de trabajo y la memoria reciente tienen su consolidación durante las fases REM y no REM del sueño. Si un niño no tiene una distribución proporcional de estas dos fases de sueño y un tiempo de sueño suficiente, la consolidación de la memoria se deteriora”. Más a medio y largo plazo, si no hay un tratamiento, los trastornos del sueño pueden derivar también en otros problemas de salud, ya que existe una relación directa entre las alteraciones del sueño y del ritmo circadiano y las probabilidades de sufrir sobrepeso u obesidad y alteraciones a nivel hipertensivo: “Los problemas de sueño, que a corto plazo pueden manifestarse exclusivamente en forma de trastornos de conducta o de aprendizaje, si persisten en el tiempo acaban afectando a todo el metabolismo del niño”.

Para mejorar la calidad del sueño de niños y niñas y, con ello, su calidad de vida, el doctor Gonzalo Pin ha animado a padres y madres a actuar como ejemplo (“El primer paso es cuidar nuestro sueño, porque eso nos va a permitir ser mejores modelos educativos”), a no someter los ritmos de vida y de sueño de los menores “única y exclusivamente” a las necesidades logísticas del mundo de los adultos, y a cuidar los horarios y rutinas diurnos. “Es importante que los niños estén expuestos a la luz a primera hora de la mañana, que realicen actividad física para llegar al colegio (que vayan andando o en bicicleta) y que cuidemos que los horarios de las comidas sean regulares y tempranos. El primer paso para mejorar la higiene del sueño es cuidar el día, porque el sueño forma parte de un ciclo de 24 horas y en función de cómo nosotros afrontemos el día, afrontaremos la noche”, ha concluido.