Los abrazos que curan

Abrazarse es, para el ser humano, lo mismo que respirar o alimentarse. Porque un abrazo va más allá de un simple gesto de cariño o de afecto. Sus beneficios físicos y emocionales son terapéuticos.

El abrazo es algo mucho más importante de lo que pensamos. Para los humanos es tan importante como respirar.
El abrazo es algo mucho más importante de lo que pensamos. Para los humanos es tan importante como respirar.Unsplash

Qué bien que se haya conmemorado a un día como el día del abrazo, porque un gesto que en muchas ocasiones no le hemos dado tanta importancia la tiene y más de lo que imaginamos.

Abrazarse es, para el ser humano, lo mismo que respirar o alimentarse. Porque un abrazo va más allá de un simple gesto de cariño o de afecto. Sus beneficios físicos y emocionales son terapéuticos.

Durante esta época tan difícil que hemos vivió y que estamos viviendo, nos hemos dado cuenta la importancia de estar juntos, la importancia del abrazo, la importancia de estar en contacto, de verse, de tocarse. Y es que antropológicamente somos seres sociales, llevamos esto en nuestros genes, necesitamos a los otros como especia, y nuestro instinto de supervivencia así nos lo dice.

Nuestra neuroquímica, necesaria para estar bien, para nuestra adecuada supervivencia para nuestra salud, se activa con ese contacto y además este se sigue retroalimentando.

Cuando tenemos contacto saludable con los demás, se despliega en nuestro interior sustancias químicas que nos producen bienestar, tranquilidad, ganas de ayudar, de perdonar, de hacer algo por los demás y además nos sentimos bien con nosotros mismos.

La principal de estas sustancias es la oxitocina, y el rey que la produce es el tacto y el contacto emocional des desde la sintonía y la mirada empática y de amor hacia el otro y hacia nosotros mismos. Cuando la oxitocina se produce, aparece en la sangre. Si eso ocurre, la amígdala desencadena una serie de reacciones que se traducen en un comportamiento más generoso y tranquilo.

La oxitocina es un excelente antídoto contra los miedos y fobias sociales. En otras palabras: si estás en una situación social que te provoca temor, probablemente un abrazo de alguien que en ese momento tengas cerca te reconfortará.

Los abrazos contribuyen a disminuir la tristeza y a mejorar el funcionamiento de la presión arterial. Por otro lado, los besos tienen un efecto similar al de un analgésico, pero además contribuyen a quemar calorías y a disminuir las arrugas.

La hormona de los abrazos también contribuye a que se produzca más serotonina y dopamina. En palabras más comunes, reduce el estrés y ayuda a que tengas una actitud más positiva frente a la vida.

Tenemos en nuestro cuerpo a la oxitocina desde que existimos como seres humanos, y además esta viene de un gen ancestral de los mamíferos vertebrados, en especial los primates y aquellos que necesitan al grupo para su supervivencia, teniendo este gen más de 500 millones de años.

El tacto es uno de los que desata este neuroquímico y nos hace contactar con los demás, y los tan echados de menos abrazos suelen ser el gesto principal.

Un abrazo, consciente, que dure algunos segundos, y que sea de corazón a corazón hace que nuestros niveles de oxitocina se incrementen y tengamos una carga extra de neuroquímica positiva en nuestro organismo. Química que intervienen en el bienestar emocional, y en nuestro el equilibrio interno de nuestro organismo. El bienestar emocional no es la única consecuencia positiva de la segregación de esta hormona. También incide decisivamente en el bienestar físico. Ayuda a que te enfermes menos y a que sanes más rápido, en caso de que algo te afecte. Fortalece el sistema inmunológico y mejora el funcionamiento de tu corazón. Es un pequeño prodigio químico que enriquece tu vida.

Es importante saber que la oxitocina se activa fundamentalmente a través del contacto físico. Se libera fácilmente a través de los abrazos y los besos, pero también responde a otros estímulos como una palabra afectuosa o incluso una simple palmadita en el hombro, y esto es muy importante tenerlo en cuenta en esta época en la que podemos transformar el abrazo o adaptarlo al m omento que vivimos.

ABRAZOS EN ESTOS TIEMPOS DE PANDEMIA

Es cierto que el abrazo se nos ha puesto ha puesto como algo a postponer a que todo esto suceda, pero si bien es cierto que es necesario no perder ese contacto y esa sintonía y es necesario hacer homenaje o encontrar otras formas de abrazar, porque el ser humano lo necesita para sobrevivir.

Muchas de las alteraciones emocionales que se están produciendo en estos momentos además de por la incertidumbre, y el miedo, es por una ausencia de contacto, y por habernos alejado de las relaciones sociales, que en ocasiones algunas nos daban cierto estrés, pero en otras nos generaban placer y a fin de cuentas las necesitamos para vivir.

Por eso y haciendo homenaje a los abrazos te propongo una serie de alternativas para que en este momento sigas estando en contacto, guardando la seguridad, pero no te aísles y te del bajón, porque es necesario seguir adaptándonos a la supervivencia que para eso tenemos a la razón y al pensamiento que nos ayudará a encontrar alternativas.

En esta época, los abrazos han desaparecido o son distintos: más breves, sin besos y siempre con la mascarilla puesta. Pero es importante seguir abrazándose, con precaución, pero seguir abrazándose y en contacto físico porque tiene múltiples beneficios para nuestra salud general tanto a nivel físico e inmunológico, como emocional.

Otro importante hallazgo de cara a la durabilidad del abrazo para que sea efectivo se sabe a través del resultado de diferentes experimentos que se realizaron en todo el mundo, pudo comprobarse que eran muchas más las situaciones que activaban la producción de esta hormona. Se descubrió que aunque los 20 segundos son los terapéuticos en un abrazo, un abrazo de 5 segundos ya estimula nuestra oxitocina para nuestro bienestar y esto es maravilloso.

Adaptarse a esta nueva normalidad, marcada por el uso de la mascarilla y la obligatoriedad de mantener la distancia social, no es tarea fácil. Y evitar los abrazos es casi misión imposible, entre otros motivos, porque este gesto es inherente a la naturaleza humana. No se entiende la vida sin abrazar a los seres queridos, a los abuelos, a los hermanos, a los nietos.

Los beneficios de abrazarse, tanto a nivel físico como emocional, son numerosos. Cuando abrazamos o recibimos un abrazo, liberamos estrés y ansiedad, y aumenta el nivel de oxitocina, lo que mejora nuestro estado de ánimo y, por lo tanto, la depresión. De ahí la sensación de bienestar y tranquilidad que produce este tipo de contacto. Los abrazos, además:

  • Los abrazos aumentan la vinculación y fortalecen las relaciones, ya que el contacto del tacto desata la hormona que nos conecta con el amor.
  • Los abrazos mejoran la autoestima, nos hace sentir queridos, nos conecta con el amor que recibimos y que tenemos para dar.
  • Los abrazos hacen que los músculos se relajen y a a través del tacto de un masaje, del tacto entre las manos o de un abrazo tipo COVID, con mascarilla y apartando la cara, se mejoran las sensaciones descritas en la “escala de felicidad”
  • Los abrazos aumentan la empatía y la comprensión, tras un abrazo, a alguien que no conocemos ya sentimos esa cercanía que no había previamente.
  • Los abrazos aumentan la felicidad, según detallan estudios que evalúan la presencia de abrazos en el estado vital de personas.

La pregunta en este momento y que nos viene a la cabeza e incluso nos hace sentir inseguridad en nuestros actos es: ¿podemos abrazar a nuestros seres queridos? ¿Cómo podemos hacerlo?, para ello debemos aprender dar “Abrazos seguros”

Toda precaución es poca para evitar la propagación de un virus invisible que ha puesto en jaque al mundo casi de un día para otro. Por ello:

  • Es preferible que los saludos se hagan en espacios exteriores y abiertos que estén bien ventilados.
  • Las personas que se abracen deberán llevar siempre puesta la mascarilla, también en el caso de los niños a partir de los seis años de edad.
  • Durante el abrazo, no se puede hablar, ya que la saliva es una fuente de propagación del virus.
  • Con diferentes experimentos que se realizaron en todo el mundo, pudo comprobarse que eran muchas más las situaciones que activaban la producción de esta hormona. Se descubrió, por ejemplo, que un abrazo de 5 segundos la estimula; pero uno de 20 segundos la activa y equivale a un mes de terapia. Maravilloso, ¿cierto? Pero la cosa no para ahí. Los besos que son percibidos como una manifestación de amor son también liberan oxitocina.
  • Tras el abrazo, hay que lavarse las manos a fondo con agua y jabón, o gel hidroalcohólico.
  • Tampoco hay que tocar la cara o la mascarilla de la otra persona.
  • Las personas que se abracen deberán llevar siempre puesta la mascarilla, también en el caso de los niños a partir de los seis años de edad.
  • Los niños también pueden abrazarse a la altura que queden del adulto, si esta es por debajo del pecho.
  • Durante el abrazo, no hablar, ya que la saliva es una fuente de propagación del virus.
  • Además, debe durar unos pocos segundos, y ni las caras ni las mejillas deben juntarse nunca. Lo suyo es girar lateralmente las cabezas en sentido contrario, para no coincidir y evitar el contacto.

Por tanto recordemos que es importante estar en contacto, y que el abrazo en estos momentos necesita seguir estando presente, pero con nuevos aprendizajes y adaptándonos al momento que vivimos, ya que su efectividad si la sintonía va con amor, siempre estará presente.

Ana Asensio

Psicóloga, Doctora en Neurociencia

Autora de Vidas en Positivo