¿Cómo podemos detectar el chantaje emocional?

La psicóloga Claudia París nos da las claves para no sufrirlo ni ejercerlo

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Madrid.

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02 de marzo de 2018. 07:31h

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Madrid. 2/3/2018

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Vamos a abordar, de la mano de la psicóloga de Efectome, Claudia París, la temática desde dos lecturas que se suman: la posibilidad de sufrirlo entre adultos y la posibilidad de que nuestros hijos nos lleguen a chantajear en algún momento.

El chantaje emocional es una forma de control que implica un acto de violencia psicológica. Normalmente damos por hecho que esto tan sólo sucede en las parejas, sin embargo, también lo hacemos con los hijos. El agresor suele ser una persona cercana afectivamente, que pretende controlar nuestro comportamiento sin darnos la posibilidad de elegir. Para lograrlo puede recurrir a la intimidación, amenazas, o a formas de manipulación más sutiles que terminan minando nuestra autoestima.

De hecho, el chantaje emocional puede esconderse detrás de frases aparentemente inocuas como “si me quisieras, no lo harías” o “tú decides, pero atente a las consecuencias” “ Si no comes me quedaré triste”. Estas frases tienen el objetivo conseguir que la otra persona, en este ejemplo, nuestro hijo haga lo que queremos. El problema es que al hacerlo desde este lugar le transmitimos una sensación de culpa, miedo y responsabilidad, para lograr que la persona ceda a la voluntad del manipulador.

¿Cómo detectar a un chantajista emocional?

En algunos casos la manipulación es casi inofensiva, no es cuestión de sentir que estamos dañando deliberadamente a nuestros hijos o parejas pero sí de prestar atención. De hecho, cuando la manipulación perdura a lo largo del tiempo, causa profundas heridas emocionales en la persona que la sufre. Por eso es importante detectar a tiempo al chantajista o detectar si nosotros mimos lo estamos siendo. Es bastante relevante el hecho de que a día de hoy siguen llegando a los espacios de terapia las víctimas.

¿Qué pasa con los agresores?

Por ejemplo, cuando nos sentimos desbordados con temas referentes a nuestros hijos, solemos pensar que la solución está en ellos sólo y los traen a terapia; cuando en realidad en gran parte de los casos nuestros hijos están siendo un espejo de una conducta del adulto, por tanto, si el adulto no analiza también sus criterios y conducta, de poco sirve la intervención.

Hay familias en las que la llegada de un nuevo bebé inicia una serie de chantajes por parte de nuestros hijos mayores, nuevamente este esquema en gran parte de los casos se trata de una reproducción aprendida.

Su exigencia es desmesurada. Los chantajistas siempre tienen una exigencia, que generalmente va en contra de nuestras necesidades y deseos. De hecho, no importa cuántas veces hayamos cedido a sus demandas, no se darán por satisfechos y ni siquiera recordarán lo que hemos sacrificado por ellos en el pasado, siempre querrán más. Con los más pequeños de la casa pasa con las notas del colegio, nuestra fijación en la nota numérica que saca, a veces nos aleja de saber cómo se siente nuestro hijo.

Oponen una gran resistencia. El chantajista casi nunca da su brazo a torcer, se mantiene firme y da batalla si pensamos de manera diferente. Si no acatamos sus deseos mostrará su enojo o decepción de la peor manera, haciendo que nos sintamos mal. Puede llorar, discutir, reclamar o gritar, cualquier estrategia es buena para “convencer”. El manipulador simplemente no acepta las cosas si no le agradan.

Tergiversan las palabras. El manipulador es un especialista tergiversando las palabras porque no está dispuesto a asumir su responsabilidad. Si intentamos reclamar nuestros derechos, inmediatamente asumirá el rol de víctima o nos recordará todo lo que ha hecho por nosotros. Así, lo que era un simple reclamo de un derecho fundamental se convierte en una “evidencia” de lo mala persona que somos.

Amenazan continuamente. No siempre se trata de amenazas directas, en muchos casos son amenazas disfrazadas. Por ejemplo, un manipulador puede exagerar las consecuencias de una decisión equivocada, puede amenazar con el dolor y el sufrimiento que sentirá por esa decisión.

Subestiman los problemas de los demás. Al manipulador no le interesan los problemas de su víctima, podemos llevar sobre nuestros hombros un peso enorme pero el chantajista hará caso omiso e intentará desviar la atención hacia sus supuestos problemas. En este tipo de relación, la víctima está obligada a soportar los problemas de ambos, y si no lo hace es tachada de egoísta e insensible.

Conocen los puntos débiles y no dudan en tocarlos. El chantajista es un hábil lector emocional, conoce perfectamente los puntos débiles de su víctima y no duda en tocarlos cada vez que sea necesario. De hecho, esta persona no se caracteriza precisamente por su empatía, si sabe que su víctima tiene un gran sentido del deber o que se siente desprotegida, recurrirá a estas “debilidades” para manipularla.

Actúan con prepotencia y rigidez. La mayoría de los manipuladores quieren dominar la conversación, siempre quieren tener razón y se molestan cuando les aconsejan o les llevan la contraria porque consideran que se trata de un insulto a su inteligencia. Su objetivo es anular la opinión del otro, para que la suya prevalezca.

Cambian de humor con extrema facilidad. Los manipuladores cambian de humor con gran rapidez. Un momento pueden mostrarse felices y satisfechos pero al momento siguiente, si la víctima se resiste, pueden transformarse y comenzar a llorar, enfadarse o gritar.

¿Cómo podemos detectar el chantaje emocional?

Los tipos de manipulación emocional

Existen diferentes tipos de manipulación emocional, aunque lo más usual es que el chantajista adopte varias técnicas para lograr sus objetivos, en dependencia de la persona y del contexto.

▪ En este caso, el manipulador ejerce una presión sobre la persona para limitar su libertad de decisión. En práctica, le hace saber que su comportamiento tendrá consecuencias negativas que sería mejor evitar, “por su propio bien”. En este tipo de manipulación se recurre al miedo, de hecho, en las relaciones de pareja suelen ser comunes frases como “si vuelves a hacer eso, te abandono”. Se trata de una postura radical que no admite discusión ya que si la persona no acata la orden, será castigada.

▪ Uno de los tipos de manipulación emocional más comunes consiste en sembrar la semilla de la culpa. El chantajista logra que la persona crea que es “mala” si no le obedece. En este caso, la persona cede al chantaje para no convertirse en “el malo de la película”. Frases como “con todo lo que he hecho por ti y así me pagas” o “me has defraudado, creía que eras una buena persona” forman parte del guión de este tipo de chantaje en el que el manipulador se convierte en una “pobre víctima”.

▪ Se trata de un tipo de manipulación emocional en el que el chantajista asume el control fingiendo que depende de la otra persona. En este caso, no solo despierta sentimientos de culpabilidad sino que también alude al sentido de la responsabilidad. Por ejemplo, una pareja o una madre puede recurrir a frases como “si me abandonas, no podré soportarlo”. De esta forma se colocan una máscara de debilidad e impotencia, con el objetivo de manejar la relación y lograr que la persona ceda a sus deseos.

▪ Una de las técnicas de manipulación emocional más utilizadas consiste en confundir y criticar a la víctima. El chantajista conoce sus puntos débiles y sabe hacer palanca en ellos, para lograr que esa persona lo vea como su “salvador”. En este caso, el manipulador se adueña de la razón y se convierte en una especie de mentor ya que su objetivo es crear una dependencia, de manera que la persona siempre le pida consejo. Generalmente usan frases dirigidas a minar su autoestima y autoconfianza, como: “no sirves para nada”, “no tienes idea de cómo solucionar el problema” o “te ayudaré porque no sabes hacerlo”.

▪ En un primer momento puede parecer una negociación pero en realidad se trata de un chantaje en toda regla. En este caso, el manipulador promete premiar a la persona si esta accede a sus deseos. Se trata de un chantaje muy común entre padres e hijos, como cuando estos le ofrecen al niño un premio a cambio de que apruebe los exámenes. También se aprecia en las parejas, en cuyo caso uno de los miembros intenta someter la voluntad del otro a través de regalos o incluso concediendo su atención o recordándole constantemente todo lo que le ha dado.

¿Cómo podemos detectar el chantaje emocional?

¿Cómo protegernos del chantaje emocional?

Ante todo, debemos tener en cuenta que al chantajista emocional normalmente lo guía el miedo a perder al otro, ser rechazado , en el caso de padres no conseguir que sus hijo hagan lo que se espera. En la base, la manipulación emocional suele esconder un temor al abandono, que puede provenir de la infancia. En otros casos puede ser una expresión de inseguridad personal, falta de autoconfianza y baja autoestima.

Sin embargo, independientemente de sus causas, la manipulación emocional puede ser muy dañina, llegando a provocar un desequilibrio emocional en la persona que la padece, hasta el punto que puede afectar profundamente su autoconfianza y autoestima.

A lo largo de este articulo podemos sentir cómo todos podemos ser agresores emocionales y también víctimas. Como madres y padres, figuras de referencia para nuestros hijos podemos estar colaborando en la formación de un carácter manipulativo. Por tanto, resulta bastante necesario prestar atención a las premisas que ponemos en uso para con otros. El primer paso consiste en reconocer que estamos siendo manipulados. Luego, es necesario establecer límites para que esa situación no se repita.

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