¿Cómo puedo saber si mi hijo es intolerante a la lactosa?

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Madrid.

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01 de julio de 2019. 11:39h

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larazon.es.  Madrid. 2/7/2019

Si el intestino no contiene suficiente enzima lactasa, la lactosa no descompuesta pasa al intestino grueso, fermentando por las bacterias intestinales. Esto provoca distensión o hinchazón del abdomen, cólicos (dolor en forma de espasmos y tensión abdominal), meteorismos o gases y flatulencias, y también náuseas. Si el paciente tiene una gran intolerancia también se suele dar diarrea. La lactasa es un tipo de enzima que produce el intestino delgado y que se encarga de separar la lactosa en sus dos componentes o azúcares básicos (galactosa y glucosa), para que pueda ser digerido por el intestino.

Pero, ¿qué es la lactosa?

La lactosa es un tipo de azúcar que se encuentra presente en la leche de los mamíferos, así como en derivados lácteos tales como natillas, flanes, cremas, yogures, natas o helados, e incluso en algunos alimentos preparados.

Como se ha mencionado anteriormente, la lactosa está formada por dos tipos de azúcares, la galactosa y la glucosa. Para que puedan ser absorbidas por el intestino es importante que estas moléculas se separen.

¿A quién afecta la intolerancia a la lactosa?

La intolerancia a la lactosa puede darse:

En bebés prematuros, debido a la inmadurez del tubo digestivo, o en niños de menos de 3 años.

De manera transitoria, por infecciones digestivas o una alteración en la flora intestinal por la toma de antibióticos, por ejemplo.

En enfermedades que produzcan lesiones en el intestino delgado, como la enfermedad de Crohn o la celiaquía.

En adultos es bastante común, con diferentes grados de permanencia. Es más frecuente en asiáticos, africanos e indígenas de América. En cambio, en el norte de Europa lo es menos, por la introducción de la leche en la dieta hace más de 11.000 años, cuando empezó la ganadería y a ordeñar a los animales.

¿Cómo se diagnostica una intolerancia a la lactosa?

Es posible un diagnóstico clínico retirando la leche durante dos semanas y observando los resultados, y si mejoran los síntomas. En tal caso, será al reintroducir la leche cuando se produzcan de nuevo los síntomas.

Además, existen otros métodos, aunque no siempre pueden confirmar el diagnóstico:

Prueba de hidrógeno en el aliento. Se utiliza para medir la cantidad de hidrógeno en el aire exhalado. Durante la prueba el paciente respira en un globo que mide el hidrógeno expulsado, ya que normalmente suele haber poco nitrógeno en la respiración. A posteriori el paciente deberá ingerir un líquido que contiene lactosa y hará pruebas de espiración, para así ver el hidrógeno exhalado. Cuando el intestino no es capaz de descomponer la lactosa los niveles de hidrógeno en el aliento aumentan. Se considerará positivo cuando haya un aumento del hidrógeno en 12 partes por millón sobre el nivel inicial.

Prueba de sangre de intolerancia a la lactosa. Mide la cantidad de glucosa tras la ingesta de lactosa. Si se incrementa a más de 30mg/dL (1,6mmol/L) en las 2 horas siguientes tras la ingesta, se considerará normal, ya que la lactosa habrá sido separada en galactosa y glucosa y, por lo tanto, la glucosa subirá en sangre. En cambio, si hay un incremento por debajo de 20mg/dL se considerará intolerancia a la lactosa.

¿Eliminar la lactosa de la dieta es la solución?

Reducir los productos lácteos alivia los síntomas. Sin embargo, desde el punto nutricional no es recomendable eliminar la lactosa porque son los que más calcio contienen. Es necesario ingerir alrededor de 1.000-1.200mg de calcio para mantener una buena salud ósea. Lo ideal es eliminar los alimentos lácteos que causan síntomas molestos y encontrar otros productos tolerables. Por otra parte, es importante que los pacientes con intolerancia a la lactosa lean detenidamente el etiquetado, ya que hay alimentos que pueden contener lactosa, leche, leche en polvo, suero lácteo, nata, etc.

¿Qué productos lácteos tienen menos cantidad de lactosa?

Hay algunos productos lácteos que tienen menos lactosa y que, por lo tanto, pueden ser más tolerables:

Helado y quesos curados o duros.

Mantequilla de leche.

Yogures sin leche en polvo.

Leche de vaca tratada con lactasa.

Leche y derivados deslactosados (extraída la lactosa)

Productos con soja para bebés de menos de 2 años.

Leche de arroz o soja para niños.

El doctor Ángel Ferrer Torres es alergólogo y está en TopDoctors

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