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Cuando el rechazo del niño a volver al colegio esconde un problema grave

Cuando manifiestan enfado, tristeza y rechazo en la vuelta al cole, nadie mejor que los padres para identificar qué le pasa al pequeño

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Madrid.

Tiempo de lectura 4 min.

07 de septiembre de 2018. 11:04h

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Ana Lucas. Psicóloga.  Madrid. 12/9/2018

La vuelta al cole es un trago difícil de digerir para muchos niños, y más para aquellos que van a colegios donde cada curso se mezcla a los alumnos. Las seguridades que pueden tener los pequeños cuando se encuentran con sus amigos del curso pasado se vuelven incertidumbres de no saber qué compañeros les habrá tocado. Ana Lucas, psicóloga nos da las claves.

Esta iniciativa está bastante extendida en colegios grandes y busca fomentar la interrelación entre los pequeños, estimular su capacidad de adaptación a nuevos entornos y conseguir que amplíen sus círculos poniendo en juego nuevas herramientas sociales. Seguramente, se consigue en la mayoría de los casos, pero hay un porcentaje de niños que no tienen bien estructurado su ecosistema social y hay que prestarles atención.

Cuando manifiestan enfado, tristeza y rechazo en la vuelta al cole, nadie mejor que los padres para identificar qué le pasa al pequeño. Si estos síntomas no desaparecen pronto, hay que escuchar al niño o leer entre líneas si es demasiado pequeño. Este cambio de ambiente puede ser explosivo en casos de alumnos con cierto retraso madurativo y hay que acompañarles, comprenderles y estar muy cerca de ellos en ese proceso de adaptación.

Cuando el rechazo es muy fuerte, lo recomendable es ponerse en manos de un psicólogo. A veces, esas conductas son síntomas de situaciones más graves que han pasado inadvertidas, como episodios de acoso. La presencia del psicólogo es fundamental para desactivar la carga negativa en el normal desarrollo del niño. Los psicólogos estamos muy acostumbrados a tratar a adultos que vivieron situaciones parecidas en el pasado, que se ocultaron, que se enquistaron y que han generado estrategias de comportamientos equivocados para disimular ese daño que no se cerró bien en la infancia.

La recomendación más importante para afrontar este rechazo es una actitud de escucha activa hacia el pequeño. Tenemos que dejarle hablar, sin cortapisas, sin interrumpir su discurso aunque se equivoque. Los niños pueden ser libros abiertos o, por el contrario, libros que requieren toda nuestra paciencia para ser leídos. Por ello, hay que escucharles, preguntarles para tener su visión completa de las cosas sin nuestras intervenciones y darles toda la importancia posible para que no solo no se rompa la comunicación, sino para que ésta sea lo más fluida posible. Cuando tengamos toda su información, podemos platear un enfoque terapéutico si es necesario.

Cuando un niño rechaza la vuelta al cole tenemos que discernir si detrás existen males mayores que la mera pereza tras tres meses de vacaciones. Si ante los primeros síntomas de que algo no marcha bien tomamos medidas drásticas, como pedir un cambio de clase, estamos dificultando la obtención de información muy valiosa del niño sobre su problema que podría desencadenar problemas futuros. Los psicólogos comprobamos en muchas ocasiones que medidas contundentes provocan que muchos pequeños problemas se enquisten.

Cuando tengamos la seguridad de que solo se trata del rechazo a un nuevo entorno de amigos, ponemos en marcha otro tipo de ayudas. En muchas ocasiones, los temores desaparecen en los primeros días y la integración se realiza sin más. Cuando no es así, primero ayudaremos al niño sentando las bases de una buena comunicación en la que prime la perspectiva del pequeño y no la visión adulta. Desde esa comunicación cariñosa y fluida, percibiremos el mundo exactamente como lo ve el niño y le ayudaremos desde el máximo respeto a su visión, a corregir interpretaciones erróneas de lo que ocurre en su entorno. Le haremos entender que los cambios pueden ser nuevas oportunidades y nos obligan a poner en marcha herramientas distintas a las habituales.

Los psicólogos estamos acostumbrados a trabajar con padres que, ante este tipo de dificultades de sus hijos, tratan de aplastar los inconvenientes que los pequeños se topan en su camino. Lo hacen con la mejor intención, para que sufran lo menos posible, pero se olvidan de que los obstáculos son necesarios para la evolución de los pequeños, que están obligados constantemente a generar recursos para afrontar situaciones nuevas. Todos los consejos posibles pasan por mantener una buena comunicación emocional con los niños, enseñarles a mostrar sus emociones, y a las necesidades emocionales que esconden esas palabras porque son el epicentro del niño y debemos mimarlo. Cuando esta comunicación se hace con cariño, respeto e interés, el cambio de clase, los nuevos horarios, los nuevos compañeros y profesores y la nueva rutina son mucho más fáciles de digerir.

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