Desechamos más de 100 mil millones de tampones y compresas al año

  • Desechamos más de 100 mil millones de tampones y compresas al año
Madrid.

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17 de abril de 2019. 09:01h

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larazon.es.  Madrid. 18/4/2019

Es un hecho que el cambio climático se está produciendo, y no es de extrañar si tenemos en cuenta las alarmantes cifras de las toneladas de plástico que flotan en nuestros mares y océanos, y de los residuos que se esparcen sin control en el suelo.

En concreto, más de 113 millones de toneladas de plástico terminan en los océanos y mares, y más de 700 especies marinas están afectadas por ello. Según los cálculos de los científicos, a la Tierra le quedan alrededor de 4.000 millones de años de vida, solo si se pone freno a la contaminación. De no ser así, y de acuerdo con las investigaciones, en el año 2050, el peso de los plásticos de mares y océanos superará el peso combinado de todos los peces.

Con motivo del Día Internacional de la Madre Tierra, que se celebra el 22 de abril, INTIMINA, compañía líder en productos dedicados a cuidar los aspectos de la salud íntima femenina, propone una forma más sostenible de respetar el planeta y menciona algunos productos tradicionales para la protección del periodo que son grandes enemigos para el cuidado del planeta.

El plástico de los tampones y compresas, una amenaza para la sostenibilidad

Aunque los productos para la regla han avanzado a lo largo de los años, mejorando la calidad de vida de las mujeres, es cierto que su uso conlleva desventajas, no solo para la salud íntima femenina, sino también para el cuidado del medio ambiente. Y es que hasta 100 mil millones de tampones y de compresas son desechados cada año en todo el mundo, acabando, en el mejor de los casos, en el vertedero. Los materiales con los que están fabricados estos productos afectan gravemente al ecosistema.

En concreto, los tampones están hechos de algodón blanqueado o rayón, pudiendo contener dioxinas (compuestos químicos que se producen a partir de procesos de combustión que implican al cloro), fragancias, fibras y pesticidas. Estos compuestos, poco seguros para la salud, son los responsables de que los tampones tarden en biodegradarse seis meses. Si estos tienen aplicador, el proceso se ralentiza, llegando a tardar en desaparecer del planeta cientos de años. Por su parte, las compresas, hechas en su mayoría en un 90% de plástico, tardan 300 años en desaparecer.

“Además de tomar medidas sostenibles, como ahorrar agua o reemplazar las bolsas de plástico por las de papel, podemos ayudar al cuidado del medio ambiente sustituyendo los tampones y las compresas por opciones más sostenibles como las copas menstruales”, afirman los expertos de Intimina.

La revolución sostenible para el periodo y el entorno

La copa menstrual apareció por primera vez en la década de 1930. Su creadora, Leona Chalmers, fue la mujer encargada de crear y patentar esta alternativa para la higiene íntima, una opción segura y sostenible para el medio ambiente. Las copas menstruales están fabricadas en silicona de grado médico, un material respetuoso con el cuerpo, pero también con el planeta. Al igual que los tampones, se introducen en la vagina y pueden llevarse hasta 12 horas. No absorben, sino que recogen el flujo menstrual y protegen el equilibrio íntimo.

Además, con una copa menstrual se reduce la compra de productos alternativos, pues este método de protección es reutilizable hasta 10 años. Asimismo, con el uso de la copa menstrual se ahorra una media del 75% de lo que se suele gastar en la protección para el periodo.

Este revolucionario método de protección es la alternativa perfecta a los productos convencionales. Con su uso ayudamos al consumo responsable, a reducir la huella ecológica y a cuidar de nuestro planeta”, concluyen los expertos de INTIMINA.

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