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El mejor lugar para el recién nacido es el pecho desnudo de su madre (no el nido)

Ni para desacansar ni porque es la norma, lo mejor para ambos cerebros es estar muy pegaditos

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11 de junio de 2018. 19:57h

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Gema Lendoiro Madrid. 14/6/2018

Cada vez que un bebé llega a la vida nace con él una madre. Sea o no la primera vez, será un encuentro en el que todo será nuevo para ambos, incluso para ella puesto que cada hijo es único y especial. La naturaleza ha dispuesto de manera precisa y para garantizar la supervivencia de ese nuevo bebé, que la madre, a través de un complejo sistema natural se enamore, literalmente, de él. Pero, para ello, para que todo salga a la perfección, lo mejor será que se den las mejores de las condiciones, esto es: estar piel con piel muy pegaditos y desde el minuto uno, a ser posible con poca luz y apenas ruido facilitándole al bebé esa nueva etapa extrauterina que es, sin duda para él, un momento de máximo estrés. Si está protegido con el cuerpo de su madre, su olor, su voz, su presencia, el tránsito será infinitamente menos duro para él y también para la madre que evitará en buena medida una depresión postparto.

Los nidos para los recién nacidos nacieron a la par que los hospitales a mediados del siglo pasado cuando los partos comenzaron a medicalizarse de tal manera que las madres no estaban muchas veces ni siquiera en condiciones de abrir los ojos. Obviamente si las condiciones médicas no son las mejores puede haber una justificación para separarlos pero siempre habrá que intentar, por todos los medios, que se haga el piel con piel.

Muchas veces los sanitarios recomiendan, de manera errónea a la madre que descanse y que se lleven al bebé al nido. Obviamente es decisión de la madre decidir qué quiere hacer pero una madre informada deberá saber que su bebé, sin ella, sufre.

¿Qué dice la ciencia?

Según Nils Bergam, prestigioso neonatólogo sueco y que esta semana está en España en su curso anual en el prestigioso Instituto Europeo de Salud Mental, “La separación madre-neonato (SMN) en mamíferos es un modelo para estudiar los efectos del estrés sobre el desarrollo y la función de los sistemas fisiológicos. Paradójicamente, en los seres humanos, dicha separación sigue siendo una práctica médica estándar en muchos lugares de Occidente, y no ha sido suficientemente evaluada”.

La respuesta fisiológica al estrés está orquestada por el sistema nervioso autónomo; la variabilidad de la frecuencia cardíaca (VFC) es una medida para cuantificar la actividad del sistema nervioso autónomo. La variabilidad de la frecuencia cardíaca está influenciada por el nivel de excitación, que puede ser cuantificado con precisión durante el sueño. El sueño también es esencial para un óptimo desarrollo temprano del cerebro.

Método

Para investigar el impacto de la separación madre-neonato en humanos, medimos la VFC en 16 recién nacidos a término de 2 días de edad durmiendo en contacto piel a piel con sus madres y durmiendo solos, durante 1 hora en cada lugar, antes del alta hospitalaria. El comportamiento del lactante se observó continuamente y se registró manualmente de acuerdo con una escala validada. Se registraron intervalos cardíacos y electrocardiograma continuo utilizando dos dispositivos independientes. La variabilidad de la frecuencia cardíaca (tomada sólo de los estados de sueño para controlar el nivel de excitación) se analizó utilizando un método wavelet.

Resultados

Los resultados muestran un aumento de 176% en la actividad autonómica y una disminución del 86% en la duración del sueño profundo durante el sueño en separación en comparación del sueño en contacto piel a piel.

Conclusión

La separación materno-neonatal se asocia con un aumento intenso en la potencia de la variabilidad de la frecuencia cardíaca, posiblemente indicativo de la excitación autonómica central ansiosa. La separación materno-neonatal también tuvo un impacto profundamente negativo en la duración del sueño. La separación materna puede ser un estresor que el recién nacido humano no está evolutivamente preparado para afrontar y puede puede no ser benigno.

Es decir, el bebé quiere estar pegadito al cuerpo de su mamá y lo expresa con llanto si es separado de ella o con una actividad cerebral más agitada si no está junto a ella. Lo cual sería un motivo suficiente, al menos desde la ciencia, para evitarles ese mal trago.

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