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El pánico a envejecer tiene un nombre: gerascofobia

  • El pánico a envejecer tiene un nombre: gerascofobia
Madrid.

Tiempo de lectura 8 min.

23 de marzo de 2018. 13:21h

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Madrid. 24/3/2018

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A todos nos viene a la mente enseguida personajes de la vida social que cada vez resultan más irreconocibles por sus constantes operaciones para evitar envejecer. Operaciones que terminan por modificar totalmente su rostro. Esta es una de las características de la llamada Gerascofobia o, lo que es lo mismo, pánico a hacerse viejo.Javier Mangué Pérez. Psicólogo Especialista en Psicología Clínica del GrupoLaberinto Psicoterapia para la Salud, aporta las claves.

Es bien sabido que la sociedad en la que vivimos ensalza la juventud y la belleza como algunos de sus valores imperantes. Tanto la juventud como la belleza física son entendidos en nuestra cultura como símbolos de salud y éxito en las esferas personal y social. Gran parte de la publicidad que vemos diariamente en los medios está dirigida a la promoción de productos de belleza o productos anti-envejecimiento (conocidos mayoritariamente como productos –anti-edad-), en algunos casos prometiendo (y en otros, incluso asegurando) la obtención de resultados físicos visibles y espectaculares en poco tiempo. No es menos curioso ni azaroso que sean frecuentemente modelos jóvenes y físicamente aparentes (cumpliendo con el canon de belleza establecido en nuestra cultura) quienes protagonizan los anuncios publicitarios, promocionando artículos inclusive alejados de los sectores de la estética o de la cosmética, como pudiera ser por ejemplo, el sector del automóvil. Por tanto, en algunas ocasiones la belleza y la “eterna juventud” representa el objetivo idealizado que se hace posible (o se promete alcanzar) como resultado del uso de un determinado bien de consumo que se intenta promocionar. En otras ocasiones sin embargo, tanto la belleza como la juventud son más bien tratados como reclamos publicitarios, y son utilizados para incrementar el atractivo de un producto al que se pretende hacer más deseable, asociándolo con el éxito social y personal.

Uno de los psicólogos del desarrollo más influyentes durante los inicios del siglo veinte, el brillante psicólogo ruso Lev Vygotski, explicó que la psicología del individuo (las funciones psicológicas, pero también sus metas, inquietudes, deseos, temores...) es consecuencia del contexto socio-cultural en que el individuo crece y se desarrolla. En este mismo sentido, Urie Bronfenbrenner nos enseñó que el individuo es influido necesariamente por el sistema o contexto del que forma parte. No es de extrañar por tanto, que en el marco de la sociedad actual algunas personas puedan desarrollar un temor realmente intenso a envejecer y a avanzar cronológicamente a lo largo del ciclo vital, así como a confrontar sus retos y los cambios en atributos que se asocian con juventud, salud o éxito social, experimentando un amplio malestar por ello.

¿Qué es la gerascofobia?

El término Gerascofobia (también ocasionalmente llamado Gerontofobia) hace referencia al temor irracional y al malestar intenso que experimentan algunas personas ante la presencia o anticipación de cambios (físicos, pero también a nivel social y funcional) y deterioros en el estado de salud o en la imagen corporal, asociados a la edad y al paso del tiempo. Algunas de estas personas, al tomar conciencia del propio proceso de envejecimiento experimentan una intensa falta de propósito o sentido vital. Por todo ello, estas personas suelen llevar a cabo comportamientos característicos con la intención de lograr evitar, o al menos retrasar, el propio proceso de envejecimiento.

Desde un punto de vista clínico, la gerascofobia no se corresponde de forma estricta con ningún diagnóstico de salud mental específico, ya que no existe esta denominación diagnóstica exacta incluida en ninguna de las clasificaciones internacionales de amplio uso en salud mental. La gerascofobia puede adoptar diferentes presentaciones, sin embargo, compartiría aspectos con las fobias específicas y con otros trastornos de ansiedad, así como con los cuadros obsesivos centrados en los atributos corporales y en la propia auto-imagen (dismorfofobias). No obstante, cuando el temor que la persona presenta es de gran intensidad, genera amplio malestar subjetivo o interfiere de forma significativa en el funcionamiento cotidiano de la persona (a nivel laboral, familiar e interpersonal...) sería recomendable consultar con un especialista en salud mental (siendo estos, psicólogo clínico o psiquiatra) para llevar a cabo una evaluación pormenorizada del caso, realizar el diagnóstico oportuno y determinar un plan de intervención adecuado.

¿Cómo se reconoce?

La gerascofobia, de forma general puede reconocerse a través de varios indicadores frecuentes, aunque no tienen por qué darse todos en todos los casos. Como decíamos, este cuadro suele compartir elementos en común con otros trastornos de ansiedad y con trastornos del espectro obsesivo. Los trastornos del estado de ánimo también pueden estar presentes.

-En los pensamientos (o cognición): pueden aparecer pensamientos diversos. Entre ellos, pueden aparecer pensamientos recurrentes referidos a los cambios físicos indeseados que se han ido produciendo con el paso del tiempo o bien se pueden establecer comparaciones entre el estado actual y las condiciones que teníamos en un pasado al ser más jóvenes, en otras etapas de la vida (a nivel físico, emocional, de perspectiva personal, de energía o capacidad funcional...). Asimismo, pueden aparecer pensamientos improductivos (llamados “rumiaciones”) o imágenes mentales sobre lo que nos habría gustado hacer y no hicimos o remordimientos en relación al propio recorrido biográfico, conduciendo todo ello a una pérdida global de sentido vital. También son frecuentes los pensamientos de anticipación futura referidos a escenarios donde uno se percibe a sí mismo en situación de enfermedad, desvalimiento, pérdida de autonomía funcional, soledad anticipada o fallecimiento. Tal como explico Erikson, algunas personas al hacerse mayores experimentarán una percepción de integridad personal que generará serenidad emocional, por el contrario otras experimentarán sentimiento de desesperanza. No obstante, hemos de tener en cuenta que existe mucha heterogeneidad (diferencias) entre unos individuos y otros y que estas diferencias se incrementan progresivamente según nos vamos haciendo cada vez más longevos, por lo que la desesperación no es una consecuencia inevitable asociada al paso del tiempo, como único escenario posible.

-En las emociones: las emociones experimentadas por estas personas suelen ser emociones negativas más o menos intensas, como ansiedad (incluso pueden aparecer crisis de pánico), tristeza, irritabilidad, miedo, asco, indefensión, frustración, desesperación o rabia. Estas emociones pueden aparecer de forma anticipada, es decir, antes de que se presenten señales claras y cambios morfológicos o funcionales significativos asociados con el propio envejecimiento. Estas emociones se entienden como resultado de las dificultades que experimentan estas personas para aceptar estos cambios y adaptarse adecuadamente a la fase del ciclo vital en que se encuentran. En muchas ocasiones, las emociones presentes pueden expresarse a través de diferentes sensaciones físicas concomitantes (molestias gástricas, cefaleas, nerviosismo, taquicardias, dificultad para respirar...) y el sueño y la alimentación suelen verse también alterados.

-En el comportamiento (conducta): Gran parte de los comportamientos de estas personas suelen estar dirigidos a evitar (o al menos, retrasar) la toma de conciencia o bien el propio proceso de envejecimiento en sí mismo. Los comportamientos tienden a ser reiterados, repetitivos e inflexibles (en muchas ocasiones, compulsivos), cuya intención subyacente es evitar por todos los medios los cambios asociados a la edad. Puede hacerse un uso frecuente de todo tipo de productos de cosmética, dietética o nutrición, así como llevarse a cabo actividad física de forma extenuante, algunas personas se someten a intervenciones de cirugía plástica recurrentemente (a veces, de manera excesiva) para mejorar su apariencia. No son menos frecuentes las conductas de evitación dirigidas a ocultar, a no visualizar los atributos y a no tomar conciencia del aspecto de la propia imagen corporal (ej. no mirarse en un espejo). Por contra, algunas personas suelen estar excesivamente atentas a los cambios experimentados con el paso de tiempo, permaneciendo muchas veces hipervigilantes (con ansiedad) y pendientes de cualquier signo físico que potencialmente pudiera aparecer y que simbolice el paso de la edad. Además, este tipo de conductas características que realizan estos pacientes no suelen servir para resolver a largo plazo el problema del sufrimiento que atraviesan, más bien al contrario, suelen agravar el malestar subjetivo que experimenta la persona. También puede producirse una tendencia al aislamiento (social o familiar), que potencialmente pudiera empeorar el estado de ánimo y la relación con figuras significativas. En otras ocasiones, las personas gerascofóbicas pueden actuar de forma llamativa a ojos de otros, tomando decisiones inesperadas, drásticas e impulsivas en relación al estilo y propósito de vida, como medidas de escape ante una realidad difícil de tolerar y que les hace sufrir.

El pánico a envejecer tiene un nombre: gerascofobia

¿Por qué aparece este temor en estas personas?

Como ocurre en casi la totalidad de los problemas de salud mental, las causas suelen ser diversas y se relacionan entre ellas de forma compleja (multi-causalidad), por lo que resulta incompleto además de inadecuado señalar una única razón para la aparición del trastorno. En términos generales, suele aceptarse que la presencia de componentes biológico-hereditarios (ej. tendencia biológica a reaccionar a las situaciones vitales con emociones intensas) en conjunción con factores psicológicos (ej. haber presenciado un proceso de envejecimiento complicado de un familiar cercano, encontrarse en proceso de duelo o tener una baja estima personal) y sociales (ej. disponer de un reducido núcleo familiar de apoyo, valores del contexto socio-cultural actual) suelen interactuar de forma conjunta para explicar la aparición del trastorno.

Sobre la intervención y tratamiento

La implementación de un tratamiento adecuado requerirá necesariamente una evaluación previa detallada por parte de un profesional adecuadamente formado y especializado en salud mental. Las intervenciones clínicas pueden ser diversas y contemplarán las necesidades individuales de cada caso, si bien, consistirán normalmente en tratamiento psicológico y si se requiere por las características del caso, prescripción psicofarmacológica (requiriendo colaboración multi-disciplinar, por ej. psicólogo clínico en colaboración con psiquiatra).

De forma genérica, podemos decir que el tratamiento psicológico suele hacer uso de variadas técnicas de intervención, algunas de ellas dirigidas a modificar los pensamientos y valoraciones subjetivas (técnicas cognitivas) así como los comportamientos (técnicas conductuales) asociados al mantenimiento del problema. Asimismo, habrán de abordarse aspectos referidos a las emociones implicadas en el sufrimiento de la persona así como la falta de percepción de sentido vital. Durante la terapia se interviene para facilitar la aceptación y para mejorar la adaptación del paciente al momento del ciclo vital en que se encuentre y a su estatus de salud (por ejemplo, si la persona padece una enfermedad médica). Además, según el caso, puede requerirse de otras intervenciones igualmente fundamentales para el éxito de la terapia, tanto a nivel familiar como a nivel experiencial. La intervención farmacológica puede resultar conveniente en algunos casos, en función de la presencia y persistencia de determinados signos y síntomas (ej. como cuando la tristeza y la desmotivación evolucionan conformando un episodio depresivo mayor o cuando los pensamientos se asocian a presencia significativa de insomnio), potenciando la evolución positiva global del cuadro y el trabajo psicoterapéutico.

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